viernes, 3 abril, 2020
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En su faceta de profesor, el periodista Ariel Scher acostumbra decirle a sus alumnos “cuando vayan a la cancha de Huracán averigüen quién fue Tomás Adolfo Ducó, porque antes de ser un estadio fue una persona”. El motivo es que, aparte de ser quien le da el nombre a la casa del “Globo” de Parque Patricios, y de haber sido su presidente durante la construcción del mismo, Ducó había sido partícipe de la “Revolución del 43” que derrocó al por entonces mandatario Ramón Castillo.

Sin embargo, y más allá de este caso particular, muchas de las personas que luego se “convirtieron en estadio” en Argentina eran en su mayoría dirigentes de los clubes que le han puesto ese nombre (Alberto J. Armando en Boca, Antonio V. Liberti en River, Pedro Bidegain en San Lorenzo), y parte de los demás eran parte importante de la historia argentina (José de San Martín en Santamarina de Tandil, o Estanislao López en Colón de Santa Fe). Muy pocos de ellos terminaron con el nombre de algún protagonista de este deporte. Sin embargo, éstos fueron suficientes como para poder juntar 11 y armar un equipo “a la antigua”, el cual toma como referencia el primigenio sistema táctico de 2 defensas, 3 mediocampistas y 5 atacantes, más, claro está, el arquero.

¿Quienes son los que conforman este XI de honor?

Arquero

  • Ubaldo Matildo Fillol (San Miguel -SM del Monte, Buenos Aires-)

Solamente hay un estadio con el nombre de un arquero. Y es el del modesto San Miguel de la localidad bonaerense de Monte, un equipo que se desempeña en la Liga Lobense de Fútbol, en el ascenso del interior profundo. El campo se encuentra enfrente del cementerio municipal, y posee apenas una grada. 

Ese club fue el que lo vio nacer como arquero, tras probarse en prácticamente todas las posiciones. El resto terminó siendo historia, y de la buena: con 15 años se sumó a Quilmes para continuar con su formación, y en 1969 tuvo su debut profesional. Si bien ese arranque no fue promisorio, ya que había sufrido un 6-3 en contra Huracán, los años posteriores lo vieron convertirse en probablemente el mejor guardavalla de la historia argentina. Ganó 7 títulos locales con River, una Supercopa con Racing y fue pieza fundamental para que Argentina fuese campeón en 1978, con un par de atajadas fundamentales en la final contra Holanda.

Defensores

  • Oscar Ruggeri (Social Corralense -Corral de Bustos, Córdoba-)

El “Pato” no fue el único campeón del mundo que se convirtió en profeta en su tierra, ya que el “Cabezón” también fue homenajeado en la ciudad donde creció, Corral de Bustos. Social Corralense es uno de los dos equipos principales de dicha ciudad (el otro es Sporting, donde surgió Carlos Aimar, aquel ex jugador y entrenador de paso por clubes argentinos y españoles y uno de sus compañeros en el programa ¨90 Minutos de Fútbol¨ de la cadena Fox Sports), y fue donde se inició. Actualmente este club se encuentra disputando la Liga Regional del Sur de la provincia mediterránea.

Tras esos primeros pasos en Corralense, alternó en las inferiores de Rosario Central y de General Paz Juniors, hasta que debutó en Boca, donde arrancó una trayectoria que tuvo como pináculo la consagración en el Mundial de México 1986. Al día de la publicación de esta nota, es el séptimo jugador con más presencias con la albiceleste con 97 cotejos (aunque caerá al octavo lugar debido a que empata en la tabla con Sergio Agüero), y fue capitán de la selección durante las últimas dos Copas América que ganó Argentina (1991 y 1993) y, tras la suspensión a Diego Maradona, en el Mundial de 1994.

  • Marcelo Alberto Bielsa (Newell’s Old Boys -Rosario-)

El “Loco” es uno de los entrenadores argentinos más influyentes, y fue Newell’s el lugar que lo vió estrenarse en el banco de suplentes. Con un equipo integrado en su gran mayoría por jugadores del riñón del club (incluso a varios los tuvo a cargo en las inferiores de la Lepra), logró consagrarse en la temporada 1990-91 tras ganar el Torneo Apertura e imponerse por penales en la final ante Boca (ganador del Clausura), en el Clausura 1992, y quedó a las puertas en la Copa Libertadores de ese mismo año, cuando cayeron por penales ante el Sao Paulo de Telé Santana. Siendo una figura tan importante tanto en lo deportivo como en su sentido de pertenencia, el club decidió que el Coloso del Parque Independencia lleve su nombre a partir de 2009.

