sábado, 8 junio, 2019
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Yugoslavia siempre fue un país sumamente complejo, un gran rompecabezas en el que sus partes fueron incrustadas a presión para encajar. Nacido de las ruinas del imperio austrohúngaro luego de la Primera Guerra Mundial (en principio como reino serbocroata-esloveno), la unión de la nación siempre fue un tema delicado, más teniendo en cuenta que durante el segundo conflicto bélico global los croatas se aliarían a los nazis, persiguiendo y matando a sus pares serbios. Solo la imponente figura del mariscal Josip Broz logró lo impensado: hacer que las naciones balcánicas lograran cierta estabilidad con los años. Y juntos.

Finalizando la Segunda Guerra Mundial los miembros de la Liga Juvenil Antifascista de Serbia Unida decidieron formar una Sociedad de Jóvenes de la Cultura Física, la cuál terminaría por germinar en el Fudbalski Klub Crvena Zvezda el 4 de marzo de 1945. Cuando el conflicto bélico acabó, el Mariscal Tito mandaría cerrar varios clubes que habían sido colaboracionistas con los alemanes, hecho del cuál los de Belgrado se verían beneficiados, ya que los restos del SK Jugoslavija y el BSK Belgrado pasarían a ser anexados por este, pudiendo utilizar desde el principio un estadio, oficinas y hasta jugadores.
En su primer año ascenderían a la liga yugoslava y ya desde la década del 50´ comenzarían a reinar en el país, erigiéndose en uno de los conjuntos más poderosos de la nación del “socialismo de la autogestión”, junto con su par serbio del Partizán y los croatas Hajduk Split y Dinamo Zagreb. Mientras los rojiblancos se mantenían firmes en Yugoslavia, Tito intentaba hacer malabares. Hugo Raúl Satas y Sergio Pujol expresan en Historia de nuestro tiempo. El mundo entre 1969 y 2000 que:

 

“Para este verdadero mosaico de países hermanos que muy poco se querían, Tito se valió de constituciones (1946, 1963, 1971 y 1974), siendo la de 1974 precisamente la que intentó aplacar viejos resentimientos y las siempre presentes tensiones étnicas, para lo cuál estableció un sistema de seis repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Serbia, y dos provincias autónomas pero incorporadas a Serbia: Kosovo y Vojvodina (…) como el Mariscal Tito fue presidente de por vida, entre 1974 y 1980 no hubo problemas. A su muerte en 1980, éstos estallaron masivamente”.

 

Cuando Tito llegó al final de su vida terrenal, la República Federativa Socialista de Yugoslavia comenzaba un lento pero inexorable camino hacia la autodestrucción, la cual llegaría con la dolorosa fraticida guerra de los Balcanes en la década de los 90´.

Pero antes de tal fatal fin el Estrella Roja empezaba a manifestar también su poderío fuera de la nación. El primer gran paso que el Zvevda dio en el Viejo Continente aconteció en la Copa de Campeones de Europa de la temporada 1970-1971. Habiendo ganado cinco ligas en la década de los 60´, el conjunto capitalino tenía como necesidad dar un golpe sobre la mesa en la máxima competición de clubes y vaya si estuvo cerca. Los yugoslavos eliminaron de manera sucesiva al Ujpest Dozsa húngaro, al sorpresivo Arad de Rumania y al Carl Zeiss Jena de la República Democrática Alemana. Si, los serbios se habían levantado como la fuerza dominante del Pacto de Varsovia de aquel año. Pero en semifinales ocurrió uno de los hechos que más marcó a la Estrella en tiempos dorados: en la ida ante el conjunto semiprofesional del Panathinaikos de Grecia, entrenado por la leyenda húngara Ferenc Puskas habían conseguido un inexpugnable triunfo por 4-1 en el Marakaná de Belgrano. Las más de cien mil personas que allí asistieron se fueron aquel día con la miel entre los labios, confiados en que el pase a la final era un hecho. Pero, de manera increíble, los muchachos que apenas si ganaban dinero con esto del fútbol obtendrían una victoria histórica en cada por 3-0 y, gracias al gol como visitante convertido por Kamaras, lograron lo impensado, que era eliminar al dominador del fútbol yugoslavo, dirigidos por aquel entonces por Miljan Miljanic.

El equipo de Miljanic no se rendiría, y mantendría su hegemonía en el país. El segundo intento por quedarse con una competición UEFA llegaría en la campaña 1974-1975 en la siempre apasionante Recopa, aquel torneo disputado solo por los campeones coperos de cada país. Allí nuevamente el Estrella Roja se abrió paso hasta las semifinales luego de eliminar al PAOK de Grecia, al Avenir Beggen de Luxemburgo y al Real Madrid por penales, pero sería esta vez el Fenecvaros de Hungría el que se llevaría el gato al agua con un triunfo por 3-2 en el global.

