martes, 30 noviembre, 2021
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El Centro de Tenis del Parque Olímpico de Seúl se estaba preparando para presenciar una jornada mágica. Y es que ese 1 de octubre de 1988 saldría a la cancha la mujer más dominante de aquella temporada en el mundo del deporte blanco, la alemana occidental Stefanie Marie Graf (Mannheim, 14 de junio de 1969), que arribaba a aquel último día de competencia con los cuatro títulos de Grand Slam bajo el brazo y que anhelaba, a su vez, cerrar el año con un hecho inédito hasta la fecha: conquistar el oro olímpico, lo que significaba consagrarse con un Golden Slam.

El tenis había sido uno de los deportes iniciáticos de los Juegos Olímpicos, allá por 1896. De hecho, fue una de las primeras disciplinas en romper con el machismo imperante en aquellos años, sumando también a la rama femenina en 1900. Sin embargo, una disputa entre el COI y la International Lawn Tennis Federation (la actual ITF) sobre el tema del amateurismo hizo que el deporte se borrara de los Juegos desde 1928 hasta el torneo a disputarse en tierras surcoreanas.

Sin embargo, una de las disciplinas más populares a nivel global tendría dos pequeños y tímidos retornos a modo de “deporte de exhibición”. En México 1968 algunos grandes campeones como el español Manuel Santana o el local Rafael Osuna dirían presente, mientras que en Los Ángeles 1984 el torneo atraería la atención de muchas más personas. Allí, una jovencísima Steffi Graf (de tan solo 15 años), que compitió como octava preclasificada, lograría vencer a la japonesa Etsuko Inoue, a la italiana Anna-Maria Cecchini (que, curiosamente, le endosó un 0-6 en el primer set), a la francesa Pascale Paradis y a otra italiana, Raffaela Reggi, para plantarse en la gran final. Allí la esperaría la yugoslava Sabrina Goles, que llegó a ser 27° del mundo en 1987 y que se retiraría con un solo título a nivel individual. La nacida en Stari Mikanovci (actual Croacia), que venía de eliminar a la primera preclasificada -la local Kathy Horvath-, ganó el primer set 1-6, pero luego caería ante los golpes demoledores de la germana, que se llevó los siguientes parciales con cómodos 6-3 y 6-4 para consagrarse por primera vez en un evento olímpico. Nadie podía presuponer que aquella rubia -que enamoraría en los años posteriores a Andre Agassi- alcanzaría el estatus de leyenda del Olimpo gracias, justamente, a unos Juegos.

Dos años después de consagrarse en Los Ángeles comenzarían a llegar los títulos dentro del circuito WTA (Women Tennis Association), cuando en Charleston derrotó a una de las mejores jugadoras de todos los tiempos, la estadounidense Chris Evert. Desde entonces, la europea -que fue, además, la tenista más joven en conseguir entrar en el ranking, cuando tenía 13 años- se transformó en una fuerza imparable, en un ser que demolía a cada una de sus rivales. Esta explosión provocó dos cosas inevitables: que cayera su primer título de Grand Slam en 1987 (Roland Garros, venciendo a la checaestadounidense Martina Navratilova por 8-6 en el tercero) y que alcanzara el primer puesto del ranking, un 17 de agosto de ese mismo año, mismo que mantendría por nada menos que 186 semanas (hasta el 10 de marzo de 1991, aunque lo recuperaría en varias oportunidades).

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Fraulein Forehand (como la llamaban por su maravilloso y contundente golpe de derecha) terminó esa maravillosa temporada llevándose el WTA Tour Championship -hoy conocido como WTA Finals-, venciendo en la final a una argentina que terminaría por convertirse en su gran rival en los siguientes años, Gabriela Beatriz Sabatini. 1988 lo comenzó como lo había finalizado, con un nuevo título, aunque esta vez sería un Grand Slam, el segundo de su lista. En Australia nuevamente sería Evert la derrotada (6-1 y 7-6) y entonces comenzaría la magia.

Los trofeos de San Antonio, Miami y Berlín pasarían a formar parte de su vitrina, una que empezaría a pedir una expansión por quedarse pequeña. Y es que Graf llegaba a Roland Garros con demasiadas ansias de repetir el título. Tanto fue su deseo que la soviética Natasha Zverena solo aguantaría 32 minutos en cancha en la final, cayendo por un doble 6-0 que no se veía en un torneo de esta magnitud desde la final de Wimbledon en 1911. El siguiente paso por dar fue justamente el gran torneo británico y allí la alemana sufrió bastante al principio ante otra jugadora de leyenda como lo era Navratilova, que llegó a estar arriba 5-7 y 0-2. Sin embargo, el poderoso tanque teutón comenzó a funcionar a pleno y la destrucción que dejó a su paso fue impresionante, dando vuelta la historia con un 6-2 y 6-1 increíble.

De repente, Steffi tenía tres torneos grandes en su haber ese año, por lo que el sueño de conquistar el Grand Slam -los cuatro torneos importantes en un mismo año- era más que real. En el circuito femenino solo había sido alcanzado una vez, cuando la australiana Margaret Court lo conquistó en 1970. Hamburgo y Nueva Jersey serían los dos certámenes que también pasarían a tener su nombre escrito, por lo que Nueva York era la escala final en búsqueda de esa gran parte de la gloria, misma que llegaría tras vencer a Sabatini en tres sets (6-3, 3-6 y 6-1). Con el US Open adentro, el Grand Slam pasaba a ser suyo, pero ahora iba por algo mucho más grande: el Golden Slam, un hecho que solo se puede conseguir cada cuatro años, debido a que éste incluye el oro olímpico.

