jueves, 24 septiembre, 2020
Banner Top

Hay personas que dejan huella en el mundo por sus ganas de vivir, sin importar mucho el tiempo vivido. José Fernández, “El Niño” de Cuba, es una de ellas. Pasó gran parte de su vida luchando contra la fuerza indomable del mar para alcanzar sus sueños en el mundo del béisbol. Pero fue justo ahí, en el mar, donde se apagaría su vida. El destino y sus ganas de comerse el mundo desde un montículo de béisbol, hacen que su vida sea recordada con cariño.

Durante su infancia en Cuba, José soñaba con jugar al béisbol en la liga local. No tenía idea de cuáles eran los equipos que participaban en las Grandes Ligas de Estados Unidos, la MLB (Major League Baseball), o de quiénes eran los jugadores más famosos. No tenía idea de quién había sido un tal Liván Hernández, pitcher cubano, campeón con los Marlins de Florida en 1997. Mucho menos sabía de la existencia del Salón de la Fama Luis Tiant, también pitcher cubano, muy famoso por su mecánica en la lomita entre la década de los 60′ y 70′.

Como muchos de los niños cubanos, a José solo le importaba tener una pelota de cualquier material; un bate, aunque fuera un palo de escoba y algo que hiciera de guante para atrapar la pelota.

 

José cultivaba su amor por el juego gracias a su abuela, Olga Fernández, quien llevaba a “El Niño” a las prácticas desde los 5 años. “Mi abuela es una freak del béisbol” dijo en una entrevista, en noviembre de 2013.

 

Por lo general, el pequeño José jugaba en campos de arena y grama seca, debido a la inclemente humedad de su natal Santa Clara. Cada día después de las prácticas, “su Abu” le indicaba cómo se tenía que posicionar a la hora de tomar un rodado, cómo tenía que poner el guante para que no se le colara la pelota.

 

Escape de Cuba y llegada a Estados Unidos

 

Alentado por el escape de su padrastro, Ramón Jiménez, en balsa desde la Isla de Cuba hacia los Estados Unidos, José Fernández intentó emular la hazaña. Buscar el anhelado por muchos cubanos “Sueño Americano” se convirtió en su motivación. Intentó escapar hasta tres veces, las dos primeras fue descubierto en aguas internacionales y devuelto a su país. La tercera ocasión estuvo a punto de llegar a pisar suelo norteamericano, pero fue alcanzado por la guarda costera americana y mandado de regreso a Cuba. Fue puesto preso por dos meses por haber sido considerado “adulto”. Tenía 14 años.

También puedes leer:   Alex Morgan, la universitaria que cambió la historia

Finalmente, en el cuarto intento, hubo cambio de planes. Junto a su madre, Maritza Gómez, y su hermana, Jadenis Jiménez, planificaron el escape de Cuba con dirección a Cancún, México. Para alcanzar el éxito, hay que pasar por obstáculos y vaya que José los había tenido en los tres primeros intentos de escape, y esta vez no sería la excepción. En medio de la noche durante el viaje en una pequeña embarcación, sintió que alguien había caído al agua. Sin pensarlo dos veces, José saltó al agua en rescate de algunos de los acompañantes de la tan arriesgada travesía, como contado en una película, la persona a la deriva era su mamá, Maritza.

Ya en México, José Fernández junto a su madre y hermana, viajaron en autobús desde Cancún hacia Veracruz y luego, con todo el riesgo que representaba, hasta Reynosa, pequeño pueblo mexicano en la frontera con Texas, Estados Unidos. Aquí, José y su familia, pudieron valerse de la ley “Pies Secos, Pies Mojados”, que permitía el ingreso de inmigrantes cubanos a suelo estadounidense, siempre y cuando lograran alcanzar tan ansiado suelo.

 

José Fernández con sus 2 amores, su abuela Olga y su mamá Maritza. (Foto AP)

 

Sueño Americano, llegada a MLB

 

Con 15 años y solo nueve días de haber llegado a Tampa, donde vivía su padrastro, conoció al hombre que cambió su vida, Orlando Chimea. Un cubano desertor, ex coach de pitcheo en el equipo nacional de Cuba, quien decidió evaluar a José por pedido de su familia. No tenía un gran físico, pero podía alcanzar 84 millas por hora en su recta, nada impresionante, pero con una gran mecánica de pitcheo, según Chimea. Durante ese verano, coach y aprendiz trabajaron siete días a la semana, de 8am a 1:30pm. Para el siguiente año, José ya alcanzaba las 94 millas por hora en su recta, suficiente para superar las pruebas y entrar a la Braulio Alonso High School.