La década de los 70´ finalizaría con la mayor hazaña hecha por los belgradenses hasta la fecha. Y es que en la Copa de la UEFA eliminaron, sucesivamente, al Dinamo de Berlín de la RDA, al Sporting de Gijón de España, al Arsenal y al West Brom de Inglaterra y al Hertha Berlín de la RFA para pararse cara a cara ante uno de los mejores equipos de aquellos años, los alemanes occidentales del Borussia Monchedgladbach, quienes ganarían la final por un 2-1 en el global (antes esta competencia era la única que se definía a partido y revancha en Europa).
En los 80´ el poderío del equipo se resentiría, y si bien obtendría cuatro títulos, otros como el Partizan, el Dinamo Zagreb o incluso el Sarajevo se atreverían a disputarle el mando, a la vez que en Europa apenas si pudo llegar a cuartos de final en algunas competiciones. No volvería a posicionarse entre los mejores hasta la mágica temporada 1990-1991.

 

La gloria antes de la caída

Los cambios en el Estrella Roja comenzarían a gestarse en 1986, año en el que el Steaua Bucarest traería la primera Copa Europea para los países de detrás del muro, lo que inspiraría a los rojiblancos a buscar lo mismo. De hecho, el plan de los dirigentes Dragan Dzajic y el ex basquetbolista del club (y medallista olímpico con Yugoslavia) Vladimir Cvetkovic era que el Crvena se coronara en Europa en un plazo máximo de cinco años. Y vaya si cumplieron con esta meta.

Ya en 1987 consiguieron llegar hasta los cuartos de final de la Copa de Campeones, venciendo en la ida de dicha instancia al Real Madrid en el colosal Maracaná por 4-2; y si bien caerían en el Bernabéu por 2-0 en la revancha -lo que los eliminaría de la competencia- dejarían en claro que el objetivo era posible.

En esa nueva época dorada el club lograría ganar cuatro ligas yugoslavas (solo el sorprendente Vojvodina lograría quebrar la racha en 1989) y se metería, además, en cuatro finales de copa, aunque solo ganaría la edición de 1990. En aquellos años en los que la institución buscaba consolidarse se fichó, entre otros, a Robert Prosinecki, Dejan Savicevic, Darko Pancev, Miodrag Belodedici (un desertor del régimen de Nicolae Ceasescu) y Sinisa Mihajlovic, subiendo también al primer equipo nombres de la talla de Stevan Stojanovic y Vladimir Jugovic. Esto había quebrado las reglas que tenía históricamente el Estrella Roja, más caracterizado por explotar la cantera antes que por ser un club comprador, aunque las expectativas ameritaban dicha inversión.

En la temporada 1989-1990 el Estrella Roja brilló más que nunca en la Primera Liga, sacándole 11 puntos de ventaja a su escolta, el Dinamo de Zagreb (recordemos que solo se daban dos unidades por victoria), torneo en el macedonio Pancev anotaría la friolera cantidad de 25 goles en 32 encuentros. Además, lograron el único doblete local de aquella gran época al derrotar al otro gran conjunto croata, el Hajduk, por 1-0 (con gol de Pancev, quién sino).

La campaña 1990-1991 sería, sin embargo, extremadamente convulsa, ya que el proyecto del Mariscal Tito de ver a una Yugoslavia fuerte y unida comenzaba a tocar su fin y de la peor forma. Los movimientos independentistas de Eslovenia y Croacia se hicieron cada vez más fuertes e insostenibles, más teniendo a un ser como Slobodan Milosevic en el poder, alguien que buscó darle más poder a Serbia por sobre el resto de las repúblicas yugoslavas. Pero no solo eso fue lo que generó el fin de la nación socialista: el fuerte endeudamiento, una inflación del 217% anual y una desocupación que alcanzaba hasta el 50% en zonas atrasadas serían detonantes fundamentales en lo que acontecería en Yugoslavia en los años sucesivos.

Y en ese clima enrarecido comenzó a prepararse el Estrella Roja para asaltar Europa. Ljupko Petrovic -quién había sido el entrenador del sorprendente Vojvodina-, armó uno de los mejores conjuntos que se recuerdan. Stojanovic (que era el capitán), Sabanadzovic, Najdoski, Belodedici, Marovic; Jugovic, Mihajlovic, Prosinecki; Binic, Savicevic y Pancev fueron la base de un conjunto que haría historia.

El 19 de septiembre comenzó la andadura por el máximo torneo continental, pero el empate a uno en casa ante el Grasshopper suizo hizo saltar las alarmas tanto en la prensa como en los hinchas, que no podían creer que nuevamente se les fuera a escapar el sueño continental, aunque el extremismo duró muy poco, ya que en la revancha el rojiblanco vapuleó a su rival con un contundente 1-4. El siguiente rival sería el Rangers escocés, conjunto que caería sin atenuantes en Belgrado 3-0 y que apenas lograría empatar a un gol en casa. En esa instancia caería, por ejemplo, el Napoli de Maradona ante el Spartak de Moscú soviético, en una muestra de lo dura que era la competencia continental en aquellos tiempos.