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Graf, de 19 años, se podía decir que había conseguido prácticamente todo en el mundo del tenis. Sin embargo, la campeona de los Juegos reinante -si tomamos en cuenta a Los Ángeles 1984- quería dejar a todas sus contrincantes con las manos vacías. Su hambre de gloria era insaciable y con ese espíritu a cuestas viajaría a Seúl. Lógicamente era la primer preclasificada del evento, uno al que también asistirían Evert, Sabatini o Pam Shriver, por lo que no podía dormirse en sus laureles. Cinco eran los partidos que la separaban de la gloria eterna.

Tras quedar libre en la primera ronda, debutó en la segunda ante la soviética Leila Meskhi, una jugadora de su misma camada que llegaría a ser 12° el 5 de agosto 1991, curiosamente cuando su Georgia natal ya había declarado la independencia de la Unión Soviética. Pero en 1988 su nivel todavía no era ni de cerca equiparable con el de Graf, que la despachó con un 7-5 y 6-1. En la siguiente instancia la derrotada sería la francesa Catherine Suire, quien tenía más cualidades para el dobles que para el single. Tras el 6-3 y 6-1 aparecería otra tenista de la tierra de Lenin y Stalin, Larisa Savchenko, 11° preclasificada y que también viviría sus mejores años (como doblista) cuando la URSS ya se moría, aunque en mayo había alcanzado su mejor colocación en la tabla de la WTA (13°). Tras un 6-2 en la primera manga, Steffi vio como la ucraniana igualaba la historia con un 4-6, aunque al final la número uno demostraría su clase, llevándose el triunfo y el pase a las semifinales con un 6-3 final.

Con la medalla de bronce ya asegurada (no había un duelo de definición por aquel entonces) tocaría el turno de medirse ante la estadounidense Zina Garrison (8° sembrada), que el año siguiente sería número 4 del ranking y que venía no solo de alcanzar las semifinales del US Open, sino también de eliminar a Shriver, una de las grandes favoritas. Pero ni siquiera en su mejor momento pudo ante la germana, que la despachó con un impresionante 6-2 y 6-0.

Graf estaba a solo una victoria del Golden Slam, pero enfrente tendría a una rival que la conocía muy bien, ya que desde 1985 venía cruzándose seguido con ella. La argentina Gabriela Sabatini tenía un año menos que la teutona, pero también era considerada como una de las niñas prodigio del circuito. Ella llegaba al choque tras haber alcanzado en tres oportunidades las semifinales de Roland Garros y contaba ya con 8 títulos en el circuito. Entre estos se encontraba el de Boca Ratón en marzo de 1988, donde había vencido en la final justamente a Steffi. Con eso, Gabriela cortaba una racha de 11-0 a favor de la número uno del mundo y desde entonces empezó a igualarse un poco más la cosa, ya que también la derrotaría en las semifinales de Amelia Island. Luego Graf se vengaría, dominándola tanto en las semifinales de Roland Garros como en la final del US Open. “Me ganó más veces, sí, pero sé que no le gusta nada jugar conmigo, que la incomodo. Quiero el oro” expresaría la sudamericana en La Nación.

Se podía decir, entonces, que en esa pista dura de Seúl estaban cara a cara las dos mejores jugadoras del momento, o al menos las que más emocionaban por aquel entonces por su juventud, desfachatez, clase y jerarquía. A las 11.13 comenzaría el último partido y la alemana salió con todo, haciendo imposible para Gaby ponerse en partido, pese a jugar bien. Al final la derrota sería muy dura, con un doble 6-3. El dolor de la caída sería inmenso para la argentina, que así lo plasmaba en La Nación: “Cuando estaba en el podio y vi subir la bandera me emocioné, pensé en lo que representaba, no tanto por mí, sino por todos los argentinos. Sentí algo extraño, como un escalofrío, y tuve pena por no haberla podido hacer acompañar con el Himno. Sí, me emocioné mucho”.

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Steffi Graf se iba de Seúl siendo una leyenda, un ser de otro mundo. Los cuatro grandes y el oro olímpico de 1988 le pertenecían y el Golden Slam era un premio más que merecido para la mejor tenista que había en la faz de la tierra. La alemana, que se retiraría en 1999, seguiría ganando títulos a mansalva (al final sumaría 107 en singles, con 22 grandes en su haber) y hasta se daría el lujo de arribar a su tercera final olímpica consecutiva en Barcelona 1992. Allí también llegó como la número uno y con un camino sencillo hasta el último partido, aunque la estadounidense Jennifer Capriati, tras caer 3-6 en el primero, lograría dar vuelta la historia (6-3 y 6-4), dando de esta forma uno de los golpes más impresionantes del certamen olímpico, ya que la neoyorquina solo contaba con 16 años y Graf era una “veterana” (de 23 años, cabe aclarar) sumamente contrastada. Luego no participaría en Atlanta 1996, por lo que no tuvo la oportunidad de reivindicarse.

Han pasado muchos años. Agassi, Rafael Nadal y Serena Williams han conquistado el Golden Slam también, es verdad, aunque solamente en la forma de carrera, no en el año natural, lo cual sigue siendo una quimera para cualquier tenista que se acerque a dicho logro. Pero Graf no era una cualquiera: ella era una fuerza imparable.

 

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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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