También puedes leer:   90 de los 90: Sampras vs Agassi, los polos opuestos enfrentados

Tal fue el impacto de su actuación que solo dos años en el high school, donde fue campeón estatal de Florida con su equipo, fueron suficientes para que pasara a ser elegible para el Draft de la MLB en 2011, con solo 17 años. A pesar de que se había comprometido a jugar en el College con la Universidad del Sur de la Florida, fue seleccionado en primera ronda, con la posición 14 en general, por los Marlins de Miami. Miami, una ciudad donde ha vivido la mayor comunidad cubana en el exilio y que vibraba por su nuevo estadio de béisbol: el Marlins Park, ubicado en “La Pequeña Habana”, condado de Miami-Dade. Era el equipo perfecto para hacer notar su nombre entre toda su gente.

José Fernández no pasaría mucho tiempo en Ligas Menores, pues su arrojo en el montículo hizo que solo estuviera allí dos años. En 2013 a pesar de no haber jugado más allá de Clase-A, fue llamado al equipo grande de los Marlins. El dueño del equipo, Jeffery Loria, le dio directamente la noticia, muestra de la alta estima que tenía dentro de la organización.

El debut de José en las Grandes Ligas fue nada más y nada menos en una de las ciudades con más tradición beisbolera, Nueva York. En frente estaban los Mets en su flamante estadio Citi Field. Un 7 de abril de 2013, “El Niño” de Cuba sorprendió a propios y extraños con su debut: en cinco innings, propinó ocho ponches, permitió tres hits y solamente otorgó un boleto. Apuntaba a ser una maravillosa carrera.

 

José Fernández en su temporada de Novato, 2013. (Bleacher Report).

 

Triste partida: corta carrera, largo legado

 

Con una actitud ganadora, José Fernández hizo delirar no solo a los cubanos, sino a toda la comunidad del béisbol. Era frecuente ver repleto el Marlins Park de fanáticos, muchos con la camisa 16 de Fernández. Un ídolo estaba creciendo. Habría que remontarse hasta finales de los 90′, cuando Liván Hernández, pitcher cubano, que recién había desertado, alcanzó la gloria en la Serie Mundial con los Marlins, para ver a los fanáticos tan ilusionados con un jugador. Esta vez, era diferente, José era la luz del equipo tanto dentro como fuera del campo. Firmaba autógrafos a todos los fanáticos, se hacía fotos con ellos, inclusive durante el juego, cosa que estaba prohibido. Así era “El Niño”.

También puedes leer:   El béisbol en tiempos de hambruna

Logró en su primera temporada, durante el 2013, lanzar en el All-Star en julio de ese año, justo en el estadio donde debutó, el Citi Field de Nueva York. Su temporada de rookie no quedaría solo allí, Fernández terminó la temporada en el top 10 de varias estadísticas en la Liga Nacional, incluyendo sexto en ponches (187), segundo en efectividad (2.19), además de marca de 12 ganados y 6 perdidos. Todas estos números le hicieron merecedor del premio al Novato del Año de la Liga Nacional.

A pesar de pasar lesionado gran parte de las temporadas 2014 y 2015, limitando su actuación, José Fernández afrontó un 2016 lleno de ímpetu y ganas de demostrar que su año de novato no había sido una casualidad. Cada cinco días llegaba su turno en la rotación de los Marlins, en Miami era el “José Day”. La gente fanática del béisbol veía con alegría como alguien que había luchado tanto para estar en el más alto nivel estaba teniendo tanto éxito. Además, su forma de ser tenía enamorados a muchas personas en el sur de la Florida. Su última temporada terminó con registro de 16 partidos ganados y 8 perdidos

Pero las ansias de vida que tenía, sumadas a un contexto de estrellato repentino en una edad semejante, hicieron que, en medio de la noche, el 25 de septiembre de 2016 se apagara la vida del prometedor pitcher de los Marlins de Miami. José Fernández tenía solo 23 años cuando iba a toda velocidad con dos amigos en un bote por la bahía de Miami, con una excesiva cantidad de alcohol y drogas en su organismo. Aquel salvaje cóctel causó que estrellara la máquina con sus acompañantes a bordo al no visualizar las rocas de la bahía.

Lamentablemente, la combinación de ser un chico joven y con cierto dinero ganado en tan poco tiempo le jugó una mala pasada, muy definitiva, y nos privó a todos de ver el desarrollo de una de las carreras más brillantes, por forma y fondo, de toda la historia de la MLB.

 

Fuentes: Grantland, Sports Illustrated

Tags: , , , , , , ,
Francisco Mayz
Venezolano en Madrid. Ingeniero. Veo con mirada analítica cualquier partido o evento deportivo. Me gusta hablar con cualquiera que mire el deporte más allá de los resultados, de ahí salen buenas historias para contar.

Related Article

1 Comment

Avatar
eden hazard 06/09/2020 at 19:42

Keyword

Leave a Comment

The BreakerLetter

¡Ya salió la The Lines 13!

Consíguela haciendo clic aquí

Wing, el espíritu del fútbol

Mis Marcadores

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Archivo