jueves, 24 septiembre, 2020
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“De una patria llamada Colombia, que golazo de James.

Una pintura, como si fuera un Picasso, una obra de arte,

el pecho, sin dejarla caer con pierna zurda,

pega en el bendito palo y luego infla esa red que se mueve,

como si fueran cuerdas de un tiple montañero, 

como si fueran cuerdas de un arpa llanera. 

Que lindo, que golazo, bendito gol James…

Muchas gracias, mi país se lo merece. 

Colombia tiene 1, Uruguay 0. 

Colombia, mi amor eterno…”

 

Y así podemos seguir deleitándonos una y otra vez con el relato de Gustavo Sanint, quien para una cadena radial colombiana, gritaba el maravilloso gol de James Rodríguez ante Uruguay en el Mundial de Brasil 2014. Decimos que fuimos felices porque Colombia así lo fue, todo el mundo del fútbol lo experimentó, hoy 28 de junio hace seis años. 

Sin embargo no todo fueron alegrías en Colombia. La espera de 16 años sin regresar a una Copa del Mundo hizo que el camino a Brasil fuera largo y tortuoso. Aun así, Colombia logró ingresar a su quinto Mundial luego de empatar a tres goles contra Chile en Barranquilla, en el marco de la penúltima fecha de las eliminatorias Sudamericanas en noviembre de 2013. 

La última cita orbital para la tricolor había sido en Francia 98, una selección que no pasó la primera ronda y cayó en su última presentación ante los ingleses 2-0, sacando como gran figura al interminable portero Faryd Mondragón. Colombia trastabilló en sus tres intentos siguientes por acudir a la gala a la que todos quieren ir: quedó afuera de Japón – Corea 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. En esas tres ocasiones se consideraba que Colombia tenía un gran plantel para asistir, pero a la hora de demostrarlo no contó con las credenciales para hacerse con un nombre en la fase final de la Copa del Mundo.

En 2014 todo cambiaría, y no sólo por el hecho de asistir a un Mundial de nuevo, sino porque en aquel momento el seleccionado se estaba reinventando en todas sus formas. En 2011 arribó José Néstor Pekerman como nuevo seleccionador y transformó la idea global que le había impedido, a generaciones anteriores, llegar más lejos de lo que soñaban. Pekerman descontaminó el ambiente.

 

La revelación

 

Colombia se instaló en el Grupo C junto con Grecia, Costa de Marfil y Japón. El seleccionado de José Néstor comenzaba a mostrar un fútbol distinto a lo exhibido en la década de los 90′. El juego directo, abierto por las bandas, con seguridad defensiva, con toques cortos en campo contrario y con un revulsivo ataque; distaban de aquella Colombia que acostumbró al mundo hace 30 años, en donde la elaboración minuciosa era el as bajo la manga de quienes la protagonizaban en aquellos años. El juego de Colombia en esa eliminatoria a Brasil pasaba por los pies de tres jugadores determinantes: Juan Guillermo Cuadrado, Radamel Falcao García y James Rodríguez. Ineludiblemente el destino le traería a éste último una sorpresa que, para algunos, era inesperada, pero para él significaba tomar la batuta de esa selección que abanderaba Falcao y que, por una desgarradora lesión, privaba al ‘Tigre’ de Santa Marta de estar presente en Brasil.

James le convirtió en el partido de la fase de grupos a Grecia en el minuto 93. En el siguiente match haría lo propio para abrir el marcador ante los marfileños a los 64 minutos con un certero cabezazo. No obstante, contra Japón en el tercer partido, comenzaba a echar mano de su astucia y liderazgo para anotarles un golazo al cierre del partido. Fue allí precisamente que los ojos del mundo, de la FIFA y posteriormente los del Real Madrid, se comenzaban a abrir hacia un jugador que hace rato quería demostrar que era distinto. Y qué mejor que un Mundial para demostrarlo.

Lo mejor estaba por venir, porque por esas cosas del destino a Colombia le tocó enfrentarse con Uruguay. Una selección que por años les había amargado la fiesta, no solo dejándolos afuera de dos mundiales, sino protagonizando partidos difíciles y cerrados, sobre todo cuando a la tricolor le tocaba visitar el Estadio Centenario. La revancha estaba por llegar. 

 

Llegó el clímax

 

La prensa uruguaya por aquellos días previos se encontraba a la incertidumbre porque su seleccionado no contaría, para ese partido, con la presencia de Luis Suárez. El delantero estaba sancionado por el TAS debido a un hecho desafortunado ocurrido el partido contra Italia por la fase de grupos. Evidentemente, Uruguay en aquella llave contra Colombia no fue la misma, se vio mermada por la ausencia de semejante figura. No obstante, la determinación de Colombia iba por otro rumbo. Querían hacer historia, marcar un hito, romper el molde predeterminado y para lograrlo tenían un representante único para conseguirlo: el gran James Rodríguez.

El reloj del Maracaná marcaba el minuto 27 con 37 segundos del encuentro y, como si fuera un parpadeo, el rugido del estadio retumbó hasta que se escuchó en los rincones más recónditos de la geografía colombiana. Ninguno de los millones de compatriotas que veía el partido en ese momento se imaginaba si Colombia llegaría a la final, o incluso, pelearía por ganarla. Eso no importaba. Lo verdaderamente relevante era que, por primera vez en 16 años, ese muchacho de 22 años nos hacía sentir más colombianos que cualquiera que en otro lugar del mundo lo hubiera pregonado.

Fueron un par de minutos los que pasaron entre el remate que golpeó el travesaño de Muslera y la celebración aireada de todo un país. James se situaba por primera vez para Colombia como la figura de un Mundial. Nadie en la selección fue más trascendente en este torneo, nunca nadie le dio más a un país en una conquista de este tipo. Claro, hay una razón: era la ilusión de un joven que sentía como suya la responsabilidad de devolverle la alegría a un país que había perdido todo sentimiento afable, a causa de situaciones que nada tienen que ver con la pelota. 

James lo había logrado. Redondeó un Mundial excepcional cuando derramó sus lágrimas en la derrota ante el anfitrión en cuartos de final. Sin embargo, más allá de eso, supo decirle a un país que él estaba presente. 

Cualquier colombiano que visite las pirámides de Egipto, se dé una vuelta por la muralla china o camine por las elegantes calles de París y pueda dialogar con James, le puede decir lo mismo: “le marcaste un gol a los uruguayos, marcaste una época y fuimos felices”. Nada más.

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Comunicador Social y Periodista colombiano. Fanático del deporte en general y apasionado por el fútbol. Amante de las buenas historias que pueden cambiar la vida de las personas.

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