sábado, 8 junio, 2019
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Ese miércoles 8 de julio de 1998 no iba a ser un día más en la vida de dos naciones. París, esa urbe siempre tan intensa y llena de vida, se paralizó por completo y todos los ojos estuvieron puestos en el coqueto Stade de France. No era para menos: Francia, el equipo local y favorito, se mediría ante Croacia, ese estado de poco más de 4,4 millones de habitantes que se había independizado de Yugoslavia el 25 de junio de 1991 y que disputaba su primera Copa del Mundo, siendo la sensación de este certamen.

Ambos buscaban aquel día inscribir su nombre en la historia grande de los mundiales, ya que nunca habían estado en una final, etapa donde ya sabían que esperaba la Brasil de Ronaldo, Roberto Carlos, Cafú, Bebeto o Rivaldo, rival difícil si los había. Pero ninguno de los dos planteles quería pensar demasiado en el equipo que se había eliminado a Holanda: una leve distracción de alguno de los 22 jugadores podía llegar a generar una fatalidad para todo su equipo. Era, al fin y al cabo, un duelo de mosqueteros donde solo ganaría aquel que lograra quedar en pie. Pero vayamos por parte.

 

 

¿Cómo llegaron?

Los Bleus, fueron uno de los mejores seleccionados de la década de los 80´: los Amoros, Battison, Fernández, Bossis, Girese, Tigana o Platini habían encandilado al mundo del fútbol, ganando la Eurocopa en 1984 y terminando en el tercer lugar en los Mundiales de 1982 y 1986, aunque el final de aquella generación coincidiría con los peores años del equipo galo, el cual se quedaría afuera de los dos siguientes certámenes globales, algo que no nos permitió poder ver a Eric Cantoná en aquella cita. Tampoco le iría muy bien en Europa en esos años, aunque si es cierto que en medio de tanta oscuridad apareció aquella luz llamada Clairefontaine, aquel lugar que terminaría por dar sus frutos en 1998.

Luego del fracaso que significó quedarse afuera de Estados Unidos 1994 la Federación Francesa de Fútbol contrató a Aimé Jacques, un mediocampista defensivo que había tenido una buena carrera en los 60´ y principios de los 70´ en el poderoso Saint Étienne y que como entrenador había dirigido a algunos clubes importantes (Lyon, Bordeaux, Montpellier), siendo, además, el asistente técnico de Gérard Houllier en el seleccionado. Este, una vez en el cargo como principal, le había dado a Cantoná la capitanía y las llaves del equipo, pero luego de la ya icónica patada voladora que le pegó a un hincha del Crystal Palace en 1995 tuvo que tirar de gente más joven como Zinedine Zidane y tomando, de paso, decisiones que fueron incomprendidas en su momento, como dejar afuera del equipo al propio hombre del Manchester United, Jean Pierre Papin o David Ginola.

Los Lama, Blanc, Desailly, Djorkaeff, Lizarazu, Lamouchi, Roche, Thuram o Zidane comenzaron la denominada era bleu, blanc et rouge”, una mezcla de etnias disruptiva con el momento que se vivía en el país, donde el odio racial estaba a la orden del día, promulgado, sobre todo, por la extrema derecha. Ellos llevarían al equipo hasta las semifinales de la Euro 96, perdiendo por penales ante la fenomenal República Checa de Kouba, Nedved, Smicer y Poborsky. Pero la semilla ya estaba plantada.

Al ser el conjunto local del Mundial de 1998 Francia se dedicó a medir fuerzas en amistosos de distinto calibre, aunque casi todos sus contendientes fueron de nivel. Venció, por caso, a Holanda (2-1), México (2-0), Turquía (4-0), España (1-0) y Bélgica (1-0) y empató ante Italia (2-2) y Brasil (1-1). Si bien no arrasaban y recibían críticas por los jugadores que integraban el plantel, los azules ilusionaban a su público con hacer un buen torneo en casa.

Croacia, por su parte, era un equipo nuevo, nacido del desmembramiento que comenzaba a matar a la antigua Yugoslavia. De hecho, nombres de la talla de Davor Suker, Robert Prosinecki, Zvonimir Boban y Robert Jarni habían sido parte del mítico equipo sub-20 del país que se quedó con el Mundial de la categoría en 1987 y que soñaba con hacer historia en la mayor, aunque esa fantasía se vio truncada en los cuartos de final de Italia 1990 ante la Argentina de Maradona y Caniggia. Luego vendría la guerra y la vida ya no sería la misma.

