miércoles, 14 abril, 2021
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Enzo Francescoli (Montevideo, 1961) siempre fue una persona introvertida, vergonzosa y de pocas palabras. Él, al igual que otros extraordinarios futbolistas, decidió hablar dentro del campo: con goles y títulos bajo el brazo. Enzo, desde muy pequeño, demostró sus virtudes con el balón. Gracias a su estilo clásico y elegante, fue apodado «El Príncipe», como Aníbal Ciocca, referente del fútbol charrúa durante los años 30 y 40.

Mucho antes de llegar a convertirse en uno de los máximos ídolos de River Plate y uno de los grandes protagonistas del fútbol sudamericano durante la década del 90, el uruguayo probó suerte en las inferiores de River Plate (U) y Peñarol. Posteriormente fue contratado por Montevideo Wanderers, club que lo cobijó en su adolescencia y le permitió debutar en primera división. 

Los inicios de Francescoli siempre fueron un tema de conversación, incluso se tejieron varias hipótesis, hasta que un día el otrora futbolista charrúa se encargó de aclararlo en una entrevista a El Gráfico. «Un día me probé en River (Uruguay), quedé, pero falté a la segunda cita porque preferí seguir con mis amigos. Yo iba a un Colegio Salesiano y con el equipo de ahí salimos campeones cinco años seguidos. Con Peñarol pasó lo mismo. Fui a Las Acacias, había 6 mil pibes, toda la tarde mirando, jugué 20 minutos y Mosquera dijo: “Anotá al flaquito”. Había pasado el primer filtro. A la salida, le dije a mi viejo: “No sé si voy a venir, pá, otra vez mirar toda la tarde no quiero”. Y no fui». 

Más adelante, el nacido en Montevideo contó cómo se dio su llegada al cuadro bohemio. «Estaba en mi último año de colegio y un amigo del barrio, Gustavo Perdomo, jugaba en las inferiores de Wanderers. También jugábamos en la esquina. “El nuestro es un cuadrazo, los agarramos a los de Wanderers y les hacemos cinco”, le dije, bien de barrio. Hicimos un partido, me vieron jugar y me vinieron a hablar Martiarena y Giacoia, dos personas a las que respeto mucho. Me propusieron fichar, y como terminaba el colegio, acepté. Aparte iba con mi amigo». 

Francescoli llegó a la Ciudad de la Furia en 1983 luego de una complicada serie de negociaciones. Su debut se produjo el 24 de abril con una victoria (1-0) sobre Huracán en el mismísimo estadio Monumental. “Llegó, jugó, demostró cuánto vale, pero necesita el aliento de todos… ¡Este chico 10 tiene todo lo que hay que tener!“, indicó la revista River dos días más tarde. “Promisoria presentación de este joven valor de 21 años. En el minuto inicial hizo gala de todo su talento dejando dos hombres en el camino y forzando a un tercero en la cesión de un tiro de esquina. Arrancó bien con el pie derecho, pero hay que seguir analizándolo y tener un poco de paciencia“, agregaron. 

Meses después, Francescoli no logró adaptarse al 100% y fue duramente criticado por la prensa argentina. Sin embargo, se convirtió en la figura de la selección uruguaya que consiguió la Copa América 1983 (sin sede fija). Enzo fue elegido el mejor jugador de torneo e incluso anotó un gol de tiro libre en la final contra Brasil en el mítico estadio Centenario. Un año más tarde, el América de Cali intentó ficharlo, pero el uruguayo pidió una cifra estratosférica y el conjunto colombiano desistió de su idea. El rendimiento de Enzo fue creciendo considerablemente y fue determinante para que River Plate se consagre campeón de la temporada 1985-86. El flaco de ojos saltones fue pieza clave y marcó un total de 25 tantos.  

