jueves, 23 septiembre, 2021
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El Checkpoint Charlie, situado en la Friedrichstrasse de Berlín, entre los barrios de Kreuzberg y Mitte, fue un punto central a lo largo de la Guerra Fría para el intercambio de prisioneros, población, comerciantes o mensajes entre los aliados y la República Democrática Alemana. Había gente que debía decidir si ir más allá de donde se encontraba y cruzar el Puente Glienicke, llegando o abandonando, dependiendo del caso, este afamado punto de encuentro. Y como si del mismísimo James Bond se tratara, Jamal Musiala lleva cerca de un año en su Checkpoint Charlie particular.

Desde que rompiera la puerta del primer equipo del Bayern de una patada y plantara su dorsal 42 en el epicentro del vestuario del Allianz, ha recibido un asedio constante por parte de aficionados, periodistas, compañeros y, posiblemente, su propia conciencia, al respecto de qué país escogería como representante en la selección absoluta. Inglaterra, el país en el que se curtió y creció, o Alemania, en donde aterrizó en la tierra un 26 de febrero de hace ya 18 años, 2003. Y esta misma semana, tomando la decisión que un servidor casi debió tomar hace cuatro años, ha decidido apostar por seguir el consejo y la petición de Joachim Löw, y representar a Die Mannschaft a lo largo de toda su carrera. Una noticia que tenía en vilo a todo el país germano, y que ha sido acogida con la ilusión propia de aquellos que se saben vencedores, de los que vuelven a tener confianza en los suyos, todavía capaces de convencer a potenciales jugadores generacionales de que jueguen y luchen por sus colores.

Pues Jamal Musiala, hoy ya un adulto mayor de edad, llegará en el fútbol hasta donde él quiera, y hasta donde el Bayern, y sus compañeros, le dejen.

 

De Stuttgart a Londres y vuelta al puente aéreo

Como decía, hoy cumple 18 años. Mientras otros adolescentes se preparan para la llegada de su 18° cumpleaños, de la por tanto tiempo ansiada mayoría de edad, ultimando los detalles más importantes de su fiesta conmemorativa, ataviados de mascarillas por culpa del coronavirus estos últimos meses, Jamal Musiala no se ha preocupado por ello, sino por viajar a Italia y tirar por los suelos las ilusiones del conjunto comandado por Pepe Reina desde la portería. Con 17 años, y 362 días, se ha convertido en el jugador más joven de la historia del Bayern en marcar en Champions. La culminación perfecta para esos -casi- 18 años de vivencias previas.

 

 

Nacido en Stuttgart pero criado en Fulda por los estudios de su madre Carolin, lleva relacionado al fútbol prácticamente desde que aprendió a andar. Con 5 años ya se había unido al TSV Lehnerz, que era el equipo más importante de la ciudad en ese momento. Mostrando ya desde un principio un talento excepcional, y una mentalidad ganadora adecuada a una visión de juego sin precedentes, era normal que le subieran con categorías superiores en edad pues las de la suya propia se le quedaban pequeñas. Tras dos años en el club de Fulda, en 2010 deben volver a moverse, en este caso a Inglaterra.

Hace las pruebas con las categorías inferiores del Southampton, con su Academia, y allí le aceptan. Marca mucho gol a pesar de no tener un físico prominente, y llama la atención de los ojeadores del Chelsea, que le ofrecen entrar en su sistema formativo, mucho más “exitoso” y “llamativo” que el de los Saints. El tamaño de las instituciones no tiene comparación posible. Y él acepta. Así es como en 2011 entra en las filas de los Blues, con 8 años, dejando su imprenta desde el principio. En su debut con su nuevo equipo anota la nada desdeñable cifra de cuatro goles. Nada mal. Poco tiempo más tarde, empezaría a romper récords de precocidad, su esencia más pura.

A los 13 años la selección inglesa U15 le convoca. A los 15 años, 2 meses y 13 días debuta con el Chelsea U18 en la U18 Premier League, una competición más seria o exigente que las inferiores. Y en sus dos primeros partidos con la U17 de Inglaterra marca gol en ambos.

Todo iba bien, estaba “a gusto”, pero salta la noticia del Brexit, y él y su familia deciden que lo mejor es irse de la isla. Buen momento para apuntar que la FA quiere utilizar el Brexit para formar talento joven, pero no creo que contaran con la posibilidad de que el talento joven no quisiera sufrir el Brexit. Así que, de todas las opciones que tiene ante sí, en 2019 decide quedarse con volver a “casa”, volver a Alemania.

Empezaría en el Bayern U17, con Miroslav Klose como entrenador, y promediaría un gol producido, ya sea a través de gol suyo o asistencia, cada 105 minutos, subiendo rápidamente a jugar con el Bayern U19 y posteriormente apareciendo, con la vuelta a las competiciones tras el parón de marzo y abril en el Bayern II, marcando un doblete en su tercer partido, saliendo campeón de la 3. Bundesliga al finalizar la temporada. Y al igual que hizo en el Chelsea, más registros rotos por él. 

