lunes, 25 octubre, 2021
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La historia de Jeanette Campbell es interesante incluso antes de su nacimiento. Sus padres estaban de vacaciones en Escocia cuando quedaron atrapados en Europa por la Primera Guerra Mundial, motivo por el cual se refugiaron en Saint Jean de Luz, una pequeña comuna ubicada al sur de Francia alejada de los disparos, las explosiones y las muertes. Allí nació nuestra protagonista, hija de padre escocés y madre argentina y nieta de Mary Gorman, una de las primeras maestras extranjeras que llegaron a Argentina a través del programa educativo de Domingo Faustino Sarmiento a fines de 1869.

La familia volvió al país apenas finalizado el conflicto bélico y se radicaron en Belgrano R, un barrio de la Ciudad de Buenos Aires en donde Campbell tendría sus primeros contactos con el deporte. Practicó hockey en el Belgrano Girls School y natación en Belgrano Athletic Club, donde se enamoraría del agua y seguiría los pasos de su hermana Dorothy, campeona nacional de 100 metros libres. Con 12 años cambió Belgrano por Ferro, ubicado en Caballito, donde mostró todas las condiciones que la llevarían a tener una carrera exitosa: fue una de las juveniles más dominantes que el país había visto hasta ese entonces, y en 1932 dio el salto a la categoría de mayores sin sufrir ningún tipo de percance. Ese mismo año, con tan solo 16 años, se adjudicó su primer Campeonato Argentino batiendo el récord sudamericano mientras su entrenador Roberto Pepper representaba al país en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.

Los siguientes dos años continuó su dominio continental y llegó como la gran favorita al Campeonato Sudamericano de Río de Janeiro en 1935 en el cual, con buenas marcas, podía conseguir un boleto a los Juegos Olímpicos de Berlín del año venidero. Poco le pesó a Campbell la presión, ya que fue tricampeona del evento por los oros que ganó en los 100 metros libres, en los 400 metros libres, ambos con récord sudamericano, y en la posta de 4×100. Al haber conseguido los tiempos necesarios, hizo los trámites para nacionalizarse argentina al retornar del evento con el objetivo de poder representar al país en la cita olímpica y, de esa manera, convertirse en la primera mujer argentina en ser parte de esta competencia.

 

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A diferencia de las facilidades con las que cuentan los deportistas en la actualidad, hace 85 años los viajes no eran sencillos. La delegación de 51 atletas, 50 hombres y Campbell, viajó durante 21 días en el Cap Arcona, un transatlántico alemán que, en condiciones normales, completaba la ruta entre Hamburgo y diversos puertos de Sudamérica, en el cual Jeanette sólo podía entrenar en una pequeña pileta atándose una soga alrededor del estómago. 

Sin entrenador a su lado ni conocimiento de las marcas que habían hecho ella y sus competidoras fue como llegó a la ceremonia de apertura en el Estadio Olímpico de Berlín, donde quedó sorprendida por la forma en que los más de 100 mil espectadores se rendían ante Hitler cuando ingresó al palco oficial. En aquel momento varios medios argentinos desconocían o simpatizaban, en parte, con la postura de Alemania a nivel nacional y su maltrato para con la comunidad judía. Esa era toda la información con la que la nadadora contaba antes de ver los saludos nazis y los gritos de “Heil Hitler” en primera persona, algo a lo que ella misma reconoció no saber cómo reaccionar.

Tras la ceremonia, tuvo una semana para entrenar en mejores condiciones que las que le propició el Cap Arcona de cara a la primera serie eliminatoria. En medio de esos siete días en la Villa Olímpica se hizo presente Hermann Göring, fundador de la Gestapo, para dialogar con los atletas, algo que Campbell admitió haber disfrutado ya que fue inesperado para todos que un ministro se interesara por los deportistas extranjeros.

Una vez inmersa en el agua de la pileta empezó a mostrarle al mundo de lo que era capaz: en su debut en la serie eliminatoria se impuso por sobre la campeona alemana Gisela Arendt igualando el récord olímpico vigente de 1.06:8. Al día siguiente volvió a dominar al ganarle la semifinal a la neerlandesa Willy den Ouden, que llegaba como una de las favoritas por ser la poseedora del récord mundial, con récord olímpico incluido (1.06:6).

En la final la historia estuvo cerca de repetirse: tras una mala largada se recompuso y llegó como líder a los 50 metros, pero en el segundo tramo la neerlandesa Hendrika Mastenbroek protagonizó una remontada épica desde el sexto lugar para terminar quedándose con la medalla de oro por tan solo cinco centésimas. Pese a haber bajado el récord olímpico del día anterior (1.06:4), Campbell tuvo que conformarse con la de plata y Arendt con la de bronce, otra vez superada por la argentina.

 

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Esto fue como una victoria para Jeanette, ya que al día siguiente no paró de sonreír en la ceremonia de medallas, entregadas por el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels. Fue justamente esa expresión la que le valió el título de Miss Olympic, una placa otorgada a la atleta que la prensa considerara más bella que, según la propia Campbell, tuvo mayor valor que la presea de plata.

Si bien se mencionó que el hecho de volver de Berlín con una medalla colgada en el cuello fue considerado un éxito, nuestra protagonista quería tener revancha en Helsinki 1940, edición que fue cancelada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial y que la llevó a abandonar definitivamente el deporte. Ya retirada se casó con su entrenador Roberto Pepper, con quien tuvo un hijo y dos hijas, una de ellas llamada Susana, quien seguiría el legado familiar y competiría en natación en los Olímpicos de Roma 1960.

Al no haber podido terminar su carrera deportiva como a ella le hubiese gustado, 28 años después el destino le tenía preparado a Campbell un broche de oro: fue elegida por el Comité Olímpico Argentino para ser la abanderada en la ceremonia de apertura de los Juegos de Tokio 1964 a modo de homenaje. 30 años más tarde también fue inducida en el Salón de la Fama de la Natación y el Congreso de la Nación Argentina le otorgó el premio Delfo Cabrera en honor a sus logros deportivos.

Falleció el 15 de enero de 2003 dejando una huella imborrable en la historia del deporte argentino. Rompió barreras para las mujeres en una época por demás machista y respaldó su legado con resultados y un dominio nunca antes visto por parte de una nadadora argentina. Corto queda el homenaje de nombrar una calle de la Villa Olímpica de la Juventud en Buenos Aires en su honor, aunque no deja de ser un lindo detalle para que su historia no se pierda entre las nuevas generaciones, aquellas que, en parte, le deben su actualidad a Campbell.

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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