Muchos murieron en el conflicto, mientras que otros lograron huir del país. Entre ellos se contaban los jugadores de la recién creada Valtreni, como Suker, Jarni, Vlaovic (España), Stimac, Bilic (Inglaterra), Asanovic, Boban, Stanic (Italia), Soldo, Mamic (Alemania) o Mrmic (Turquía). El resto de la plantilla que iría a Francia (donde estaban nombres como Prosinecki y Tudor) jugaban en la liga local, que había dado su puntapié inicial en 1992.

Si bien el primer partido de Croacia como país independiente (sin contar los que jugó en la década del 40´) fue el 17 de octubre de 1990 ante Estados Unidos, la estabilidad del seleccionado comenzaría recién dos años más tarde, cuando se afiliaron tanto a la FIFA como a la UEFA. El técnico elegido para afrontar las eliminatorias rumbo a la Euro 1996 -las primeras que disputarían los ajedrezados- sería Miroslav Blazevic, un mediocampista que no tuvo tanto renombre como jugador (aunque debutó en el poderoso Dinamo Zagreb) aunque si desarrollase una carrera más que extensa antes de agarrar al seleccionado de su país, en donde dirigió a la selección de Suiza, al Dinamo Zagreb y al Nantes, entre tantos otros. Al momento de tomar al equipo croata ya tenía tras de sí un trayecto de casi 30 años en los banquillos.

En las eliminatorias lograron quedar por encima de Italia y Ucrania y en la Euro lograron darle un susto a la Alemania de Klinsmann, Sammer, Kopke y Moller en cuartos. No tuvieron tiempo para festejar el gran torneo hecho ya que a los pocos meses iniciaron las clasificatorias rumbo al Mundial de 1998, en donde realizaron un gran papel, aunque la caída en Copenhague en la anteúltima fecha los obligó a disputar el repechaje ante los ucranianos, el cual pasaron con facilidad. En los amistosos previos al torneo se pudo ver que este equipo tenía algo especial, ya que golearon a Polonia (4-1) y a Australia (7-0), perdiendo apenas con Eslovaquia (1-2).

 

El Mundial

El 10 de junio de 1998 se dio inicio al último torneo global del siglo, en el cuál había una expectativa desmesurada. En la tierra de Victor Hugo se citaron muchos equipos fuertes, como Brasil, Italia, Alemania y Holanda; una segunda línea potente con la Argentina, España, Inglaterra y Francia y varios conjuntos más de los que se esperaba que dieran alguna sorpresa, como Croacia, Paraguay, Colombia o equipos africanos como Nigeria y Camerún, de quienes se decía que serían el futuro del fútbol por su genética.

Francia, encuadrada en el Grupo C, venció a la debutante Sudáfrica (la FIFA la había vetado años atrás por el apartheid) por 3-0, con tantos de Dugarry, Issa y un joven Thierry Henry. Croacia, mientras tanto, había caído en el Grupo H. En su primer partido se hizo cargo de otro conjunto que se mostraba ante el mundo por primera vez como lo era la carismática Jamaica por 3-1 (Stanic, Prosinecki y Suker marcaron los tantos que emocionaron al nuevo y creciente país). El camino seguiría siendo cómodo para ambas escuadras: los Bleus golearían a Arabia Saudita por 4-0 (Henry x2, Trezeguet y Lizarazu) mientras que la Valtreni, con gol de Suker, lograba vencer a Japón y de paso meterse en octavos de final. Si bien caerían ante la Argentina por 0-1 en la última jornada, ya habían logrado su objetivo, por lo que se catalogaba como un éxito aquella primera experiencia. Claro, nadie sabía lo que se vendría después.

La escuadra de Jacques derrotaría a la dura Dinamarca por 2-1 (Djorkaeff y Petit) y luego, en la segunda fase, sufriría como nunca para eliminar con gol de oro a la Paraguay de Chilavert (Blanc anotó en el minuto 114). Croacia, mientras tanto, vencería a Rumania por 1-0 (Suker de penal) y despediría a la generación de Hagi, una de las más gloriosas del fútbol de Europa del Este.

