domingo, 20 septiembre, 2020
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Kenji Kimihara (plata en México 1968), Koichi Morishita (plata en Barcelona 1992) y Kokichi Tsuburaya (bronce en Tokio 1964), son los únicos maratonistas japoneses que lograron subirse al podio de los Juegos Olímpicos. Sohn Kee-Chung (oro en Berlín 1936) y Nam Sung-yong (bronce en Berlín 1936), también alcanzaron a ver el sol naciente en una olimpiada; sin embargo, ambos atletas nacieron en Corea y tuvieron que formar parte de la delegación japonesa, con su país estando bajo dominio nipón desde el 22 de agosto de 1910.

Han pasado 124 años desde que se corrió la primera maratón en Grecia (evocando la leyenda del soldado ateniense Filípides, quien corrió 42 kilómetros entre las ciudades de Maratón y Atenas para informar que habían derrotado a los persas en el año 490 a.C.) y quizá muchos no recuerden los nombres mencionados en la primera línea, pero sí el de Shizo Kanakuri, quien tardó 54 años, 8 meses, 6 días, 8 horas, 32 minutos y 20,3 segundos en terminar una carrera iniciada el 14 de julio de 1912 en Estocolmo. Sin ninguna duda, un récord inigualable y una de las historias deportivas más sorprendentes del Siglo XX.

Kanakuri nació el 20 de agosto de 1891 en Nagomi, prefectura de Kumamoto, y desde muy pequeño se mantuvo ligado al deporte. Tiempo después, tras la culminación de los JJOO de Londres 1908, Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos y presidente del Comité Olímpico Internacional, no tuvo mejor idea que nombrar a Jigoro Kano (creador del judo) miembro del COI. Posteriormente, el honorable doctor japonés se encargó de expandir el atletismo por todo su territorio, con la misión de enviar una delegación a los próximos Juegos.

Premio al esfuerzo, el 19 de noviembre de 1911 se realizaron las pruebas clasificatorias impulsadas por Kano y es allí donde emergió -como el sol entre las colinas- la leyenda de Shizo Kanakuri, terminando la carrera con un tiempo de 2:32’45 (superando el récord mundial del sueco Thure Johansson con 2:40’34). Sin embargo, dicha marca no es considerada oficial, ya que la prueba se disputó sobre los 40 kilómetros y no sobre los 42’195 establecidos en Londres 1908 tras el capricho de la reina Alejandra de Dinamarca, esposa de Eduardo VII, que ordenó la partida olímpica frente al palco presidencial del castillo de Windsor.

Con los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912 a la vuelta de la esquina, Japón decidió enviar a dos jóvenes universitarios al magno evento: Yahiko Mishima (26), velocista y estudiante de la Universidad Imperial de Tokio, y al propio Kanakuri (20), maratonista y alumno de la Universidad de Tsukuba. Hyozo Omori (entrenador) y Jigoro Kano (presidente de la delegación japonesa), también formaron parte de la travesía que duró 18 días. Previamente, desembarcaron en el puerto de Vladivostok, Rusia y posteriormente se treparon al famosísimo Transiberiano, continuando su camino hasta llegar a Suecia.

 

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Kanakuri, exhausto por el viaje, tardó cinco días en recuperarse. No obstante, el agotamiento no fue el único inconveniente evidenciado en su cuerpo, ya que días más tarde, presentó serios problemas estomacales (alteraciones gástricas) debido a la falta de adaptación a la gastronomía local. El cambio de sede (la maratón no se llegó a disputar en el mismo centro de Estocolmo y se tuvo que mudar al norte de la capital, más precisamente en Sollentuna) y las altas temperaturas, también se presentaron como serios obstáculos para el maratonista japonés antes de iniciar la maratón.

Finalmente llegó el día. 68 maratonistas de diversas partes del mundo se dieron cita en Sollentuna, en el barrio de Rotebro, e iniciaron su camino hacia el estadio Olímpico de Estocolmo bajo un intenso sol y unos 25°. La gran mayoría de atletas decidió cubrirse con sombreros y toallas húmedas. Pero este no fue el caso de Kanakuri, quien emprendió su marcha sin ninguna protección. Más adelante, los corredores comenzaron a presentar serios problemas de hipertermia debido a las altas temperaturas. 

Por su parte, el japonés sufrió un desmayo entre los kilómetros 26 y 27 a causa de los intensos golpes de calor. Después de varios minutos, Kanakuri fue auxiliado por una familia de la zona. Cuando despertó, sintió tanta vergüenza por haberle fallado a su país, que no dudó y rápidamente se dirigió hacia su hotel. Allí, recogió sus cosas y abandonó Suecia sin avisar a nadie. Por tal motivo, los jueces de la competición consideraron que el japonés se había retirado de la carrera, como la gran mayoría de los competidores, mientras que las autoridades locales lo incluyeron en la lista de desaparecidos.

A pesar de su mala experiencia en la capital sueca, Shizo Kanakuri continuó entrenándose y nuevamente fue seleccionado para representar a Japón en los Juegos Olímpicos de Berlín 1916, evento que finalmente no se realizó tras el estallido de la Primera Guerra Mundial. En 1920, participó en los JJOO de Amberes y finalizó en la decimosexta posición con un tiempo de 2:48’45. Cuatro años más tarde, el nacido en Nagomi acudió a Paris y se retiró a mitad de la carrera. Los sendos fracasos olímpicos no impidieron que Kanakuri continuara ligado al deporte: es más, fueron de vital importancia para su futuro.

Fue impulsor de la Hakone Ekiden (1920), una tradicional carrera de relevos en Japón. Además, fue uno de los primeros atletas en entrenar en la altura, motivos estos por los cuales fue considerado como «el padre de la maratón» en su tierra. En 1962, Suecia se preparaba para celebrar el 50° aniversario de los JJOO de Estocolmo, cuando un periodista local se encontró con cientos de archivos, entre ellos, el de Kanakuri. Asombrado por la «desaparición» del atleta, el sueco se encarnó en una intensa búsqueda hasta que finalmente encontró a su hombre: un profesor jubilado de geografía, que vivía con su familia en la ciudad de Tamana y que aceptó a contarle su historia.

Cinco años después, la televisión sueca y el Comité Olímpico de Suecia se pusieron en contacto con Kanakuri y lo invitaron a completar la carrera con motivo del 55° aniversario de los JJOO de Estocolmo. El japonés, con 75 años, seis hijos y varios nietos, aceptó el reto. Debido a su avanzada edad, solo dio una vuelta por el estadio –vestido de traje- y cruzó la línea de meta con un tiempo de 54 años, 8 meses, 6 días, 5 horas, 32 minutos y 20,3 segundos. Seguidamente, se llevó la ovación y los aplausos de los curiosos que se dieron cita en aquella histórica jornada.

Luego de finalizar su gesta, Kanakuri bromeó y confesó que «ha sido una carrera larga. Por el camino, me casé, tuve seis hijos y diez nietos». Finalmente, la vida del japonés se terminó el 13 de noviembre de 1983 en Tamana, Kumamoto, Japón. Hace unos años, en conmemoración del 50° aniversario de la simbólica llegada de Shizo, los suecos realizaron otra carrera e invitaron al nieto del legendario maratonista. Para ello, se acordó que el descendiente de Kanakuri partiera desde el mismo kilómetro donde fue auxiliado su abuelo y recibiera la ayuda de la nieta de la persona que lo auxilió en 1912.

 

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liverpool news 07/09/2020 at 10:25

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