domingo, 1 agosto, 2021
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Si uno piensa en todo lo que puede relacionar a la Antigua Grecia con Sudán del Sur seguramente no habría muchas cosas que se le vengan a la cabeza inmediatamente. Eras dispares, realidades completamente distintas, miles de kilómetros de distancia entre ambos lugares y miles de diferencias que desvían al lector del punto al que se quiere llegar. El principal vínculo entre ambas civilizaciones es la guerra: Grecia con sus polis enfrentándose a los invasores foráneos y Sudán del Sur haciendo lo propio milenios después con los colonos ingleses y belgas y, posteriormente, con los constantes intentos de Sudán por anexarla a su territorio y formar una única república bajo los mandatos islámicos. Pero también hay un legado que comparten entre ambos: un corredor cuya gesta quedó marcada en la historia de su tierra.

Para quienes no lo sepan, la disciplina que comprende una distancia de 42,195 kilómetros fue denominada Maratón por la proeza del soldado griego Filípides, quien falleció de fatiga luego de correr 40 kilómetros desde Maratón a Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa. A partir de ese hito, se comenzó a realizar una carrera por año para conmemorar su hazaña y, siglos más tarde, se tomó ese formato para adaptarlo a la celebración de los Juegos Olímpicos.

En Sudán del Sur la historia no tuvo un final trágico, aunque eso no quita el costado inhumano de lo que están a punto de leer. Guor Mading Maker, conocido como Guor Marial, nació el 15 de abril de 1984 en Pariang, una pequeña localidad ubicada al norte de Sudán del Sur, casi lindante con la frontera con Sudán y uno de los focos de la Guerra Civil que atravesaban ambos países por el mencionado intento de crear un único estado islámico por parte del presidente sudanés Yaafar al-Numeiry. El conflicto había resurgido en 1982, luego de los diez años de paz que trajo consigo el protocolo para el establecimiento de un gobierno autónomo en Sudán del Sur, con mucha más sangre derramada de ambos lados.

En ese contexto llegó al mundo nuestro protagonista que, desde que tiene consciencia de lo que ocurre a su alrededor, temió por su vida. Luego de que sus ocho hermanos fuesen asesinados y toda su aldea incendiada, sus padres no dudaron y lo enviaron a la casa de su tío en una zona de Sudán menos afectada por el conflicto bélico, con quien planeó su escape del país. La hoja de ruta era clara: buscaban la forma de burlar la frontera entre Sudán y Egipto para llegar a Estados Unidos. Sin embargo, no iba a ser nada fácil. En su primer intento de escape estuvo escondido tres días en un bosque hasta que la milicia messiria lo secuestró y el general a cargo del escuadrón se lo apropiara como su esclavo personal. Entre castigos físicos, que llegaron al extremo de producirle una fractura de mandíbula, y noticias de más familiares muertos (28 en total), llegó el segundo momento de la vida de Marial en el que tuvo que correr por su vida, esta vez con éxito.

Arribó a Estados Unidos con 16 años y se asentó en New Hampshire para iniciar su nueva vida alejada de los disparos y el constante derramamiento de sangre. Por sus condiciones atléticas fue invitado en varias ocasiones por los entrenadores de atletismo del instituto al que asistía para sumarse al equipo y competir para ellos, pero Marial estaba negado con cualquier actividad que implicara correr, ya que ese había sido un medio de supervivencia en su niñez. Con el correr de los meses cedió en su postura y se sumó al equipo para conocer gente y formar un grupo de chicos de su edad en un país totalmente nuevo. No tardó en destacar y para su año senior (último en la escuela) ya tenía garantizada una beca deportiva en la Universidad Estatal de Iowa para ser parte del equipo de track & field de los Cyclones, donde continuaría demostrando sus condiciones consiguiendo ser All American en uno de sus cuatro años.

 

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Marial obtuvo una Licenciatura en Química mientras a más de 10 mil kilómetros su país parecía encaminar su rumbo con la firma de un acuerdo de paz a principios de 2005 para restablecer el gobierno autónomo de Sudán del Sur del periodo 1972-1982 por un ciclo de seis años, luego del cual se realizaría un referéndum para determinar el futuro del gobierno. El mismo determinó casi por unanimidad la independencia de Sudán, cuyo Presidente aceptó y oficializó el 9 de julio de 2011 dando origen, oficialmente, a la República de Sudán del Sur.

