sábado, 21 septiembre, 2019
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Para James O´Connor los dos últimos meses fueron una montaña rusa de emociones luego de haber vuelto a vestir la camiseta de los Wallabies tras seis años de ausencias por sus malos hábitos fuera de la cancha. Estuvo presente en los 12 minutos finales de la victoria frente a Los Pumas por 16 a 10 y fue titular en los dos partidos frente a los All Blacks correspondientes a la Bledisloe Cup.

Pero, ¿qué tuvo de especial esta convocatoria? No fue el hecho de que jugara como segundo centro, cuando generalmente se desempeña como apertura o fullback, ni que volviera a pisar el estadio donde debutó con Australia hace nueve años. Tampoco influyó la repentina posibilidad de estar presente en una nueva Copa del Mundo, la segunda para él. No, la importancia radicó en el calvario que fueron estos seis años para el rubio oriundo de Southport y la manera en la que recompuso su vida en tan solo 18 meses para volver a estar donde él quería.

El 2013 aparece marcado como el año en que los Melbourne Rebels y la Unión Australiana de Rugby rescindieron su contrato y se vio obligado a buscar equipo en Europa. Pero las aventuras de O´Connor habían empezado unos años atrás cuando todavía era considerado un talento generacional que iba a liderar a Australia a la conquista de su tercer Mundial.

Cuando uno debuta con su equipo a los 17 años y a los 18 con la selección mientras los medios y los especialistas de rugby dedican artículos y horas de televisión para decir lo bueno que sos, a cualquiera se le haría difícil mantenerse con los pies sobre la tierra. Eso fue lo que le pasó al joven James, quien comenzó a frecuentar los bares de Perth y a descuidar su imagen pública. No solo ocurría con su círculo íntimo, sino que también lo trasladó a su faceta deportiva. Cuando en 2011 Robbie Deans dio la lista mundialista que viajaría a Nueva Zelanda, 30 de los 31 convocados estuvieron presentes para todos los compromisos protocolares. El ausente, como seguro adivinaron, era O´Connor, quien se había quedado dormido después de haberse embriagado en el Golden Sheaf la noche anterior.

Pese a esto, disputó la Copa del Mundo, fue contratado por los Rebels en 2012 y siguió vistiendo la camiseta dorada hasta el famoso 2013. La gota que rebalsó el vaso fue un episodio en el Aeropuerto de Perth, cuando la policía del establecimiento lo tuvo que retirar por su comportamiento agresivo. Estaba borracho y la falta de control que provoca ese estado hizo que desquitara su ira con los presentes luego de haber perdido un test match con los Wallabies.

Allí comenzó lo que él mismo denominó como un exilio en el cual pasó por London Irish y Toulon antes de volver a Australia en 2015 en un intento desesperado por entrar en la lista mundialista. Sus actuaciones con la camiseta de los Reds solo le valieron la convocatoria a unos campamientos de entrenamiento del seleccionado, pero ni siquiera fue incluido en la preselección de 40 jugadores para la Copa del Mundo.

Volvió desilusionado a Francia para vestir nuevamente los colores del Toulon donde se hundió en un pozo aún mayor. La actitud de llevarse todo por delante y que nada le importase y que demostraba en la cancha se trasladó al ámbito personal y llegó a admitir que lo único que lo motivaba en la vida era el rugby. En 2017 declaró que quería dejar el deporte ya que no lo llenaba de la misma forma que antes dado que comenzó a lesionarse por seguir jugando de la misma manera que cuando tenía 20 años. Esto se debía a que no tomaba consciencia de que el cuidado de su cuerpo debía ser mayor con el correr de los años, por lo que seguía yéndose de fiesta entre semana y no llegaba en óptimas condiciones para los partidos de cada fin de semana.

Ese año tocó su punto más bajo cuando lo encontraron junto a un compañero buscando un vendedor de cocaína a las afueras de un club nocturno. Luego de ese episodio se puso en contacto con una persona con quien tenía un amigo en común que trabajaba en una organización llamada Saviour World. Allí se puso el objetivo de integrar el plantel australiano que viajaría al Mundial de 2019 teniendo en cuenta que debía darle un giro radical a su vida.

Se mudó a Inglaterra para jugar para Sale Sharks, dejó el alcohol y las salidas post partido al centro de la ciudad, se puso a dieta, adoptó técnicas de respiración y meditación para mejorar la concentración y empezó a cuidar su cuerpo como debía. Estuvo presente en un retiro de privación sensorial en Islandia e incorporó la construcción de figuras LEGO como pasatiempo para despejar la mente y no pensar demasiado en rugby cuando estaba en su casa.

Todo este trabajo le llevó 18 meses que concluyeron con el llamado de Michael Cheika para que formara parte del plantel que disputaría el Rugby Championship 2019. Como dijimos, no estuvo entre los convocados para el partido con Sudáfrica, jugó 12 minutos frente a Los Pumas y fue titular en los dos encuentros ante los All Blacks. Poco importó que lo hicieran jugar de segundo centro, ya que se adaptó rápidamente y entendió el rol que cumplía en el equipo: ser el segundo lanzador de juego luego de Christian Lealiifano.

Que mejor ejemplo de que la cabeza lo es todo, y más en un deporte como el rugby. Luego de la histórica victoria frente a los All Blacks por 47 a 26, el viejo O’Connor hubiera aceptado la propuesta de Samu Kerevi de ir a tomar algo al centro de Perth. Sin embargo, el James O’Connor 2.0, se conformó con un baño de hielo de 10 minutos para luego irse a su casa a cenar y a dormir temprano con su señora.

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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