En cuartos de final el rival sería el Dynamo Dresden de la Alemania Oriental. Aquí se daría el debut europeo de Mihajlovic, justo en el Maracaná, uno de los estadios más imponentes del Viejo Continente. Los comunistas no serían rival para el Estrella Roja, que ganaría ambos choques con sendos 3-0 para arribar a las semifinales, instancia a la que no llegaron tanto el Milan como el Real Madrid, dos de los mejores conjuntos de la época.

En las semifinales el Bayern Munich de Brian Laudrup sufriría el efecto contragolpeador de los yugoslavos, sobre todo a la dupla letal que formaban Savicevic y Pancev, quienes en Alemania Federal lograrían remontar el gol de Wohlfarth para llevarse a casa un gran 1-2. En Belgrado y ante 80 mil furiosos y animados espectadores comenzaron ganando con tanto de Mihajlovic, aunque Augenthaler y Bender igualaban la serie de manera sorpresiva. Solo el gol en contra sobre la hora del propio Augenthaler le daría al Estrella Roja la chance de disputar su primera final de Copa de Campeones.

Esperaba en la gran final el “conjunto galáctico” del Olympique de Marsella, que contaba en sus filas con nombres de la talla de Manuel Amoros, Basile Boli, Chris Waddle, Jean Pierre Papin, Abedi Pelé y Jean Tigana,. El equipo arribó a Italia (el encuentro se iba a disputar el 29 de mayo en el Stadio San Nicola de Bari) seis días antes del encuentro, para que los jugadores se pudieran concentrar mejor en el partido y no en todo lo que ocurría a su alrededor: dentro del país se acercaba la guerra fratricida, pero a nivel personal muchos comenzaban a ser tentados por clubes “occidentales” que pretendían pagarles lo que nunca iban a poder ganar en su patria.

En la previa del partido los dirigentes fueron organizando distintos encuentros para descontracturar a los futbolistas. Fue así que se presentaron ex jugadores, entrenadores y hasta celebridades. El Estrella Roja, para esas alturas, ya no tenia nada que perder: habían vuelto a ganar la liga (la última que se disputaría como nación íntegra) y perdido con lo justo la copa, con lo que pasase lo que pasase ante el conjunto francés -que era el favorito- ya se podían dar por satisfechos.

Petrovic decidió para este encuentro que el equipo jugaría más a “romper” al Marsella que, a tomar las riendas del partido, lo que derivó lógicamente en una igualdad sin tantos en los 120 minutos de juego. ¿Por qué el entrenador tomó esa decisión, sabiendo que era arriesgada? Porque en la liga yugoslava al ganador se le daban dos unidades, pero cuando había empates los cotejos se decidían desde el punto de penal y al vencedor se le daba el punto correspondiente si ganaban la misma, por lo que tenían más experiencia en esto que los franceses.

Al nacido en Brusnica Velika la táctica le salió a la perfección, ya que los cinco pateadores del Estrella acertaron en sus disparos, mientras que Amoros falló el suyo, lo que terminaría en un 5-3 para los serbios, en uno de los triunfos más impactantes de la historia del torneo, pero a la vez toda una metáfora de aquellos años: Yugoslavia había nacido como una estrella fulgurante, capaz de crear incluso un “tercer mundo” por sobre Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque esto sería algo fugaz. Al conjunto de Belgrado le ocurriría exactamente lo mismo: tenían todo para seguir reinando, pero la caída de Yugoslavia -y la posterior guerra- desmembraría al equipo y recién esta temporada volverían a disputar la Champions League luego de disputar por última vez el torneo en la temporada 1991-1992.

Los últimos momentos de gloria de aquel equipo se darían en los primeros compases de aquella campaña de 1991. Primero les tocó jugar la Supercopa Europea ante el Manchester United de Sir Alex Ferguson el 19 de noviembre. Como la guerra ya había comenzado solo se disputó en un encuentro en Old Trafford, definido con un gol de Brian McClair a los 67´. El mal sabor de boca se lo quitarían el 8 de diciembre, goleando en Tokio al Colo Colo de Chile (dirigidos, curiosamente, por el croata Mirko Jozic, aquel que comandara a la mítica sub-20 yugoslava de Brnovic, Jarni, Boban, Suker, Stimac, y Prosinecki al título mundial de la categoría en 1987) por 3-0, con doblete de Jugovic y un tanto final de Pancev, que ganaría el Balón de Oro aquel año.

Luego, la carrera aumentaría su intensidad, los muertos comenzarían a contarse por miles (al igual que los refugiados), Yugoslavia se desmembraría y también haría lo propio el Estrella Roja, aquel equipo que fue un faro en medio de la oscuridad.

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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