domingo, 9 junio, 2019
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La vida para Ramzi transcurre entre la escuela y dar patadas a un balón junto a otros chavales de su edad en la calle, con dos piedras haciendo las veces de portería improvisada. Pero la normalidad para Ramzi acaba aquí.

Él pertenece a esa segunda generación de desplazados que jamás ha pisado la tierra de sus raíces. Sólo conoce sus orígenes por lo que escucha de sus abuelos, a través de las historias y de los ojos que quienes vivieron todo aquello que le cuentan cada noche durante la cena. Es la vida del refugiado palestino en un campo de refugiados en Jordania.

La familia de Ramzi, sus orígenes, están en Qalqilya, donde se dedicaban a la agricultura y al ganado. La Guerra de los Seis Días, en junio del 67′, les obligó a abandonar su ciudad y huir hacia el Este: varios amigos y conocidos ya lo habían hecho antes, y ahora era el turno de la familia de un Ramzi que aún no había llegado al mundo. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, infinidad de refugiados palestinos hicieron el mismo trayecto que los parientes de Ramzi, con destino a alguno de los campos que se crearon con el paso de los años en Jordania; hoy en día son más de dos millones los refugiados palestinos que viven repartidos por la geografía del país más estable de una zona sumida en eterno conflicto.

Instalados en uno de los múltiples campos de la capital jordana, Amman, comenzaron una nueva vida desde cero. Dichos campos empezaron a crearse ya en 1948; pocos en Jordania veían entonces el impacto deportivo que tendría aquella decisión de acoger refugiados huidos de Palestina para el fútbol del país. El fútbol, siempre el fútbol. Y es que el gran equipo jordano es el Al-Faisaly, pero el conjunto que más le discute, que le hace sombra y que le doblega en los últimos tiempos es, precisamente, el equipo del campo de refugiados de Ramzi; Al-Wehdat es el club para los palestinos en Jordania.

La institución se fundó en 1956: apenas un año después de la llegada de los primeros refugiados al campo, si bien no comenzó a ser un equipo importante para el fútbol del país hasta la década de los 80. En un lugar en el que ya hay hasta tres o cuatro generaciones de palestinos, Al-Wehdat SC se conformó como elemento aglutinador de todas ellas; con secciones en otros deportes como baloncesto y tenis de mesa, y un trabajo de cantera interesante, es el club con más seguidores en Jordania.

Ramzi es canterano del club: con doce años intenta seguir los pasos del abuelo Samir, que jugó en el club en los 70. Pero mientras llega ese momento acude, cada día de partido y de la mano del abuelo, al estadio a ver a su equipo en la liga local. Tiene claro quien es su ídolo: Amer Shafi; el portero ya está en su Al Wehdat, pero siete años en su club pesan además de los más de cien partidos con la selección jordana y de ser un referente para la comunidad. Una selección, cabe añadir, en la que casi la mitad de sus componentes tiene ascendencia palestina.

Al-Wehdat es más que un club de fútbol: es el elemento aglutinante del sentimiento palestino en el exilio en Jordania. La práctica totalidad de la plantilla y del cuerpo técnico es de origen palestino, muchos de ellos nacidos en esos campos de refugiados en los que sus padres y sus abuelos tuvieron que instalarse para iniciar una nueva vida al otro lado de la frontera. Por eso no es de extrañar que sea el equipo con más seguidores del país, y que sus encuentros contra Al-Faisaly sean el partido del año en la Liga; es un choque al que Ramzi y su abuelo saben que no pueden fallar: sus jugadores les necesitan, y ellos siempre están allí. Es el derbi por excelencia del fútbol en Jordania, en el que juega el equipo más laureado del país —controlado por la familia Al-Odwan— contra el equipo de un modesto campo de refugiados que, a su vez, ha tenido un papel importante en el ascenso del fútbol del país en los últimos tiempos.

Palestina y Jordania: dos naciones unidas a consecuencia de la guerra en una simbiosis deportiva que beneficia a ambos. Hoy en día son los sirios los que llegan a Jordania, a nuevos campos de refugiados, como antes lo hicieran palestinos e iraquíes; y muchos son ya parte importante de los clubes de la Primera División jordana. Quizá, dentro de unos años, contemos la historia del equipo de refugiados sirios que cuestiona la supremacía del equipo de los sultanes jordanos, o de los ya asimilados palestinos. Quizá, para entonces, Ramzi habrá cumplido su sueño de marcar el gol decisivo en el King Abdullah que sirva para derrotar, una vez más, a sus rivales de Al-Faisaly; o quizá en el mismo escenario celebre, corriendo con los brazos en alto loco de emoción, el gol que sirva para clasificar a Jordania para su primer Mundial.

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Dani
Nací en Valladolid y vivo donde me lleve mi profesión. Entrenador, analista y, a ratos, juntaletras que hace equipo pero no marca goles. Me encanta el fútbol extraño, el alejado de los focos, el de las grandes historias de jugadores y clubes pequeños. Mis desvaríos los encuentras también en http://futboldesdeasia.com

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