Antes de su dilatada trayectoria como entrenador, había sido un defensor prometedor, incluso con paso en las selecciones juveniles argentinas (de hecho, fue considerado en el XI ideal del Preolímpico de 1976). Pero las lesiones hicieron que su carrera dure cuatro años, ya que, tras arrancar con los rojinegros en 1976, y luego irse a Instituto de Córdoba en 1978, se retiró en 1980 en Argentino de Rosario, donde anotó su único gol.

Mediocampistas

  • Víctor Antonio Legrotaglie (Gimnasia y Esgrima -Mendoza-)

En épocas en las que la competencia a nivel nacional se mantenía todavía dividida por zonas geográficas, los Torneos Nacionales fueron, durante los 60′ y los 70′, el escaparate para conocer a equipos y jugadores por fuera del radar de aquellos que están directamente afiliados a la AFA (los clubes del área Metropolitana de Buenos Aires y de Rosario). Uno de esos clubes era Gimnasia y Esgrima de Mendoza, que disputó este certamen en nueve ocasiones, tras ganar el regional clasificatorio de aquellos años.

En varios de ellos Legrotaglie fue protagonista, destacándose como un volante lujoso y de buena pegada. Eso hizo que su nombre se empiece a escuchar con frecuencia en Buenos Aires, más aún tras haber sido tapa de la histórica revista El Gráfico en 1971, e incluso se había hablado del interés del Real Madrid, el Inter de Milán y el New York Cosmos para tenerlo en sus filas; no obstante, “el Víctor” se negó a dejar su provincia. Su trayectoria con el Mensana, con el que consiguió tres ligas provinciales, fue recompensada en el mismo 1975, cuando bautizaron con su nombre al estadio del club, con capacidad para 14 mil espectadores. Igualmente, su relación con la institución continuó al ser DT interino en varias ocasiones, y luego, al convertirse en vicepresidente segundo del club.

  • Julio César Villagra (Belgrano -Córdoba-)

El estadio del “Pirata” cordobés rinde tributo a un futbolista al cual se le puede considerar como un “obrero” del fútbol. Debutó en 1982 y durante nueve años se erigió como un símbolo en el club de Barrio Alberdi, el cual estaba atravesando épocas difíciles, tanto en lo económico como en lo deportivo. Este mediocampista disputó con los celestes 316 encuentros y anotó 24 goles, y disputó con ellos Liga provincial, Regional, Nacional B y Primera. En esta última categoría “La Chacha” jugó apenas un partido, frente a River, y esa fue su despedida del club, ya que los dirigentes le dieron el pase libre.

Más allá de que su carrera continuó en Racing de Nueva Italia (Córdoba) y en Municipal de Perú, una fuerte depresión hizo que se dispare a sí mismo el 13 de septiembre de 1993, dejando dos días después el mundo terrenal. A los pocos meses de su fallecimiento los dirigentes de Belgrano rebautizaron con su nombre al “Gigante de Alberdi”, que puede albergar a 32 mil aficionados.

  • Diego Armando Maradona (Argentinos Juniors -Buenos Aires-)

¿Qué habría pasado si un niño de ocho años de Villa Fiorito no hubiese pasado por Parque Saavedra un sábado de marzo de 1969? Quizá habría vestido otros colores que no sean el rojo del club de La Paternal. Aquella tarde fue la primera vez en que él y el Bicho cruzaron sus caminos gracias a una prueba organizada por Francisco Cornejo, a la que fue por recomendación de “Goyo” Carrizo, vecino del Diego y 9 del equipo que en el futuro iba a ser “Los Cebollitas”.