El 3 de julio en el Stade de France de Saint Denis, el equipo local volvería a necesitar de un suplementario, en este caso ante la Italia de Baggio y Vieri, aunque esta vez no hubo gol de oro que los salvara y todo se terminaría por definir por tiros desde el punto del penal. Allí se agrandó la figura de Fabien Barthez, quien había mandado en su día a Lama al banquillo. Él le atajó el penal a Albertini, mientras que Di Biagio estrelló el suyo en el travesaño, sufriendo así el mismo destino que cuatro años atrás.

Un día más tarde, en el Gerland de Lyon, los de Blazevic dejaron boquiabiertos a todo el globo al eliminar a Alemania por 3-0. Jarni había golpeado primero antes del final del primer tiempo, pero las puñaladas finales vinieron en los últimos minutos de la mano de Vlaovic y, quien, si no, Davor Suker.

 

El partido

Mucha fue la tensión que se vivió en la previa de aquel histórico partido. Ambos conjuntos buscaban su primera final mundialista, aunque la carga mayor la tenía la selección comandada por un Zidane que en ese torneo terminaría por explotar, para ser reconocido por todos como uno de los mejores mediocampistas de todos los tiempos. Ya sabían que Brasil había logrado derrotar a Holanda y su poderío asustaba, aunque antes de pensar en ellos deberían ver a los ojos a su rival. Uno les mostraba a todos que la tolerancia entre las etnias podía fortalecer los vínculos y generar nuevas oportunidades. El otro dejaba en claro que, a pensar de las cicatrices, se podía seguir adelante luego de la guerra.

Aime Jacques ponía en campo un 4-5-1 (Barthez, Lizarazu, Blanc, Desailly, Thuram; Djorkaeff, Deschamps -capitán-, Zidane, Petit, Karembeu; Guibarch) en donde sorprendía al no incorporar de inicio a un Henry que estaba realizando un gran campeonato. Miroslav Blazevic, en cambio, se decantó por un clásico 4-4-2 (Ladic, Stimac, Bilic, Soldo, Simic; Asanovic, Boban -capitán-, Stanic, Jarni; Suker y Vlaovic), dejando en el banquillo a un histórico como Prosinecki.

El encuentro comenzó de manera trepidante, siendo Francia la que tendría las primeras oportunidades de la mano (o mejor dicho de los pies) de Zidane, aunque Asanovic metería miedo con un disparo de media distancia que pasaría cerca de Barthez. Sin dudas, la mejor jugada del primer tiempo fue una volea del semicalvo hombre de la Juventus que logró salvar Ladic pese al efecto que tomó el balón.

Si el primer tiempo había sido bueno, con varias llegadas y dos equipos que se medían de tu a tu, el segundo terminaría siendo sencillamente atrapante. Croacia, en la primera jugada que tuvo, silenció a todo un país. Asanovic le metió un exquisito pase entrelíneas a Suker, quien solo tuvo que bajarla con su zurda, dejarla picar una vez y meterla ante la inútil salida de Barthez. 1-0: parecía que habría sorpresa en la calurosa tarde parisina. Pero no.

Apenas un minuto después Thuram le quitó el balón a un “dormido” Simic, tocó rápido para Djorkaeff, quien tuvo la cortesía de devolver la “pared” para que el potente defensor del Parma convirtiera el empate. Liliam crecería tanto que terminaría por ser el hombre clave del encuentro. Él sería el encargado de marcar el 2-1 definitivo en el minuto 69. Un golazo en donde volvió a demostrar porque era no solo un gran defensor, sino también un excelso definidor.

En los minutos siguientes seguiría habiendo emoción, ya que Blanc sería expulsado por doble amarilla por un manotazo inocente a Bilic y hasta habría tiempo para una tapada magnífica de Barthez sobre el final. Francia, que no había podido clasificar a los dos últimos campeonatos mundiales, se clasificaba para su primera final, en donde golearían a la temible Brasil por 3-0. Ese sería el inicio de un hermoso idilio con la Copa del Mundo, ya que desde entonces los franceses lograrían alcanzar el último día del torneo en dos oportunidades. Croacia, mientras tanto, sería un conjunto que iría de manera regular a los Mundiales, aunque no podría meterse más en la segunda ronda hasta Rusia 2018, cuando los Modric, Rakitic y compañía terminaron por superar la hazaña del equipo que había nacido bajo una bandera y ahora jugaba para otra. Pero serán ellos los que intentarán limpiar la afrenta 20 años después. Y en una final, ni más ni menos.

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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