martes, 30 noviembre, 2021
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Hablar de Liechtenstein es, por defecto, hablar de uno de los países más pequeños del planeta. Con tan solo 160 km² de superficie, a finales de los años 50 su población oscilaba los 15 mil habitantes y una de ellas era una pequeña chica alemana llamada Hanni Wenzel, que desde antes de cumplir el año ya estaba radicada en este territorio comprendido entre Austria y Suiza por el traslado laboral de su padre, Hubert Wenzel.

Fue justamente Hubert quien la inició en el mundo de los deportes de invierno y mal no le fue a su hija, ya que mostró dotes para el esquí alpino, particularmente para las pruebas de Slalom. Se desenvolvía de tal manera que cosechó sus primeros éxitos a nivel internacional con tan solo 15 años, cuando el 1 de marzo de 1972 obtuvo sus primeros puntos en Heavenly Valley y cuando en diciembre de ese mismo año estuvo por primera vez en un podio en Saalbach.

Con menos de dos años de experiencia en el circuito internacional de la Federación Internacional de Ski (FIS), en 1974 obtuvo su primer Globo de Cristal, otorgado a los campeones de la temporada en cada modalidad y en la clasificación general de la Copa del Mundo, en Slalom Gigante, convirtiéndose en la campeona más joven de la historia con 17 años, 1 mes y 15 días, relegando a la escocesa Esmé Mackinnon. Y, como si fuese poco, su logro benefició a toda su familia, ya que tras su coronación el gobierno de Liechtenstein le otorgó la ciudadanía a ella y a todos los Wenzel. Esa decisión de la administración del entonces presidente Gerard Batliner iba a resultar crucial en la historia del deporte del país, dado que de los pies de esta familia iban a llegar 7 de las 10 medallas olímpicas que registran hasta el momento.

La primera de ellas, y la primera del país, tuvo a Hanni como protagonista en Innsbruck 1976, Juegos a los que había enviado una delegación compuesta por seis hombres y tres mujeres y que marcaría un antes y un después en la historia olímpica de Liechtenstein. A sus 19 años, nuestra protagonista ganaba el bronce en la prueba de Slalom y, acompañada por el bronce de Willi Frommelt en el Slalom masculino, convertían a Liechtenstein en el país más pequeño en adjudicarse una medalla en cualquier modalidad de los Juegos Olímpicos por sobre, en ese entonces, Bahamas y, actualmente, por sobre Granada.

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A nivel mundial su logro fue eclipsado por el dominio casi absoluto de Rosi Mittermaier (dos oros y una plata en los tres eventos de esquí alpino), pero en su país fue recibida como una heroína. No era para menos: había hecho historia para una nación de menos de 25 mil habitantes, muchos de los cuales creían que no iban a ver algo semejante en muchos años. Y no podían estar más equivocados.

En su camino rumbo a Lake Placid 1980, ganó la Copa del Mundo de 1978 en la tabla general y en Slalom, fue subcampeona de la Copa del Mundo de 1979 en las mismas modalidades y acumuló 18 victorias entre 1977 y enero de 1980, por lo que llegaba con grandes posibilidades de aumentar su cosecha personal de medallas. Sin embargo, nadie esperaba que fuese una fuerza dominante: se quedó con el doblete en Slalom y Slalom Gigante (única mujer en lograrlo junto a la estadounidense Andrea Mead Lawrence) y estuvo cerca de llevarse todas las pruebas con su medalla de plata en el descenso. Unos Juegos que rozaron la perfección para Hanni y una edición que jamás será olvidada en la familia Wenzel por la presea de plata que consiguió su hermano Andreas, para que el clan familiar regresara del otro lado del Atlántico con cuatro galardones.

Y, para coronar un año de ensueño, culminó la temporada de invierno con el título mundial general, el Globo de Cristal en las modalidades de Slalom Gigante y de Combinada, algo atípico en ella al ser la prueba que más complicaciones le trajo en su carrera, el subcampeonato en Slalom y el bronce en descenso, que la terminaría de consolidar como una esquiadora completa y no solo especialista en las pruebas técnicas.

El recorrido rumbo a Sarajevo 1984 no fue el mejor para la defensora del título ya que tuvo una serie de altibajos producidos por lesiones que la llevaron a quedarse con pocas victorias entre 1980 y mediados de 1983. Pero, como la mayoría de los campeones, mientras más cerca estaba la cita olímpica, mejores eran sus resultados, al punto que llegó a hilvanar cuatro triunfos en el mes previo a los Juegos y se mostraba como una sólida candidata. Lamentablemente para ella nada de esto ocurrió, ya que la FIS le prohibió defender su corona por haber recibido dinero directamente de un contrato de patrocinio sin declararlo a la federación de Liechtenstein, tal como le pasó al esquiador sueco Ingermar Stenmark.

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Fue el final prematuro de la carrera de Hanni que, de igual manera, finalizó segunda su participación en la Copa del Mundo 1983/1984 con un bronce en la modalidad de descenso. Un broche anecdótico para su legado de cuatro medallas olímpicas, cuatro títulos mundiales, dos Copas del Mundo y 33 victorias. Desde entonces está casada con el ex esquiador austríaco Harti Wierather, con quien dirige una agencia de marketing deportivo y con quien crió a su hija Tina Wierather, que siguió los pasos de su madre obteniendo una medalla de bronce en Súper G en Pyeongchang 2018.

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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