Tras deslumbrar a “Francis”, se vistió con la camiseta de Argentinos Juniors durante los siguientes 11 años. Primero, con aquel equipo de la Categoría 60, luego siendo la “atracción” de los entretiempos de los partidos disputados en Boyacá y García, cuando aún era de tablones, más tarde estrenándose como profesional en aquel partido contra Talleres, con el caño a Juan Domingo Cabrera, hasta acumular una estadística de 166 partidos y 116 goles (segundo máximo goleador del club) en cinco temporadas. Más allá de que su carrera iba a estar ligada también con otras camisetas, su “primer amor” en 2004 rebautizó con su nombre al novel estadio de cemento, el cual alberga 26000 espectadores. Irónicamente, pudo haberlo visitado como entrenador de Gimnasia y Esgrima La Plata, pero su llegada se dio en el partido siguiente a cuando Hernán Darío Ortíz, su antecesor, dejó el cargo tras caer contra los comandados por Diego Dabove. Cabe destacar que, además, tiene una tribuna con su nombre en el Marcelo Bielsa de Rosario.

Delanteros

  • Gabino Sosa (Central Córdoba -Rosario-)

El “Payador de la Redonda” fue una importante figura de los finales del amateurismo y los inicios del profesionalismo. La camiseta del “Charrúa” fue la única que vistió durante los 24 años que duró su carrera, a pesar del canto de sirena de los clubes bonaerenses que querían tenerlo en sus filas. Allí fue donde logró dos títulos regionales en 1932 y 1936, antes de que los gigantes Newell’s y Central se afiliasen directamente a la AFA, además de la Copa Beccar Varela 1934 frente a Racing.

Más allá de lo hecho en el club de Barrio Tablada, integró la selección argentina en 14 encuentros, incluyendo los de la Copa América 1921, donde se consagró campeón, y la de 1926, donde en un partido ante Paraguay anotó 4 de los 8 goles del equipo. Afortunadamente para él, recibió en vida el homenaje de su club, ya que la oficialización del nombre del estadio de Central Córdoba de Rosario, con capacidad para 10 mil espectadores, fue en noviembre de 1969, y su fallecimiento el 2 de marzo de 1971.

  • José Manuel Moreno (Deportivo Merlo -Merlo, Buenos Aires-)

El club de Parque San Martín fue el destino final para uno de los grandes cracks del fútbol argentino. Fue integrante de La Máquina, la mítica delantera de River Plate, en donde fue un prototipo de enganche, abasteciendo a sus compañeros, o bien siendo él quien definía las jugadas. A pesar de su fama de noctámbulo, tuvo una carrera larga, y si bien en el club de Núñez fue donde obtuvo su mayor reputación, ha jugado también en México (de ahí surgió el apodo “Charro”), Chile y Uruguay.

Al retirarse se afincó en Merlo, donde conoció a Manuel Gutiérrez, dirigente del Deportivo, quien le convenció de dirigir al club, en ese entonces en la tercera división, en 1976. Estuvo a cargo durante dos años, más precisamente hasta su muerte, el 26 de agosto de 1978. Inmediatamente después, el estadio de los “Charros” (apodo surgido, claro, a partir de que Moreno se hizo cargo del equipo), con capacidad para 10 mil espectadores, pasó a rendirle tributo al hombre que, horas después de comer un puchero con vino se encargaba de humillar rivales.

  • Juan Gilberto Funes (La Punta -San Luis-)

Explosión. Eso es lo que definió la trayectoria del “Búfalo” puntano. Su velocidad y fuerza fueron determinantes en su estilo. En los clubes en donde militó no estuvo mucho tiempo, pero terminó dejando su huella: tras arrancar en Huracán, Newbery y Estudiantes de su provincia natal, y en Sarmiento de Junín, explotó en Gimnasia de Mendoza, donde obtuvo la liga local en 1983. Al año siguiente pasó a Millonarios de Bogotá, donde en un semestre anotó 32 goles. En 1986 fue quien marcó el gol que le dió a River la Copa Libertadores, además de participar en la Intercontinental de ese año y la Interamericana del siguiente. 

Tras pasar por Olympiacos de Grecia y Nantes de Francia, cuando iba a ser traspasado al Niza sonó la primera alarma, ya que se le detectó una afección cardíaca. Si bien continuó su carrera en Vélez, sus problemas coronarios continuaron, lo que obligó a retirarse en 1990. Lamentablemente, su cuadro se fue agravando, hasta que su corazón dijo basta un 12 de enero de 1992, con apenas 28 años. 12 años después, en marzo de 2003, en su San Luis natal, más precisamente en la ciudad de La Punta, se inauguró el estadio provincial, con capacidad para 15 mil personas, el cual era el más grande de la provincia hasta la inauguración del Único de Villa Mercedes. Al igual que Maradona, también tiene una tribuna con su nombre, en este caso en el Víctor Legrotaglie mendocino.