Esto afectaba los planes de Marial si quería ser parte de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, dado que su país tenía menos de un año para crear un Comité Olímpico Nacional que sea reconocido por el Comité Olímpico Internacional para poder representar a su país. Ya había cumplido con su parte con la obtención de la marca A en octubre de 2011, así que se encontraba a merced de la rapidez burocrática de una nación en ciernes. Al ver que esto no ocurría, intentó obtener la nacionalidad estadounidense pero el chequeo de antecedentes complicó sus posibilidades, debido a que para los encargados del proceso de admisión su estatus de refugiado condicionaba su elegibilidad, pese a contar con una green card, que ratificaba su condición de residente permanente.

Ante esta situación apareció en escena el Comité Olímpico Nacional de Sudán, ofreciéndole la alternativa de competir bajo su bandera, a lo que se opuso rotundamente. “Estaría deshonrando a las dos millones de personas que murieron por nuestra independencia”, explicó en una conferencia de prensa días antes de la maratón de Londres. Cuando todas las opciones potables parecían desvanecerse intervino el Comité Olímpico Internacional anunciando el 20 de julio, a menos de un mes de la prueba, la conformación de un equipo de Participantes Olímpicos Independientes compuesto por cuatro atletas, Marial y tres representantes de las antiguas Antillas Holandesas. Por la proximidad de la noticia con el evento, la documentación de viaje e inscripción no llegó a tiempo y, en consecuencia, no pudo estar presente en la ceremonia de apertura en el Estadio Olímpico de Londres.

Su historia se hizo viral en los días previos al 12 de agosto y, ante las mismas preguntas, el sursudanés siguió aclarando que no quería que su historia sea vista como ejemplo de algo triste, sino que entendieran que haber podido escapar de un contexto de guerra le había dado un propósito para correr cada día por el resto de su vida para ayudar, desde su lugar, a su país. Pese a que no podía correr bajo su propia bandera, explicó que él sentía que, con su participación, Sudán del Sur iba a estar presente al menos en espíritu y que eso lo llevaba a pensar que estaba representando a todo el mundo.

El resultado fue un anecdótico 47° puesto con un registro de 2:19:32. La hazaña, tras todo lo que había tenido que pasar para estar en Londres, había sido su participación. Sudán del Sur decía presente en unos Juegos Olímpicos, todavía sin tener su bandera en cualquiera de las dos ceremonias ni su propia delegación de atletas, lo que se terminó convirtiendo en el objetivo a conseguir en Río 2016.

Lamentablemente, el deporte no está abstraído de la realidad y la Guerra Civil que estalló en el país africano en 2013 cambió drásticamente las prioridades a resolver y la creación de un Comité Olímpico Nacional no integraba esa lista. Sin embargo, contra todo pronóstico, en 2015 llegó la oficialización del mismo y, unos meses más tarde, fue integrado al mundo con la membresía del Comité Olímpico Internacional. Todo parecía estar resuelto hasta que el boicot contra Marial llegó desde su propio territorio: al igual que los otros 20 atletas sursudaneses que estaban entrenando en Kenia como atletas olímpicos refugiados, el COI le había otorgado una beca para dedicarse exclusivamente al entrenamiento. El propio Comité Nacional de Sudán del Sur le reclamó la totalidad de esa beca y, ante la negativa del maratonista, decidieron vetar su participación en eventos internacionales, incluidos los Juegos Olímpicos.

El altercado administrativo se resolvió a mediados de 2015 y en Río 2016 Sudán del Sur tuvo su debut Olímpico con una delegación compuesta por cinco atletas, con Marial como el abanderado en la ceremonia de apertura. El valor simbólico de haber sido el precursor del olimpismo en su país fue mucho más importante que el 81° puesto en el que finalizó la maratón.

En estos últimos años fue conductor de Uber y aceptó una beca del Programa de Atletas de Clase Mundial de la Fuerza Aérea a través del cual, según sus palabras, puede retribuirle a los Estados Unidos todas las oportunidades que le dio desde que llegó de El Cairo. Pese a que tuvo que abandonar las maratones por constantes fascitis plantares y una lesión en la rodilla, el objetivo de Marial es conseguir la clasificación a Tokio en la prueba de 5 mil o en los 10 mil metros para sumar su tercera participación olímpica, la segunda bajo la bandera de su país. Nada mal para alguien que de pequeño corría para burlar a la muerte y hoy lo hace para ganarse la vida.

 

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