viernes, 20 septiembre, 2019
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El 19 de septiembre de 2015 es una fecha imborrable para la historia del rugby mundial ya que se conmemora una de las mayores sorpresas en una Copa del Mundo. Fue en Inglaterra, más precisamente en el Falmer Stadium, hogar del club de fútbol Brighton and Hove Albion. Los 30 mil espectadores y los millones que siguieron el partido por televisión fueron testigos de una de las mayores proezas del deporte, agigantada por el marco que implica el primer partido de un grupo.

Sudáfrica se estaba quedando con una victoria más sufrida de lo esperado ante un sorprendente Japón que se le plantaba de igual a igual a una selección bicampeona del mundo. El marcador reflejaba que los Springboks ganaban 32 a 29 a los 83 minutos aunque se encontraban en extrema defensa y con un jugador menos por la amonestación de Coenraad Oosthuizen. Y entonces, ocurrió el milagro.

Después de que decidieron no conformarse con el empate e ir a buscar un try que les diera la victoria, los nipones no consiguieron sacar la pelota limpia de un scrum y volvieron, como a lo largo de todo el partido, a atacar frontalmente la muralla verde que tenían delante.

Después de algunas fases en corto, parecían encontrar un hueco sobre la derecha pero la defensa sudafricana reaccionó a tiempo. Sin embargo, la apertura rápida de Tamura y el pase plano de Tatewaka para Mafi fueron suficientes para generar la ventaja numérica necesaria. El tercera línea se sacó de encima a Kriel con un hand off y habilitó a Haskel, que apuntó a la bandera y soportó el tackle de Pietersen para apoyar el try que le daba la inesperada victoria al seleccionado asiático.

Era la apoteosis de 84 minutos jugados a alta intensidad y de una gran planificación por parte del head coach Eddie Jones. Japón daba de esta manera uno de los golpes más significativos del siglo junto a los shockeantes triunfos de Fiji frente a Gales en 2007 (38 a 14) y de Tonga ante Francia en 2011 (19 a 14) en un Mundial.

Y los japoneses no podrían haber pedido un mejor momento para poner al rugby en las portadas de los diarios que en la Copa del Mundo previa a la que serían anfitriones. Lejos había quedado ese 28 de julio de 2009 cuando la junta de la International Rugby Board (IRB) anunció en Dublín que Inglaterra y Japón serían las sedes de los Mundiales de 2015 y 2019 respectivamente, dejando de lado a Sudáfrica, -que ironía del destino- e Italia.

Y si hablamos de timing, la ocasión fue la ideal para promover el debut de los Sunwolves, la nueva franquicia japonesa que ingresaba al Super Rugby al año siguiente como parte del proceso de expansión de la competencia que nuclea a los mejores equipos del hemisferio sur. La plaza asiática ya había sido aprobada por el comité ejecutivo de la SANZAR en 2014, cuando Japón ingresó por primera vez en su historia al top 10 del ranking mundial, aunque debían esperar a 2016. Esto se debía a que el paquete de derechos que habían vendido a los medios comprendía el periodo de 2011/2016, en el cual la competición no podía sufrir ningún tipo de cambio.

La decisión de incluir a una franquicia japonesa tenía sus bases en el dinero que podía aportar un equipo que representara a la tercera economía más fuerte de aquel entonces. Sin embargo, los Sunwolves fueron un equipo que no tuvo el apoyo total de la Unión de Rugby de Japón ni de los fanáticos. El plantel estaba mayoritariamente compuesto por jugadores que habían sido rechazados por Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, mientras que los nativos eran cada vez menos.

En su país comenzaron llenando estadios cuando jugaban de local pero, con el correr de los partidos, el clima festivo se fue diluyendo. El público fue disminuyendo y una de los principales motivos fue que, por contrato, la franquicia debía jugar tres partidos en Singapur, donde se registraron los picos más bajos de asistencia.

Sin embargo, el rugby de la Top League, primera división japonesa, tampoco acaparaba toda la atención. Se podría pensar que con nombres como Dan Carter o Sonny Bill Williams y las contrataciones de Kieran Reed, Brodie Retallick y Will Genia una vez finalizada la Copa del Mundo generarían interés y, en consecuencia, estadios abarrotados. Pero esa suposición está muy lejos de una realidad que refleja que el promedio de asistencia ronda las 2500 personas con el pico más bajo registrado en el partido entre Toyota Loom y NEC Green Rockets con 528 espectadores. La final entre Kobelco Steelers y Kubota Spears, por su parte, fue el partido con la mayor concurrencia histórica con 7890 fanáticos.

Esto se debe a que en la posguerra el rugby estuvo fuertemente relacionado con las empresas y no con el público. Los equipos eran de corporaciones con gran respaldo financiero como Toyota, Kobelco y Honda, por lo que no representan a una ciudad ni tienen un estadio fijo para sus partidos de local.

Comenzó como un incentivo de los jefes hacia los obreros para mejorar el ambiente de trabajo y, en consecuencia, mejorar la productividad. Por eso es común ver a una mega estrella como Dan Carter jugando con japoneses amateurs a los que le pagan 19 dólares al día. Eso impacta en la calidad de los partidos en los que, según el fijiano Nemani Nadolo, “cualquiera con dos piernas puede jugar”.

De más está decir que el proyecto de Sunwolves fue un fiasco desde lo económico y desde lo deportivo. En sus primeros dos años de competencia, la franquicia sólo cosechó dos victorias y finalizó última y anteúltima respectivamente. Su mejor producción la tuvo esta temporada cuando encadenaron tres victorias consecutivas e igualaron en 17 contra Hurricanes.

Ante estos números y las constantes quejas por el cansancio que generan los viajes a Japón o Singapur por parte de los sudafricanos, que cuentan con mayor poder en las decisiones por tener a la transmisora más grande de los cinco países, el Sunwolves fue cortado de la competencia. Esto significa que la temporada 2020 será la última en la que participe, para que el torneo vuelva al formato de 14 franquicias que utilizó entre 2005 y 2010. Los otros nombres que también habían sido víctimas del fallido intento de expansión fueron Western Province, Cheetahs y Southern Kings, los últimos dos relocalizados en Europa.

Como solución al problema, la Unión de Rugby de Japón anunció la creación de una nueva liga profesional que reemplazará a la Top League. Estará compuesta por 12 equipos distribuidos en las sedes que se utilizarán en el Mundial, ocho de los cuales provendrán de la actual primera división del rugby japonés. La intención de los dirigentes es que Sunwolves también forme parte de esta nueva competencia con salarios jugosos para seguir atrayendo a jugadores de renombre y que se disputaría entre septiembre y febrero para no superponerse con el Super Rugby.

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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