  • Ernesto Cucchiaroni (Mitre -Posadas, Misiones-)

En los años 50′ muchos argentinos se fueron al fútbol italiano: los “carasucias” Humberto Maschio, Enrique Sívori y Antonio Angelillo, Ernesto Grillo (el del ¨gol imposible¨ a Inglaterra más recordado hasta la aparición de Maradona en el 86′), y este artillero misionero. “Tito” se inició en Bartolomé Mitre de Posadas, con el que se consagró en la liga provincial en 1947. Dos años después iría a Buenos Aires para jugar con Tigre, donde anotó 51 goles. Tras ello, además de ser campeón de América con la selección nacional, pasó a Boca en 1955. Dos años después se embarcó a Italia junto con Grillo para jugar en el AC Milan.

Más allá de una campaña discreta con los rossoneri, en Sampdoria logró destacarse al anotar 40 tantos. Se retiró en 1963 y regresó al país para ser entrenador, pero en 1971 fue víctima de un accidente de tránsito. Mitre, su club de orígen, decidió rebautizar a su estadio de 8 mil personas con su nombre. Es más, el “Gigante de Rocamora” se encuentra situado, justamente, en la calle Ernesto Cucchiaroni.

  • Mario Alberto Kempes (Córdoba)

A diferencia de sus compañeros de ataque de este seleccionado, Kempes sí pudo recibir su tributo en vida, impulsado por el periodista Claudio Menditto, cuando en 2011 se concretó la remodelación del Estadio Olímpico Córdoba del barrio Chateau Carreras, con capacidad para 57 mil hinchas. El “Matador” de Bell Ville fue, casi sin dudas, el mejor futbolista surgido de la provincia mediterránea. Sorprendió en su debut con Instituto en 1972, en 1974 se recibió de ídolo en Rosario Central, al punto que una vez Roberto Fontanarrosa lo calificó como el mejor futbolista que vio con la camiseta canalla. En 1976 pasó al Valencia español, en donde anotó en 146 veces para convertirse en el tercer máximo goleador de la historia “che”, y salir campeón de una Copa del Rey, una Recopa de Europa y una Supercopa de Europa. Su paso por River en 1981 fue efímero, pero le alcanzó para ganar el Nacional 1981.

Pero su momento de gloria fue en 1978, cuando, con una muy buena segunda ronda, y dos apariciones en las redes en la final, se consagró campeón, goleador y figura del Mundial disputado en Argentina, uno de los tres que jugó (también dijo presente en Alemania Federal 1974 y España 1982). Irónicamente, fue Kempes el que anotó el primer gol en la historia de este estadio, cuando en mayo la selección de Menotti disputó un amistoso contra un combinado de futbolistas cordobeses.

Entrenador

  • José María Minella (Mar del Plata)

Más allá de haberse destacado como mediocampista tanto en Gimnasia y Esgrima La Plata, donde integró el Expreso Platense que quedó a las puertas del campeonato, como en River, donde compartió equipo con La Máquina, tuvo una trayectoria exitosa como entrenador, justamente en el “Millonario”. Fue en su momento el entrenador riverplatense más laureado, ya que logró 6 campeonatos de primera división, una Copa Ibargüen, y una Copa Aldao. También llegó a dirigir al seleccionado nacional, con el que consiguió la Copa de las Naciones de 1964, cuando derrotó a Brasil (vigente bicampeón mundial), Inglaterra (futuro vencedor de la Copa Jules Rimet) y Portugal (a la postre revelación del Mundial dispuado en tierras británicas). Tras su fallecimiento en 1981, el periodista Mario Trucco tomó la iniciativa para pedir que el estadio de la ciudad inaugurado para el Mundial 78 lleve su nombre. El cambio pudo concretarse, y así dejó de ser el “Estadio Mar del Plata” o el “Estadio Mundialista”, tal cual lo llamaban coloquialmente.

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Santiago Ludueña
Periodista deportivo, aunque también pueden decirle Licenciado. Escribió un libro, el árbol y el hijo aún los debe. Fanático de los deportes, pero también de los libros. Colaboró en varias revistas y webs.

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