jueves, 1 octubre, 2020
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En el fútbol, y en la vida en general, hay sentimientos que no se pueden controlar ni explicar. Vivencias que solo se justifican con pasión. Y la de Giácomo Ratto, jugador profesional que ha recorrido medio mundo, es muestra de ello. Sus primeros pasos los comenzó a dar en su natal Varese; pasó algunas temporadas en ligas regionales italianas antes de llegar a la cercana Suiza. Su primera estancia fue en el Victoria Wanderers de la isla maltesa de Gozo, finalizando tercero y comenzando otra experiencia en Centroamérica. Panamá y Nicaragua formaron parte de su día a día durante 2014, cuando le tocó cruzar el Pacífico. En Fiji lo espera con los brazos abiertos el Suva, el campeón nacional, que buscaba tener a Ratto para su incursión en la Champions oceánica, donde fueron eliminados prematuramente.
Cerró aquel año en la 2. Liga Interregional de Suiza, aunque todo termina con una salida de contrato por una disputa económica.

Le llegó, entonces, la oportunidad de su vida, de la mano del holandés de Jongh, en Mongolia. Ningún otro paisano había llegado tan lejos, más en un equipo relativamente nuevo como Ulaanbaatar City FC. Luchando contra el clima extremo, Ratto fue titular indiscutido en un histórico tercer lugar para el representativo de la capital mongola, siendo uno de los mejores en su puesto a lo largo de la temporada. Un tiempo después termina llegando a la Tercera División griega, aunque poco después la Federación helena descubre ciertas situaciones burocráticas que impiden registrar al jugador en la competición, por lo que optan por romper el contrato con Phillipos Alexandreia.

Regresó a Malta y su impacto no se hace esperar, siendo clave en la salvación final de Victoria en la liga. Ratto, inquieto, terminaría llegando a Islandia, donde se mantuvo hasta arribar este año al Fgura de Malta.

El Mediterráneo le sienta bien a Giácomo. Su receta para la felicidad es sencilla: un balón, guantes y un nuevo país. En The Line Breaker quisimos conversar con el portero italiano sobre su trayectoria y sus distintas experiencias.

 

 

Cuéntame de tus inicios en Varese
Empecé a jugar al fútbol a la edad de ocho años en la academia del US Bosto, en la ciudad de Varese. A los 14 fui fichado por los ojeadores de Varese FC (llamado después de la quiebra financiera AS Varese 1910), equipo profesional de mi ciudad que en ese entonces jugaba en la Serie C1, pasando así a formar parte de la cantera profesional. Fue una experiencia muy bonita y de mucho aprendizaje. Enfrentarse cada domingo a equipos como Milán, Inter, Atalanta o Brescia era algo extraordinario. Nunca llegué a debutar en el primer equipo y después de acabar mi estancia en el club pasé por equipos de Primera y Segunda Regional, además de un breve paréntesis en Suiza. Mi carrera, en principio, se estancó por una mala toma de decisiones en momentos claves.

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En un momento dado, ¿qué te hizo hacer las maletas y dejar tu país?
Esta idea empezó a tomar forma dentro de mí en 2012. Venía de una mala temporada, mi rendimiento se vio bastante afectado por la pérdida de mi abuelo materno, que era como un padre para mí y me dejó bastante tocado. En mi nuevo equipo me encontré a Andrea Callegarini, que era el entrenador de porteros. Él supo reactivarme a nivel mental y su forma de entrenar y entender la posición del portero hizo explotar mi potencial. Fue cuando vi que mi rendimiento subía jornada tras jornada que volví a creer que podía llegar a cumplir mi objetivo de ser profesional también a nivel profesion, algo que se había un poco alejado de mi cabeza. Él me decía que tenía talento, como mínimo, para jugar en la Lega Pro en Italia, pero es difícil llegar a estos niveles cuando te etiquetan como jugador de categorías “inferiores”. Fue ahí donde pensé en enviar mi material al extranjero. En el invierno de 2012 contacté con Mario Muscat (leyenda del fútbol maltés), que tenía una escuela de porteros, le gustó mi material y me echó una mano. Fue así que, a través de él, se hicieron los contactos con el SK Victoria Wanderers y ya a principios de 2013 ya estaba en Malta para firmar mi contrato.

 

No es muy común escuchar que un futbolista europeo termine llegando al fútbol centroamericano, ¿qué te sorprendió en aquellas etapas?
No, no es algo común pero, por ejemplo, en Nicaragua hubo un portero italiano antes de mí. También el español Dani Cadena estaba en el Walter Ferretti. Yo siempre fui un apasionado de la geografía y siempre quise viajar y descubrir, las fronteras creo que son hechas para ser sobrepasadas y no hay que tener miedo al conocer algo diferente. Hay que tener curiosidad para hacerse ricos a nivel humano.
Me sorprendió mucho cómo se vive y se siente el fútbol en esos país, hay mucha pasión también en países “jóvenes” a nivel futbolístico (en Panamá y Nicaragua el béisbol es el deporte más seguido).

