domingo, 8 septiembre, 2019
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La mitad de la década de los 90 avanzaba rápidamente. Un joven islandés se iba convirtiendo en un proyecto interesante del PSV junto a un delantero brasileño que pintaba muy bien llamado Ronaldo. A pesar de su corta edad ya poseía una buena fortaleza física, sobre todo si tomamos en cuenta que venía de debutar en el Valur Reykjavik de su país con apenas quince años. Hablamos de Eidur Gudjohnsen.

Su padre, Arnór, ya comenzaba a sentir los efectos de una carrera que lo había llevado a acumular, en sus mejores años, muchos éxitos con el Anderlecht. Considerado uno de los futbolistas más reconocidos de su país, hacía vida para ese entonces en la liga sueca. Debutó muy joven, a los 17, poco después de nacer su primer hijo. A Eidur le pusieron Smári (‘trébol’ en islandés) de segundo nombre para traer suerte a la familia.

Ah, Islandia. La nación que tan pintoresca nos resultó en la última Eurocopa o la que logró clasificar al Mundial de Rusia. Allí verdaderamente el fútbol no es tan popular y predominan más el balonmano, la halterofilia y, por razones evidentemente geográficas, los deportes invernales. A pesar de su conciso historial balompédico, en ese rincón del Atlántico Norte lograrían establecer una marca inolvidable.

Los Gudjohnsen protagonizarían una increíble historia de dos generaciones que jugaron el mismo partido para su selección, aunque no pudieron cruzarse en la cancha ni siquiera un minuto. La fecha era 24 de abril de 1996. En Tallin, capital de Estonia, se disputaba un partido amistoso entre la selección local e Islandia. Curiosamente, casi una década antes, a Arnór le preguntaron sobre su mayor deseo. “Jugar fútbol internacional junto a Eidur”, respondió entonces.

Aunque claramente nunca compartieron minutos en cancha, el acontecimiento marcó algo que anteriormente nunca se había registrado. El cartel que indicaba el cambio se levantó y nadie lo podía creer. Todo estaba dado para compartieran minutos en el terreno de juego pero Logi Ólaffson, entrenador del seleccionado islandés, no lo creyó así.

Padre e hijo se fundieron en un abrazo y el progenitor de Eidur le dio un beso, cediendo, de edta manera, el testigo generacional. Hay muchas versiones sobre lo que en realidad pasó, aunque la historia oficial marca que el entonces presidente de la Federación, Eggert Magnússon, le dio la orden explícita a Ólaffson de no alinearlos juntos. Presuntamente todo esto debido al deseo de que el hecho histórico se diera por primera vez en suelo islandés. Un par de meses después, ante Macedonia, se tenía previsto jugar por las Eliminatorias para Francia 1998.

Esa situación no se dio nunca más a nivel internacional. Los Gudjohnsen habían hecho historia pero a su manera. Lamentablemente Eidur, poco después, sufriría una grave lesión en un torneo juvenil que le haría estar sin jugar casi dos años. Cuando se recuperó, su padre ya se había retirado del fútbol profesional. Tiempo después terminaría llegando a Inglaterra, primero a Bolton y luego a Chelsea.

Con los Blues jugó seis temporadas y conquistó en dos ocasiones la Premier League, en 2005 y 2006. Tras este último triunfo le llegaba la oportunidad de arribar al entonces campeón de España y Europa, el FC Barcelona, de la mano de Frank Rijkaard. Se despidió del club catalán ganando el Triplete con Pep Guardiola, siendo el primer jugador islandés en ganar la Champions.

Pasos por Mónaco, Bélgica, Grecia, regreso a la liga inglesa, China y Noruega le seguirían a una brillante carrera que culminaba con la histórica participación de los Strákarnir Okkar en la Eurocopa de 2016, donde los debutantes llegarían hasta cuartos y en el cual tendría un papel secundario dada su veteranía.

Actualmente se desempeña como asistente de Arnar Vidarsson en el seleccionado Sub-21 de su país.
El tiempo pasa y la pelota sigue rodando. Resulta que el hermano menor de Eidur, llamado Arnór como su padre, firmó hace un par de años como una gran promesa del Swansea City. Todos los hijos de Eidur juegan fútbol en diferentes niveles: el mayor, Sveinn Aron, hace vida en Spezia de la Serie B italiana. Los menores, Andri Lucas y Daniel Tristán, participan de las inferiores de Real Madrid.

Tiempo después hubo quienes si lograron completar su récord. El volante Juan Carlos Bazalar, con pasado en la selección peruana, y su hijo Alonso formaban parte del Club Cienciano. El 25 de mayo de 2008 Juan Carlos pudo cumplir su sueño de jugar con su hijo. Tenían 40 y 17 años respectivamente y enfrentaban al Juan Aurich. El anhelo de cualquier padre es ver triunfar a su hijo en cualquier esfera de la vida. Es una cuestión de sangre, de piel, el ADN lo exige. En el fútbol como en la vida .

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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