viernes, 7 junio, 2019
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La generación que nació durante la década de 1980 en Venezuela fue marcada por un montón de cosas, el béisbol fue una de ellas. Otra, no menos importante, eran las caras que se veían todos los días en la televisión. Muchas de ellas se convirtieron en referentes para la sociedad de ese entonces (para el periodismo también). Esta semana, el país suramericano perdió a un gran periodista que influenció la vida de mucha gente, José Visconti. 

Para quien escribe este artículo, desde que era un niño los deportes (especialmente el fútbol y el béisbol) eran más que un hobby. Eran algo que significaba el seguimiento diario de la actividad. Y en esos tiempos el internet era una herramienta muy limitada. Entonces, la televisión y los diarios eran la principal fuente de información para estar enterado del equipo que seguía en aquel momento, los Leones del Caracas (divisa de la cual también era Visconti).

Cuando fueron pasando los años, la consciencia fue reconociendo gustos y preferencias. Entonces, Meridiano TV ya era un canal televisivo preferido. Cada mañana, ver el noticiero para conocer los resultados de los juegos de pelota del día anterior (siempre el sueño vencía cuando el encuentro iba por el séptimo episodio y era imposible conocer el nombre del ganador) era obligatorio. Y en casi todas las ediciones, se encontraba alguien ilustre para el imaginario del venezolano, Visconti, quien se convirtió en una referencia para este servidor con frases como “mis deportivísimos amigos”, “a sacarla de jonrón”, “apetito de campeones” o “darle duro al balón”, que terminaron siendo palabras patentadas.

Antes de ir al colegio (estamos hablando de 1998-1999), un desayuno que estaba compuesto por un par de sándwiches (lo más fácil que podía hacer una madre muy atareada con dos hijos de edades consecutivas) y chocolate caliente (el café aún no era una costumbre en las mañanas). Con el transcurso del tiempo, ver a Visconti en el noticiero ya era un ritual.

 

Caminos que se cruzaron

Con 25 años, comencé a estudiar Comunicación Social en la Universidad Católica Santa Rosa (Ucsar), casa de estudios donde el ilustre periodista impartía clases. Pudimos intercambiar alguna que otra palabra en los pasillos, pero realmente conocí al Visconti de carne y hueso en la cátedra de Periodismo I. Ahí noté que el ser humano era mejor que el periodista. Siempre con una sonrisa en el rostro y enamorado de su profesión y, especialmente, de su gran amor, María Teresa País. Sin dejar de lado a sus hijos y nietos.

Más adelante, cursé la electiva de periodismo deportivo por él impartida. Para ese momento, ya tenía un par de años cubriendo fútbol en Venezuela y pedirle consejos era algo obligatorio.

Nunca hubo una respuesta negativa, nunca. Además, con él aprendí realmente a redactar. Y no fue que modificó mi forma de escribir, simplemente me guió hacia aquello que buscaba.

Después de ahí, hubo una relación bonita, con mucho respeto. Encontrarnos en los pasillos era algo muy normal, el abrazo también. Y los consejos nunca escasearon. Preguntando constantemente que estaba haciendo, a que me dedicaba y con el “Dios te bendiga, mijo”. 

Para quienes no saben, fue seminarista en la misma Ucsar (que antes había sido un seminario). No obstante, el amor por “Tere” evitó que se ordenara sacerdote.

Ya cerca del final de la carrera y en pleno proceso de realización del Trabajo Especial de Grado, necesitaba un tutor. Mi escogido fue él. Primero porque el tema era deportivo (una entrevista de personalidad a José Manuel Vieira, gran amigo, periodista, actor de teatro y si continúo la lista será eterna).

Recuerdo el día que le pregunté como si fuera hoy. En el estacionamiento de la universidad, en horas de la noche, cuando ya había acabado la jornada. Su respuesta fue “la jefa es la que sabe” y miraba a María Teresa, quien asintió dándome la bendición esperada.

La tesis fue toda una aventura (unas cuantas revisiones) y al momento de defenderla, me conmovió con sus palabras. ¡Hasta para padrino de mi graduación fue escogido! Incluso, fue jurado en la presentación de mi novia, quien interrumpió la carrera debido al fallecimiento de su madre, y entonces le comentó que se alegraba mucho de verla cuando regresó.

Esos y muchos detalles más muestran la calidez humana de José Visconti, quien además debió ser recibido por Juan Pablo II, a quien admiraba fervientemente.

Venezuela perdió a un periodista de dilatada trayectoria, un excelente hombre de familia, un maestro espectacular y un gran ser humano, de esos que siempre hacen falta. No obstante, dejó un legado enorme, ese que sus hijos (tal como nos llamaba) debemos continuar.

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Fernando Cámara
Caraqueño (1986), residente en Lisboa. Periodista. Gerente deportivo FIFA/Cies. Durante 7 años escribí de fútbol para Pantalla Deportiva, el diario El Nacional de Venezuela, entre otros. Además de hacer radio en diferentes emisoras. Intenté dirigir un equipo de fútbol sala amateur, pero siempre terminábamos en el tercer tiempo.

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