lunes, 2 agosto, 2021
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Cuando hablamos de leyendas del tenis seguramente se nos vengan a la cabeza nombres como los de Federer, Nadal, McEnroe, Borg, Navratilova, Evert, Serena Williams o Graf. Y es que tenemos sumamente normalizado el hecho de ver los torneos del deporte blanco por televisión, con una gran cantidad de certámenes y hasta contando con coberturas especiales durante los Grand Slams, la Copa Davis o el Masters de fin de año. Pero si a esta pregunta la trasladamos a otra modalidad del tenis, específicamente a la que se disputa en silla de ruedas, entonces seguramente nos quedemos en nada ya que, mediáticamente, esta disciplina (como todas las paralímpicas) poco y nada aparecen en los grandes medios, algo que dificulta la forma en la que estos deportistas pueden darse a conocer.

Si se comienza a indagar un poco acerca de la historia del Wheelchair Tennis nos encontraremos con que existe una mujer que no solo ha ganado todos los certámenes que quiso, sino que lo ha hecho arrasando con sus rivales de una forma en la que ni los o las mejores deportistas de todos los tiempos han podido siquiera imaginar. Hablamos de la neerlandesa Esther Vergeer, la indiscutida GOAT de este deporte.

Nacida un 18 de julio de 1981 en Woerden, la infancia de Vergeer fue especialmente dura. A los seis años ella, tras una clase de natación, comenzó a sentirse mareada y finalmente perdió el conocimiento. Aquel sería el inicio de una serie de desventuras que la llevarían al hospital en más de una ocasión. Cuando la trasladaron al médico descubrieron que tenía en el cerebro una gran acumulación de líquidos y una hemorragia cerebral. Tras unos tratamientos fue dada de alta a las seis semanas, aunque el final no fue ese: dos años después, Esther comenzó a sentir un gran dolor de cabeza y de cuello y una intensa presión en los ojos, aunque los médicos no encontraron nada y, nuevamente, la enviaron a su hogar. 

En octubre de 1989 (poco después de aquel alta) los dolores retornaron, pero ahora en la ingle. En la Navidad de ese año sufrió un derrame cerebral y volvieron a colocarle una derivación en el cerebro -este procedimiento sirve para drenar el líquido que se acumula en esa zona y en la médula espinal- igual que cuando tenía seis años.

Tras esto, los doctores por fin pudieron encontrar la causa de los problemas que sufría la niña: Vergeer tenía una mielopatía vascular alrededor de su médula espinal. El 15 de enero de 1990 la operaron para solucionar el problema, aunque con un gran costo: no pudo volver a utilizar sus piernas debido a una negligencia médica, otra más sufrida por la pequeña en aquellos años. Sin embargo, un hecho como este, que podría destruir mentalmente a la mayoría de las personas, solo la hizo más fuerte. 

Vergeer, que hasta entonces no era tan amante de hacer deportes, comenzó su nueva vida en la rehabilitación, practicando baloncesto, vóley y tenis. Curiosamente, su primer amor no estuvo en la pelotita verde, sino con la gigante naranja, donde inclusive llegó a disputar –y ganar- el Campeonato de Europa con los Países Bajos en 1997. “Me di cuenta enseguida de que podría hacer mucho más en una silla de ruedas de lo que jamás había pensado. Lo intenté todo en aquella época” le expresó al sitio Hoy Mujer.

Pero al mismo tiempo que botaba un balón en el parquet, también golpeaba otro con una raqueta en pistas de cemento. En 1996 ganó su primer título en su patria, en el torneo de Tilberg. Su crecimiento sería sostenido, metiéndose de a poco en la discusión con las mejores, ganando su primer torneo de Maestras en 1998 (mismo que tuvo su nombre de manera ininterrumpida hasta el 2011) y su primera Copa del Mundo, llegando al primer lugar del ranking un 6 de abril de 1999. 

Su primer gran golpe, sin embargo, lo dio en su evento favorito: los Juegos Paralímpicos. Vergeer, ya dedicada completamente al tenis en silla de ruedas, viajó a Sydney en el 2000 con toda la ilusión a cuestas, aunque nadie se imaginó el show que dio luego en tierras australianas: Branka Pupovac, Brigitte Ameryckx y sus compatriotas Maaike Smit y Sharon Walveren cayeron sin poder sacarle siquiera un set a la holandesa. De hecho, apenas cedió 10 games durante aquellos cuatro duelos. También se llevaría el dobles junto a Smit, derrotando a las australianas Daniela Di Toro y Pupovac.