Se convirtió en el segundo jugador más joven en toda la tercera división en marcar gol, y cuando debutó ante el SC Freiburg en Bundesliga, el 20 de junio de 2020, fue el jugador más joven en la historia del Bayern en jugar en la Bundesliga, con 17 años y 115 días de edad. 2 meses y poco más de una semana después le quitaría el récord a Roque Santa Cruz como jugador más joven en anotar gol para los bávaros en la primera categoría, al marcarle al Schalke en la vergonzante derrota por 8 a 0 de la primera jornada de la 20/21. Cuando comenzaría una temporada de ensueño, no se puede calificar de otra forma.

En sus primeros 214 minutos para el Bayern en liga anotaría tres goles -un gol cada 70 minutos no está nada mal-, debutaría como titular en Champions League ante el Atlético de Madrid entre tanto, y avanzando hasta los últimos acontecimientos, volvería a convertirse en el jugador más joven del Bayern en marcar gol en un evento concreto, refiriéndonos en esta ocasión a la fase final de la Champions League.

Allá a donde ha ido Jamal Musiala, ha dejado un poso, un efecto. Ha dejado su huella. Es imposible abrir los libros de historia del Bayern sin encontrarse uno su nombre “garabateado” por todas partes, casi a modo de rebeldía. Porque aunque acaba de llegar al profesionalismo futbolístico, parece que lleve ya toda una vida entre nosotros. Y en realidad, toda una vida es lo que le queda por delante. La magia de Musiala no acaba más que de empezar.

 

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Desde el balcón del área se vive mejor

El futuro centro del campo de la selección alemana, que debería estar formado por Joshua Kimmich, Florian Neuhaus y Jamal Musiala, tiene dos cosas en común. La primera es que no tienen una posición predeterminada o establecida, sino un rango de movimiento y actuación que en muchas ocasiones suponen la totalidad de las dimensiones del césped en el que jueguen. Y la segunda es que si algo les gusta, es armar la pierna desde fuera del área. Bürki ya sabe lo que es sufrir el golpeo de balón de Kimmich, entre otros, y Neuhaus y Musiala ya han dejado de lo mucho y lo bien que aparecen en ese lugar. Así es como se podría definir el fútbol de Jamal Musiala.

Es un jugador todopoderoso. Es cierto que su físico aún no está completamente desarrollado -no olvidemos que acaba de cumplir los 18 años, literalmente- pero aparece por donde él quiere, y haciendo lo que Hansi Flick le pide. Lo que mejor le queda es la simbología del número 10 sobre su espalda, en lo que puede recordar en diversos aspectos a Lothar Matthäus. Una buena comparación, halagadora para el joven alemán, pues el ex-Gladbach y ex-Bayern entre otros no deja de ser un Balón de Oro y escogido por France Football para el Mejor XI de la Historia. Además, también puede partir en punta, aunque se entiende que esto sucedía así en divisiones más inferiores porque no había la diferencia física que hay en la categoría reina del fútbol alemán.

Tiene un gran disparo desde fuera del área, y además sabe posicionarse y leer muy bien las respuestas de la defensa a sus movimientos, y a los de los compañeros que le rodean. Protege bien el balón, siendo el 5º jugador del Bayern este curso en regates completados por partido en Bundesliga, y el 10ª que más veces le quitan el balón por encuentro, un buen ratio entre ambos datos.

Además, tal y como ya han destacado varios entrenadores a lo largo de su carrera, tiene una enorme frialdad para definir y para actuar en momentos clave, y la cabeza no se le perturba ante nada. No se achica, por así decirlo, ante los grandes acontecimientos.

Debe mejorar en su capacidad pasadora, pues aun promediando apenas 14 pases por encuentro no llega a alcanzar el 85% de acierto en estas acciones, y todavía no ha dejado asistencia alguna este curso entre Champions y Bundesliga. Eso sí, en competición europea, como consecuencia de haber jugado menos, ha conseguido superar el 90% en su acierto en el pase, aunque no debe preocuparse en demasía por la perfección más absoluta en el pase, sino por la gravedad de los mismos.

Este es el camino a seguir si quiere ser el futuro sucesor de Thomas Müller en esa posición de 10 del Bayern -aunque ninguno de ellos lleve ese número de normal-, pues es preferible fallar 9 pases de 10 y que el restante acabe en gol a participar en 10 acciones que no lleven en ningún lado. Aunque esto, de todas formas, no debe ser una preocupación. Al fin y al cabo, Jamal Musiala nunca hará nada “que no lleve a ninguna parte”. Todo lo que hace, tiene un porqué. El mundo lo irá descubriendo poco a poco.

 

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En el 2004 el baloncesto me abrió las puertas de la imaginación, y Manu Ginóbili fue quien se encargó de que nunca más se volvieran a cerrar. La velocidad con la que mis dedos teclean historias nunca ha menguado, y la pasión de revivir relatos de sudor y sacrificio es la motivación mas grande que mueve mi redacción. Soy alemán, español y gallego, sin orden, y desde 2012 vivo ligado al traqueteo de las teclas de mi ordenador.

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