 

Las condiciones en Mongolia eran muy duras pero en lo deportivo fue una buena experiencia, ¿qué nos puedes contar de tu etapa en Asia?
Allí tuve una etapa dura por temas extradeportivos con el presidente, empresario de mucho dinero y poder en el país, pero muy arrogante. También un asunto a nivel de papeleo con la visa. En lo futbolístico y humano fue una etapa muy linda para mí.
Recalé en el equipo por petición del entrenador Pieter De Jongh y, en un principio, fue duro adaptarse. Nos faltaba mucha organización, era un club totalmente nuevo y estaba empezando de cero. Después de tres semanas, el entrenador se fue y jugamos media temporada con un compañero (el ruso Artem Dobryshev) con la doble función de entrenador/jugador.
Afortunadamente, al terminar la primera vuelta llegó el español Rodrigo Hernando y cambió todo a nivel organizativo, dentro y también algo fuera del campo. Conseguimos llegar terceros en la Copa y peleamos la tercera posición hasta pocos partidos del final. Conseguimos una salvación tranquila y fue un gran resultado por como había empezado todo. He hecho también muchas amistades y fue muy lindo ver el countryside de Mongolia y conocer su cultura, además de la gran amistad que me liga hasta hoy a Rodrigo.

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Después de dejar Nicaragua tuviste par de estancias cortas pero intensas en Fiji y Zimbabwe, ¿con qué te quedas de aquello?
De estas dos etapas me quedo con el calor humano de la gente en estas dos etapas. En Fiji, además, con mi compañero/hermano Adrián, con el cual compartí todo allí. He conocido gente estupenda que me dio una mano en todo. Gente que trabajaba en la UE y en la ONU, con la cual sigo en contacto, además de los lindos lugares que visité .
Lo mismo en Zimbabwe. Con Joel Luphala, DT del club, seguimos en contacto. Con él pasaba mucho tiempo después de los entrenamientos, íbamos a comer juntos, me llevaba a ver sitios y vivir la África real. Algo inolvidable que siempre quedará dentro de mí.

 

¿Cómo surge ese interés que tienes por el Deportivo La Coruña de España? Es tan fuerte que terminaste dominando el idioma
El interés por el Dépor surgió en enero de 2000, después de una mañana donde me levanté muy temprano. Íbamos a jugar con Atalanta en Bérgamo. Para terminar de despertar encendí el televisor y pasaban un partido del Deportivo de Mauro Silva, Makaay, Fran, Naybet, Songo’o, Víctor, Turu Flores, Flavio y Djalminha. Me enamoré de aquel equipo y, desde aquel entonces, me converti en hincha.
Ese mismo verano pasé por A Coruña en un viaje que hice por todo el norte de España y me enamoré de la ciudad y de toda Galicia. Hace un par de años asistí a ver mi primer partido en Riazor. Mi novia me organizó todo, no sabía nada y a través de mi amigo Christian Orosa y Joan Capdevila tenía listo un boleto de avión reservado, hotel y, obviamente, entrada reservada a Riazor. Inolvidable.

 

Vueltas y vueltas por el mundo para terminar regresando a Malta, ¿cómo describes el nivel del balompié en ese país?
Malta tiene una calidad de vida muy buena. El fútbol en los últimos diez años se ha desarrollado muchísimo, hay un buen nivel acá gracias al trabajo hecho en las canteras y también al incremento de cupos de extranjeros cada año. Las Ligas son competitivas y a nivel mediático está tomando cada vez más peso. Es mi tercera temporada jugando aquí y la verdad que siempre me encuentro muy bien.

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Con Vestri de Islandia ya son diez los países en los que has jugado. ¿De dónde viene ese amor y esa pasión por viajar y conocer?
Siempre fui apasionado de la geografía, historia, viajes y películas de aventura. Al final, la vida misma es un viaje y creo que viajar es el medio para llegar a la verdadera riqueza. La conciencia, el descubrimiento de culturas diferentes, tanto futbolísticas como de vida común. Un gran aprendizaje. Creo que quién puede, a través del propio trabajo, viajar y descubrir es muy afortunado.

 

¿Alguna meta aún por lograr en activo?
Me hubiera gustado jugar en el Sureste asiático, pero por cultura y cupos de extranjeros es muy complicado para un portero. Tengo una espina clavada con Centroamérica, que es volver y terminar de triunfar. En Panamá y en Nicaragua todo había empezado muy bien pero, por un problema u otro, no acabé de triunfar.
En Nicaragua empecé con un gran partido ante Walter Ferretti y, a la siguiente semana, me lesioné y una pubalgia me dejó poco más de dos meses fuera de la cancha. Volví contra Real Madriz, donde íbamos perdiendo y, debido al nerviosismo por el transcurrir del partido, me sacaron una tarjeta roja muy tonta.
Las relaciones con la directiva se torcieron (el ser extranjero y estar lesionado, te puedes imaginar) y decidí rescindir. Quizás no tenía aún la madurez necesaria, no es simple para un europeo jugar allá. Me gustaría volver y acabar de demostrar algo que empecé.

 

Haciendo una retrospectiva de tu carrera, ¿imaginabas haber tenido tantas experiencias?
No, obviamente era algo inimaginable. Como cada niño que empieza a jugar al fútbol, uno sueña con llegar al máximo nivel en el equipo de nuestros corazones (el mío era AC Milan de niño), llegar a la selección, jugar Mundiales y Ligas de Campeones, pero aunque no he llegado a esto. No quito ningún mérito a todo lo que conseguí, algo que no es simple de conseguir y que me ha dado muchas satisfacciones a nivel humano y deportivo.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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arsene wenger 07/09/2020 at 06:28

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