martes, 30 noviembre, 2021
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Jamaica es la tierra del atletismo por excelencia, el Olimpo de los velocistas y, por sobre todas las cosas, una fábrica constante de campeones mundiales y olímpicos que llegan a la gloria representando a la bandera de su nación o a la de otro país que los haya adoptado -como el caso de Linford Christie- entre tantos. Además de sus cualidades atléticas, esa isla es un paraíso tropical, por lo que nada de lo que se dijo hasta el momento deja entrever alguna relación entre el país y los deportes de invierno. Pero, como la historia nos ha demostrado, siempre hay un pionero con la capacidad de ver más allá de lo que la mayoría puede.

En el caso de Jamaica, esos visionaros fueron George Fitch y William Maloney. Pese a que su estadía en Kingston, capital del territorio, como encargado comercial de la embajada de Estados Unidos fue relativamente corta entre 1985 y 1986, Fitch sembró una idea que, contra todo pronóstico, iba a culminar con la primera participación jamaiquina en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno. Pero, como las ideas por sí solas no llegan a ningún lado, necesitó una mano derecha que lo ayudara a concretarla. Allí fue donde apareció Maloney, un empresario estadounidense que estuvo convencido del potencial que tenía el proyecto desde la primera vez que lo escuchó y que, en consecuencia, apoyó la presentación del mismo al presidente del Comité Olímpico de Jamaica, Michael Fennel.

La propuesta consistía en captar voluntarios para formar el primer equipo, explicando que era un buen complemento para el entrenamiento de atletas de 100, 200 y 400 metros. Sin embargo, la campaña de atracción fue un fracaso total, por lo que Fennel se vio obligado a recurrir al coronel Ken Barnes de la Fuerza de Defensa de Jamaica para conseguir voluntarios del regimiento de infantería, de donde provinieron Dudley Stokes, Devon Harris y Michael White, los primeros integrantes del programa de bobsleigh en el país. El equipo entrenó durante todo un año con esos tres hombres hasta que a fines de 1987 consiguieron en Casewell Allen la pieza necesaria para también competir en la modalidad de trineo de 4.

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El equipo estaba listo, el apoyo económico fue proveído a medias entre el Ministerio de Turismo de Jamaica y el financiamiento privado de Fitch, Sepp Haidacher ya se había establecido como jefe de misión del equipo y durante el año y medio de programa se habían logrado grandes avances bajo la dirección del entrenador Howard Siler. De hecho, el estadounidense fue la primera opción en la lista de Fennel, ya que contaba con experiencia como competidor, siendo medallista de bronce en la Copa del Mundo de 1969 y 5° en Lake Placid 1980, así como entrenador y presidente de la Comisión de Competencias de la Federación de Bobsleigh de Estados Unidos.

Pero, al igual que en la génesis del proyecto, nada iba a ser fácil para este equipo. Con el incremento de popularidad que tuvo Jamaica en sus primeras competencias internacionales desde un lado cómico por la excentricidad de los atletas y por su falta de experiencia dentro del deporte, en 1987 la Federación Internacional de Bobsleigh (FIBT) impuso una nueva modalidad de clasificación a los Juegos Olímpicos, que establecía que todo equipo que quisiera estar en un Juego Olímpico debería conseguir al menos 10 puntos en las Copas del Mundo de la temporada previa al evento olímpico (1987-1988 en este caso) en tres pistas distintas ubicadas en dos países diferentes. Instantáneamente la regla pasó a ser conocida entre el público como “la Regla Jamaica” porque no quedaban dudas de que había sido creada pura y exclusivamente para evitar un papelón por parte de los centroamericanos ante los ojos del mundo. Poco afectó esto al conjunto ya que, tras unos meses de preparación en la pista de Igls, Austria, consiguieron los requisitos mínimos impuestos por la FIBT y consiguieron la clasificación para Calgary 1988 en la modalidad de dos y de cuatro personas. Esto les permitió atraer el interés de algunas marcas que se sumaron como sponsors en la recta final de su preparación olímpica.

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Ya ubicados en Canadá, los cuatro atletas iban a convertirse en los protagonistas de los Juegos. Atrajeron la atención de todo el mundo, no podían caminar dos cuadras sin recibir pedidos de fotos o autógrafos y el encargado del merchandising, PC Harris, no daba abasto en el stand de Jamaica ante tanta demanda. Las remeras negras que vendían con un estampado animado del equipo y la frase “Cool runnings” fue la más vendida durante las dos semanas y, al mismo tiempo, Sepp Haidacher administraba todas las solicitudes de entrevistas por parte de los medios televisivos. Tal fue la exposición que en la Villa Olímpica de esos Juegos se gestó la compra de los derechos del equipo por 60 mil dólares para realizar la reconocida película Cool Runnings sobre el proceso que embarcó este pequeño equipo para llegar a Calgary.

Jamaica’s bobsled team member Frederick Powell speaks to newsmen during a press conference as his teammates Michael White (C) and Allen Caswell listen 12 February 1988 at the press center in Calgary, on the eve of the opening of the Winter Olympic Games. The Jamaicans started practicing their sport only four months ago. AFP PHOTO/TOSHIO SAKAI (Photo credit should read TOSHIO SAKAI/AFP/Getty Images)

A nivel competitivo el ambiente iba a ser totalmente opuesto. En las pruebas previas al evento de dos Casewell Allen se lesionó luego de una caída y no iba a poder formar parte de ninguna de las dos tripulaciones. Él último recurso del equipo fue llamar a Chris Stokes, hermano de Dudley Stokes, que estaba en el campus de la Universidad de Idaho siguiendo la aventura olímpica de su hermano. Mientras Dudley y Michael White competían en la prueba de dos, Chris estaba subiéndose a un avión para integrarse al equipo y vivir un frenesí de tres días de intenso entrenamiento para suplir la baja de Allen. Por su parte, Dudley y White hicieron un papel bastante aceptable para ser los primeros representantes olímpicos de Jamaica, ubicándose en los puestos 34, 22, 31 y 30 a lo largo de los cuatro heats, para finalizar la competencia en la 30° posición, por delante de 11 equipos.

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El verdadero problema llegó en la modalidad de 4 donde, para sorpresa de muchos, Chris Stokes no desentonó, pero la mala suerte y los errores condicionaron la performance general de los jamaiquinos. En el primer heat se rompió la barra de empuje, perjudicando el inicio del recorrido, en la segunda no consiguieron estar correctamente sentados hasta la entrada de la primera curva y en la tercera ocurrió lo esperado: tras un buen arranque, perdieron el control y chocaron en la curva 9, la misma que les había dado problemas en todas las sesiones de entrenamiento previas, por lo que decidieron no presentarse a la última manga. Esto hizo que en las planillas el equipo figurara en la última posición al finalizar la prueba aunque, en caso de haberla completado, pocos puestos hubiesen podido avanzar, ya que habían finalizado antepenúltimos, penúltimos y últimos en sus tres intentos anteriores.

Era un amargo, y para algunos previsible, final para un equipo que había dado el 110% de sí mismo para poder representar a su país en el evento deportivo más grande en el que cualquier deportista puede aspirar a estar. Sin embargo, esto no los iba a desmotivar ni iba a significar el punto final de su aventura en el bobsleigh ya que todavía tenían mucho recorrido por delante. Al igual que David Weller, el único medallista jamaiquino que no provino del atletismo y que fue figura de inspiración para ellos, el sentimiento de que lo imposible podía ser logrado pudo más que el pesimismo de los que solo se dignaban a mirar y criticar desde afuera.

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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