sábado, 8 junio, 2019
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El Parc des Princes de París se encontraba casi al tope de su capacidad, luciendo un marco espectacular, digno de una Copa del Mundo que pretende cambiar la historia. El pueblo francés, todavía extasiado con el triunfo de la selección masculina un año antes en Rusia, rugía como nunca por ellas, sus chicas, quienes salían a la cancha a buscar dar aquellos pasos que les permitan conseguir la misma hazaña dentro de un mes.

Por ende, el peso que cargan las bleues en sus espaldas es enorme: pese a ser potencias mundiales, nunca han llegado siquiera a una final de un gran torneo, siendo los cuartos puestos en el Mundial del 2011 y en los Juegos Olímpicos del 2012 sus mejores marcas. Es más, aunque parezca extraño, ser local no es lo más recomendable dentro de los mundiales femeninos, ya que solo Estados Unidos salió campeón siendo anfitrión (1999), mientras que el resto siempre se quedó en los cuartos de final.

El público grita, salta, alienta. Quieren -o mejor dicho, necesitan- ver a las suyas triunfar, ser las mejores, demostrar que son la nueva cuna del fútbol de selecciones. Para muchas, esta carga sería insoportable, quebrando espaldas y mentes, y quizás de allí se explique el porqué de las malas actuaciones de las locales. Pero, para salir campeón, se debe poseer en el plantel a alguien diferenciador, una persona que se salte las reglas y rompa con lo establecido. Y Francia la tiene.

Iban apenas nueve minutos del encuentro ante Corea del Sur cuando la talentosa Amandine Henry robó una pelota clave en campo rival. Gracias a su velocidad logró dejar en el camino a sus dos perseguidoras y, cuando llegó casi a la línea de meta, logró meter un pase al centro del área grande, por donde llegó corriendo una bala mejor conocida como Eugénie Le Sommer, quién solo tuvo que tocarla para abrir el marcador y tranquilizar, de paso, a toda una nación. Para la blonda de 30 años este tanto significó varias cosas:

  • Fue el gol más rápido hecho en un partido inaugural de un Mundial de la FIFA
  • Le Sommer convirtió el primer gol de Francia en un gran torneo por quinta vez consecutiva, una marca que comenzó en la Eurocopa de Rusia del 2013
  • Llegó a los 75 tantos en 160 internacionalidades y se encuentra a solo seis tantos de Marinette Pichon, la máxima anotadora gala de todos los tiempos.

 

 

Le Sommer es sinónimo de espectáculo, buen juego, destreza, sorpresa (es una gigante en un cuerpo de apenas 1,61 m de estatura) y, sobre todo, gol, algo que tiene impreso en la sangre: entre el Stade Briochin y el Lyon lleva 261 tantos en apenas 320 apariciones. Pero ella no solo tiene amor por lo más preciado en el fútbol (ese beso entre la pelota y la red), sino que lo tiene por el fútbol mismo, algo que comenzó desde muy niña y que mamó de su madre, Claudine, ex-futbolista del PSG y algo reticente para con la idea de ver a su hija compitiendo, ya que entendía que, entre las mujeres, no habría tanto futuro, dado el poco prestigio que se le daba allí al fútbol.

Pero a Eugénie esto no le importó y siguió jugando y rompiendo con lo establecido, haciendo que la gente se interesase más en ella en particular y en el fútbol femenino en general. La nacida en Grasse es parte crucial de un Lyon napoleónico que ha conquistado seis de las últimas nueve Champions Leagues (llevan cuatro de manera consecutiva), pero también de una selección francesa que pasó de jugar un solo Mundial sobre cinco a ser considerada una de las grandes favoritas cada vez que sale a competir por un trofeo. En su día ya le dijo al sitio web de la FIFA que cambiaría todos sus logros cosechados en su club por conquistar un Mundial, ya que desde allí partían sus sueños.

Cuando era niña ya era considerada mejor que sus compañeros varones del Trélissac FC, dado que tenía habilidad para los remates y saber utilizar de manera efectiva las dos piernas. Pero ver a su madre jugar hasta los 47 años -aun dejando el alto nivel para cuidar a los hijos que iban naciendo, ya que el padre (Thierry), era un oficial de policía que no podía estar mucho en su casa- le sirvió de inspiración para lograr ir por más. Hoy, gracias a la camada de la que ella es parte, el fútbol francés vive su mejor momento, teniendo una liga profesional desde el 2010, un gran conjunto campeón de todo y varias mejoras a nivel institucional.

Al fin y al cabo, Eugénie es hija de la mujer nueva, esa que se levanta y pelea, aquella que busca una mayor igualdad de oportunidades y condiciones. Y, bajo sus propios términos, ha logrado demostrarle a toda una generación de niñas que es posible querer más. Solo hay que soñar y luchar. Y si se puede lograrlo con goles mucho mejor.

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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