lunes, 23 septiembre, 2019
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Cuando se suele hablar de Pep Guardiola y su ingente cantidad de títulos buena parte de la prensa (y del público también) siempre refuta sus logros expresando que él los consiguió en gran medida por contar con jugadores de talla mundial y que, incluso así, no ha podido levantar la anhelada Orejona en sus pasos por el Bayern Munich 0 (de momento) el Manchester City. Se podría analizar más al detalle que lleva a la gente a menospreciar a una persona que ya ha cosechado títulos en tres de las ligas más importantes del mundo, pero también es cierto que él no solo ha conseguido grandes triunfos contando con grandes jugadores, sino que también lo ha logrado teniendo a su cargo a jóvenes jugadores hambrientos de gloria.

“Mayo de 2007: el Barca B se precipita al infierno de la Tercera División (N. de R.: cuarta categoría española), arrastrando al “C” a la práctica desaparición. No es casualidad, sino resultado de una gestión errónea desde todos los puntos de vista. El Barca B es un equipo sin alma ni futuro, sin objetivos concretos y mesurables, casi un equipo de compromiso para una directiva que ha puesto todo el interés en los éxitos del primer equipo. Cortoplacismo puro”. Así describen Juan Carlos Cubeiro y Leonor Gallardo en “Mourinho versus Guardiola. Dos métodos para un mismo objetivo” la grave situación que atravesaba la primera filial del club blaugrana, una que, hasta hacía no mucho tiempo atrás había llegado a sacar jugadores de la talla de Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Charles Puyol o el propio Lionel Messi, pero que ahora navegaba a la deriva, sin rumbo ni dirección. Al club no le interesaba curtir a sus jugadores en una categoría tan baja y a pocos fichajes jóvenes les interesaba rebajarse tanto.

Pero es allí, en medio de la desidia, cuando dos hombres decidirían unirse para intentar lo imposible. Joan Laporta y un Pep Guardiola que se había retirado hacía pocos meses se reunirían y llegarían a un acuerdo para que el Noi de Santpedor, una verdadera leyenda del club, comenzara su carrera buscando rescatar al equipo B de los abismos del ascenso español. Junto a Tito Vilanova (asistente), Aureli Altimira (preparador físico) y Carles Busquets (entrenador de arqueros) comenzaría a planificar al dedillo la temporada. Pep, que desde siempre supo que sería entrenador, pasó sus últimos meses como jugador y los primeros ya siendo un hombre retirado visitando a distintos entrenadores para escucharlos y adquirir sus experiencias, destacándose Marcelo Bielsa, con quién tuvo la posibilidad de charlas de fútbol durante 11 horas en Máximo Paz, una localidad de la provincia de Santa Fe, ubicada a 78 kms de Rosario, su capital.

Guardiola intentaría rescatar la “Escuela de Cruyff” en su equipo de chavales, donde contaba con nombres como los de Pedro Rodríguez, Sergio Busquets, Jeffren Suárez, Alberto Botía, Víctor Sánchez o Chico y a los que les enseñó las mismas cosas que luego serían normales ver en el primer equipo (aunque luego se convertirían en la norma del club, comenzando por La Masía, algo que ya había realizado el neerlandés en su momento), como la presión insistente con dos o tres jugadores yendo a buscar los balones que estaban en posesión del rival, el buscar tocar de manera continua hasta encontrar los espacios para disparar o las salidas a ras del suelo comenzadas desde la portería. El catalán había planificado todo al detalle: no se podían hacer cambios drásticos, sino que estos debían comenzar de a poco: primero había que rescatar al conjunto B (buscando, a mediano plazo, ubicarlo en Segunda A, hecho que conseguirían en el 2010 con Luis Enrique), luego al Juvenil y recién ahí pensar en el resto de las categorías formativas. Solo así el Barcelona podría tener una verdadera identidad desde las bases hasta el primer equipo.

Pero no todo era cuestión del juego: para sostener esta idea era necesario cambiar las estructuras. Es por ello que se modernizó la Ciutat Esportiva (La Masía) con el fin de que los jugadores vivieran ya desde las divisiones inferiores en un entorno sumamente profesional, contando con buenos campos de entrenamiento, mejor tecnología para seguir los mismos -y prevenir las lesiones- y mayores cuidados en la alimentación, todo como si ya fueran parte de la primera escuadra. Para Guardiola la idea era sencilla: el equipo B era un equipo más, no uno de juveniles. Estos debían ganarse su lugar y competir con todo su esfuerzo, ya que solo así podrían competir de tú a tú ante conjuntos amateurs pero formados por gente mayor. Él les inculcó la idea de la competencia continua a sus muchachos, dejando en claro que nadie tenía el puesto ganado y que al menor desliz el lugar podría ser ocupado por otro juvenil. Para este fin habilitó las plazas en el plantel para jugadores mayores de 21 años, ya que estos ayudarían a las jóvenes promesas a tener que estar atentos todo el tiempo.

Para definir al conjunto que disputaría el Grupo V (formado por clubes de Cataluña) de aquella temporada 2007-2008 Pep decidiría partir al plantel en dos grandes grupos: los vertebradores y las perlas. El primero estaría compuesto por aquellos jugadores que excedían ese límite de 21 años y que servirían justamente para sostener la estructura, sin importar la procedencia de los mismos, ya que solo se buscaba que guiaran a los menores con su experiencia. Las perlas, en cambio, eran aquellos juveniles que contaban con mayor potencial y a los cuales había que llevar con prudencia a través de un proceso minucioso, buscando que terminasen por alcanzar el primer equipo (la idea era que pasaran de ser jugadores de reserva a titulares en el conjunto B, todo de manera paulatina). A partir de entonces se buscaría que el Barca B fuese un autentico conjunto de hombres capaces de formar parte del equipo A y no una mera bolsa donde solo se buscaban nombres al azar para llenar espacios.

“Quiero ganar porque si no gano no seguiré. El objetivo es subir” había remarcado Guardiola en su primera rueda de prensa como entrenador. Esto ya les dejó en claro a todos que no venía a ver que pasaba. Tuvo la oportunidad de relajarse dirigiendo en Tercera, pero siempre se lo vio contento, altivo, incluso hasta bastante nervioso y contestador en aquel primer año. Pero al final consiguió el objetivo: no solo ganó el grupo catalán con 83 puntos (uno más que el Sant Andreu y sacándole 18 al Reus, el tercero) sino que luego vencerían tanto al Castillo CF como al UD Barbastro para conseguir el tan mentado ascenso a Segunda División B. Tras esto Pep sería nombrado como nuevo entrenador del primer equipo. Pero esa ya es otra historia.

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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