lunes, 2 agosto, 2021
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Cuando se habla de la natación y su historia hay tres grandes nombres que surgen por su dominio en diferentes épocas: Johnny Weissmuller, Mark Spitz y Michael Phelps. Reservándonos la historia de nuestro protagonista para las siguientes líneas, el éxito de Phelps rompió todas las barreras culturales y lingüísticas ya que su gesta de ocho medallas de oro en una sola edición de los Juegos es conocida por gran parte del planeta. En el caso de Spitz, recogió el legado de Weissmuller y, a principios de los 70, se convirtió en el primer nadador en conquistar siete oros en un solo Juego Olímpico. Pero todas las leyendas tienen sus antecesores. Y el antecesor común de ambos fue Johnny Weissmuller.

János Weissmuller nació el 2 de junio de 1904 en Szabadfalu, una localidad que actualmente forma parte del territorio de Rumania pero que a principios de siglo integraba el Imperio austro-húngaro, lejos todavía en la línea de tiempo de las tensiones internas y de los conflictos bélicos. Poco le importó el desenlace del conflicto en esa zona a la familia Weissmuller ya que en 1905 emigraron a Estados Unidos cuando János tenía siete meses de vida. Tras 12 días de viaje luego de partir del puerto de Rotterdam, en Nueva York el pequeño János fue rebautizado como Johann por las autoridades, aunque con el correr de los años su círculo íntimo lo “rebautizaría” como Johnny.

La familia se asentó en una estancia en Chicago y pasaba todos los veranos en Michigan, en cuyo lago Johnny dio sus primeras brazadas y pataleadas junto a su hermano Peter. Su afición por la natación se mantuvo verano a verano y a los 12 años se sumó al equipo de la Young Men ‘s Christian Association tras la recomendación de su doctor de que practicara algún deporte para fortalecer su cuerpo y ganar un par de kilos de masa muscular.

Se graduó de la YMCA en 1921 y comenzó a trabajar en el Plaza Hotel de Chicago para ganar dinero mientras se preparaba para competir en los Juegos Olímpicos de 1921 de la mano del legendario Will “The Big” Bachrach. Un año de entrenamiento le bastó para romper el récord mundial de los 100 metros libres que ostentaba su compatriota Duke Kahanamoku y, al mismo tiempo, se convirtió en el primer nadador en bajar el minuto en esa disciplina (58,6). Esa marca fue debatida por el mundo de la natación estadounidense ya que se rumoreaba que en 1911 Kahanamoku había registrado 55,4 en una competencia no oficial de la Amateur Athletic Union (AAU), marca que nunca pasó el rótulo de mito al no haber ninguna constancia oficial que lo confirmara.

Weissmuller seguía demostrando que había que tenerlo en cuenta como uno de los protagonistas en París 1924, aunque antes debía solucionar un inconveniente legal fuera de la pileta. En los registros públicos él y sus padres figuraban como extranjeros, por lo que se veía imposibilitado de representar a Estados Unidos en la cita olímpica. Esto no lo detuvo y, apropiándose de los datos de su hermano Peter, constató que había nacido Windber, un pequeño pueblo de Pensilvania, que le permitió obtener la ciudadanía estadounidense y tener su papeleo en regla para poder viajar a Francia.

 

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Y menos mal que se lo solucionaron: Weissmuller dominó el evento quedándose con la medalla de oro en los 100 metros libres, venciendo a Kahanamoku para despejar las dudas que habían surgido años atrás, 400 metros libres y la posta de 4×200 metros libres junto a Ralph Breyer, Harry Glancy y Dick Howell. Como si eso fuese poco, también obtuvo la medalla de bronce con el equipo de waterpolo para cerrar su debut olímpico con un balance de tres oros y un bronce.

En el período 1924-1928 dominó el circuito estadounidense llegando invicto a los Juegos de Amberes, donde se terminó de erigir como el mejor nadador de la historia, hasta ese momento: repitió el campeonato olímpico en los 100 metros libres y en el relevo de 4×200 libres de la mano de Austin Clapp, George Kojac y Walter Laufer, oro y plata de los 100 metros espalda respectivamente. Al igual que en París, integró el equipo de waterpolo aunque sin tanto éxito dado que perdieron 5-0 en cuartos de final frente a Hungría, que se terminaría llevando la medalla de plata.

Weissmuller daba por finalizadas todas las comparaciones entre él y Kahanamoku de forma definitiva: lo venció en el mano a mano que tuvieron en 1924, le rompió el récord mundial en los 100 metros libres, obtuvo la misma cantidad de medallas (5) pero todas fueron de oro, a diferencia de los tres oros y dos platas del hawaiano, y mostró mayor versatilidad al animarse a competir en los 400 metros libres y ser el primero en bajar la marca de los cinco minutos. Además de esto, el oriundo de Rumania se retiraría un año más tarde sin haber perdido una competencia oficial, acumulando un inigualable palmarés de 52 campeonatos estadounidenses y 67 récords mundiales.

Luego de su retiro trabajó como entrenador de natación en Florida y como actor de publicidades de indumentaria deportiva hasta que en 1932 firmó contrato con la famosa productora Metro Goldwyn Mayer y se convirtió en estrella de cine, principalmente por sus participaciones en Tarzán. Tal fue su éxito que la productora incluyó una cláusula que le prohibía interpretar cualquier otro papel, lo que lo llevó a protagonizar 13 de las 56 películas que la saga tuvo a lo largo de su historia.

 

Metro-Goldwyn-Mayer/Getty Images

 

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En 1950 fue reconocido como el mejor nadador de la primera mitad del Siglo XX y en 1965 fundó el Salón de la Fama de la Natación. Sus últimos años de vida los pasó en Acapulco dado que la ciudad tenía un clima ideal para hacer más llevadero el mal vascular degenerativo que lo atormentaba, en parte por ser consciente de su irreversibilidad. En 1976 y 1978 sufrió dos derrames cerebrales que se sumaron a los problemas psiquiátricos que venía acarreando y que, según trascendió, eran el motivo por el cual se la pasaba gritando como Tarzán en los pasillos de su casa.

Su cuerpo sucumbió sin agonía según sus médicos de confianza el 20 de enero de 1984 ante un edema pulmonar. Un final más que triste e injusto para uno de los máximos exponentes de la historia de la natación y, sin lugar a dudas, miembro de la Santa Trinidad del deporte junto a Mark Spitz y Michael Phelps.

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¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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