lunes, 28 octubre, 2019
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Tan solo con nombrar a Johan Cruyff es inminente que los ojos de cualquier amante del deporte rey se iluminen y recuerden alguna jugada de su autoría, las cátedras que daba a sus dirigidos sobre los aspectos técnicos del juego o sus ideas que, aún hoy, calan profundo en los manuales de organización del fútbol. Todos los personajes que fueron parte de su vida, el contexto que lo rodeó y las circunstancias que tuvo que atravesar, moldearon la figura de una leyenda que grabó a fuego su nombre en cada lugar en el que se estableció.

Tal vez una de las situaciones que contribuyó a la construcción de su leyenda fue la decisión que tomó en 1979 de ser parte de una liga alejada de todo lo que el holandés conocía y que, más adelante, abonó el campo de conocimientos que sirvió para brindarle una perspectiva distinta del deporte que tanto amaba: Johan Cruyff se mudó a Estados Unidos para jugar en la ya extinta North American Soccer League (NASL).

En 1978 disputó su última temporada en Barcelona y decidió retirarse del fútbol luego de catorce años de carrera a los 31 años. A partir de ahí, Cruyff decidió ser empresario y fue estafado con un negocio de ganadería porcina. Perdió mucho dinero y, al año siguiente, dejó su piso en Cataluña. Se mudó a Ámsterdam, su lugar natal, y planeó su próximo paso: “Para poder empezar totalmente de cero, elegí Estados Unidos. Muy lejos del pasado e ideal para construir algo grande a partir de una situación en la que había pasado de cien a cero”, destacó Cruyff en su autobiografía.

Firmó con Los Angeles Aztecs, aquel equipo con camiseta naranja que compitió en la NASL desde 1975 hasta 1981, aquel en donde en 1976 estuvo el mítico George Best y en donde uno de los dueños de la franquicia fuera el cantante Elton John en el lapso de 1975 a 1977.

Su estadía coincidió con la del entrenador que fue parte en los momentos cruciales de si vida: Rinus Michels. Fue decisivo, pero no es por esto que Cruyff decidió ir al equipo de Los Angeles: “Se rumoreaba que estaba en negociaciones con el New York Cosmos (club al que fue Franz Beckenbauer en esa temporada), pero eso no sucedió nunca, porque yo no estaba dispuesto a jugar sobre césped artificial. Es adecuado para béisbol o fútbol americano, porque se juegan con las manos, pero no para jugar un balón”, relata en su libro.

Uno de los aspectos que sorprendió al holandés fue la velocidad con la que cerraron el acuerdo. Según describe en su obra, Johan acordó los términos en menos de 24 horas. Luego, en cinco horas debía tomar un avión desde España para jugar esa tarde y en el mismo día debutó para el equipo de la costa oeste. En ese partido convirtió dos goles ante Rochester.

Su estadía en Los Angeles Aztecs fue inmejorable: rehízo su vida luego de aquellos momentos de desgracia económica, compartió una temporada con un entrenador con el que había trazado un lazo afectivo y, una de las razones por las que se retiró, compartía más tiempo con su familia. En esa temporada llegaron a las semifinales y fue nombrado el MVP de la liga.


Pero aquellos momentos se terminaron cuando un grupo de inversores mexicanos, Televisa, adquirió las acciones del club al final de 1979. Los nuevos dueños decidieron prescindir de los servicios del holandés porque preferían que la figura del equipo sea uno hispanoamericano, por lo que contrataron al brasileño Luis Fernando. Esto, claro está, sin consultarle a Johan, porque su contrato pertenecía a la NASL y no al equipo de la costa oeste. Finalmente sería transferido a los Washington Diplomats.

A pesar del cambio abrupto de equipo, de trasladarse hacia la otra punta del país, de un clima cálido con el que se sentía a gusto, a ser azotado por la nieve de la capital estadounidense, Cruyff se sintió a gusto en su nueva estadía. Las esposas de los Kennedy le buscaron una casa en Georgetown, justo al lado del presidente de Banco Mundial -Robert McNamara- con el que entabló una relación estrecha.

Un aspecto que le reveló otra faceta de los negocios deportivos fue la gestión del director general del Washington Diplomas, Andy Dolich. El equipo de fútbol formaba parte de una empresa que englobaba deportes como el básquetbol, béisbol y fútbol americano. Según relata en su libro, gracias a su experiencia junto a Dolich, “supo saber lo que piensa un jugador, un entrenador, los patrocinadores y los pros y contras cuando estos tres se mezclan”.

Otra característica que lo sorprendió fue la relación que tiene el deporte y la educación. Trazó un paralelismo con Europa y destacó la importancia de que el deportista se maneje dentro de un sistema escolar que genere una dialéctica junto con la educación, por lo que le pareció un error que Europa polarice la elección entre ambas, cuando la convivencia puede ser posible.

A su vez, su paso por Washington fue uno de los disparadores para crear la Fundación Cruyff en 1997. Su impacto como figura icónica derivó en que una la hermana de John F. Kennedy, Eunice, le haya ofrecido el puesto de embajador de los Special Olympics, una organización para deportistas con minusvalías psíquicas. También, por contrato, debía dirigir entrenamientos para niños con discapacidades. Al ver que no conseguía que sus alumnos progresaran a nivel deportivo, le pidió a la organización cesar con aquellas sesiones. Los americanos lo convencieron de seguir al mostrarle que lo importante era la felicidad de los padres y los niños, no su progreso: “Aquella explicación me abrió los ojos. Y de pronto descubrí la alegría que yo les proporcionaba. En vez de frustración, experimentaba una gran satisfacción con lo que hacía”.

Su último año en Estados Unidos fue en 1981, luego de su segunda temporada con el equipo de D.C., marcada por la inconsistencia y las lesiones repetitivas. Su próximo destino fue un tiempo breve a la segunda división de la Liga Española con el Levante y luego volvió al club y país de sus amores, a aquella institución que lo hospedó en su peor momento y lo rodeó de amor, valores y una gran familia: el Ajax.

Su experiencia americana tal vez no generó que el fútbol desarrolle su negocio en la meca del marketing mundial, pero tuvo un gran impacto personal en la vida del holandés desde el punto de vista personal y que tuvo presente para construir su filosofía que, hasta hoy, sigue atravesando las barreras generacionales inspirando a cada sector del mundo futbolístico. El Cruyffismo jamás pasa de moda.

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Lucas Acosta
Porteño nacido en 1996 que está en una constante búsqueda de conocimientos. Plasmo mi pasión por el periodismo en cada nota que escribo. Amante del deporte y la sociología, las cuales busco combinar a menudo. Entusiasta en aprendizaje.

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