En 2002, levantó su primer Grand Slam en singles (Australia) y en el 2003 arrancó su famosa racha, una de las más impresionantes de la historia del deporte. La tenista, tras caer ante la australiana Di Toro el 30 de enero, mantuvo un invicto que duró nada más ni nada menos que 10 años, en los cuales ganó 120 torneos y 470 partidos. Entre sus lauros se encuentran los Masters, 22 Grand Slams (10 Abiertos de Australia y 6 US Open y Roland Garros. Wimbledon recién comenzaría a tener sus torneos en el 2016) y 11 Mundiales. Y todo eso sin contar los 27 torneos grandes cosechados en pareja. 

En Atenas 2004 la demostración de fuerza de Esther sería incluso mayor, ya que logró colgarse el oro con una pasmosa facilidad, venciendo a Kimberley Blake, Pi Wen Lu, Sakhorn Khanthasit y Florence Gravellier en el proceso antes de humillar nuevamente a una compatriota (Sonja Peters) en la final, la cual se llevó con un cómodo 6-2 y 6-0. Cinco partidos y apenas 11 games recibidos, con 4 sets dejando en blanco a su rival. En el dobles volvió a hacer dupla con Smit para llevarse otro entorchado dorado, en este caso ante la pareja tailandesa compuesta por Khanthasit y Ratana Techamaneewat.

“Cada día quiero ser mejor que el anterior y la gente que tengo alrededor me motiva a ello”. Vergeer, pese a su éxito, seguía entrenando duro, como si aún no hubiera conseguido nada. Sus ansias de ganar la empujaban siempre a dejarlo todo y, además, entender cómo despejar su mente en los peores momentos gracias a que también practicaba yoga y practicaba meditación. 

Sin embargo, todos aquellos que dominan el deporte terminan atravesando un momento de duda. En algún momento se debe caer, no se puede estar en la cima de manera ininterrumpida. Y aquello estuvo cerca de sucederle en la final de Beijing en el 2008. Otra vez el camino había sido todo color de rosas hasta la definición, derrotando a Di Toro, Katharina Kruger, Dong Fuli y Jiske Griffoen, cediendo solo 6 games. El último partido fue ante la segunda preclasificada, Korie Homan, su gran rival por aquellos tiempos tanto en singles como en dobles. 

 

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Vergeer se llevó el primer set por 6-2 y todo parecía indicar que íbamos a ver la misma historia de siempre. Pero no: Homan, también nacida en la tierra de los tulipanes (sin dudas, los Países Bajos han apostado mucho a los deportes paralímpicos, siendo una de las naciones top), logró sacar su fuego interior y quemar a su compatriota, ganando la segunda manga por 6-4. El público, incluso el que no conocía mucho sobre el tenis en silla de ruedas, sabía que lo que acababan de presenciar era algo impresionante. Pero eso no era todo: Korie se fue arriba 4-5 y 0-30 en el último set. Ese parecía ser el fin para Vergeer, que contaba con el saque, pero no con la ventaja a su favor. Incluso, tras ganar dos puntos, volvió a quedar abajo, pero esta vez 30-40, lo que podía significar el triunfo de su rival y el final del invicto. 

Fue en esos momentos de tensión donde la meditación y el tener la mente tranquila salvó a Vergeer, que logró remontar el duelo, ganando 7-6 (7-5) en el tie break. Esther pegó el grito de su vida. Pero su despertar fue todavía más grande. Homan, al menos, se dio el gusto en dobles, donde junto a Walraven ganaron ante la dupla compuesta por Vergeer-Griffoen en tres sets. Aquella fue la única medalla de plata de la neerlandesa en sus cuatro Juegos.

Uno podría pensar que en Londres 2012 el nivel de la europea hubiera bajado o que, al menos, sus rivales le hicieran más fuerza. Pero nada más lejos de la realidad: Kanato Domori, Kruger, Khanthasit, Griffonen y Aniek van Koot (en una final resuelta con un 6-0 y 6-3, no fuera cosa de volver a pasar sufrimiento) cayeron sin poder ofrecer resistencia. De hecho, entre todas solo pudieron sacarle apenas 7 games. En dobles, por su parte, se llevó otra presea dorada (la séptima en ocho eventos que disputó), en este caso teniendo como pareja a Marjolein Buis, con quien derrotó a la dupla Griffonen-Van Koot. 

Esther se retiró un año más tarde, sin haber conocido la derrota en singles en 10 años y con un récord total de 695 triunfos y apenas 25 derrotas, aunque todas estas acontecieron entre 1996 y 2003. En dobles tampoco le fue mal: 441 victorias y solo 35 caídas, llegando a ser también la número uno. Ganadora de dos Premios Laureus y del Fanny-Blankers Koen a la trayectoria, sin dudas estamos en presencia de una de las mejores deportistas de todos los tiempos. Sin tanta fuerza mediática, es cierto, pero los resultados no dependen de lo que digan los periódicos, sino de la propia capacidad de los atletas. Y Vergeer, sin dudas, está a la altura de las y los más grandes.

Fuentes:

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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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