Sin lugar a dudas, el 8 de febrero de 1986 debe ser una de las fechas más recordadas por El Príncipe. Aquella jornada, en Mar de Plata, se disfrazó de Miguel Ángel o Sandro Botticelli (queda a gusto del lector) y dibujó una autentica obra de arte: golazo de chalaca ante Polonia. Una vez finalizado el Mundial de México, Francescoli decidió probar suerte en el viejo continente y fue contratado por el Racing de París. En ese transcurso también ganó su segunda Copa América en Argentina (1987). Después de tres temporadas cambió de ciudad y fichó por el Olympique de Marsella, donde sumó un nuevo título y es ídolo. Finalmente, su travesía en Europa terminó en Italia, vistiendo las camisetas del Cagliari y Torino, respectivamente.  

A mediados de 1994, River Plate decidió repatriar al uruguayo. Así, un 7 de octubre, Francescoli volvió a pisar el gramado del estadio Monumental y convirtió un tanto en el empate (2-2) frente a Nacional de Montevideo por los octavos de final de la Supercopa Sudamericana. Al final de la temporada, el cuadro millonario se quedó con el Torneo Apertura y el charrúa contribuyó con 12 tantos. Precisamente, su última conquista llegó ante a Boca Juniors en La Bombonera. Ese día, el equipo del Tolo Gallego se quedó con un histórico triunfo (3-0) en la casa del eterno rival y quedó a puertas de una nueva consagración.  

Curiosamente, y a pesar de haber conseguido dos Copa América, Francescoli no era del agrado del hincha uruguayo, que lo resistía y lo miraba con cierto desasosiego. En julio de 1995, Uruguay albergó el torneo más importante a nivel de selecciones de Sudamérica y conquistó su decimocuarto título. Enzo fue clave en los primeros partidos del Grupo A y anotó en los triunfos sobre Venezuela (4-1) y Paraguay (1-0), respectivamente. Luego, la celeste igualó con México y se deshizo de Bolivia (cuartos de final) y Colombia (semifinales) antes de llegar a la gran final. Allí, se vio las caras con Brasil. Tal y como estaba previsto, el partido se jugó con mucha intensidad y se tuvo que definir desde el punto de penal. Francescoli pateó el primero y encaminó a su selección rumbo a la gloria. 

Tal y como había ocurrido en 1983, Francescoli fue elegido el mejor jugador del torneo. Además, también fue reconocido como el futbolista del año en Argentina, futbolista sudamericano del año, mejor jugador veterano del mundo e integró el equipo ideal de América. Ese mismo año, recibió los elogios del escritor Eduardo Galeano. “Enzo Francescoli me parece el mejor que ha dado este país en años. Es un jugador de enorme delicadeza: sutil, inteligente. El otro día vi a River contra Nacional de Medellín, sobre todo en el segundo tiempo que el equipo estaba desarticulado, caótico, y pensaba: por ahí con Francescoli no ocurría. Son esos jugadores que se plantan en la cancha y uno siente como una tranquilidad: el cuadro no se me desarma“.

Enzo siempre reconoció que uno de los días más felices de su vida fue cuando ganó la Copa Libertadores de América. Aquel 26 de junio de 1996, el uruguayo dejó una imagen que se quedó grabada en la retina de los fanáticos millonarios: cerró los ojos y le dio un beso -eterno- al trofeo más anhelado del continente luego de la victoria sobre el América de Cali. Meses después, River Plate midió fuerzas con la Juventus en Japón por la Copa Intercontinental. Allí, Enzo se vio las caras con el francés Zinedine Zidane, quien había confesado su admiración por el charrúa, a tal punto de llamar Enzo a su primer hijo. Lastimosamente, Francescoli no pudo levantar el trofeo ya que los italianos se impusieron gracias a un tanto de Alessandro Del Piero.

River Plate retornó a Argentina con la frente en alto y el 18 de diciembre se adjudicaron el Torneo Apertura. Francescoli contribuyó con siete tantos: Unión de Santa Fe, Huracán, Deportivo Español, Rosario Central (2) y Racing Club (2). 1997 fue otro año de ensueño para el jugador uruguayo y para el equipo millonario. Primero, conquistaron la Supercopa Sudamericana tras vencer al Sao Paulo con un global de 2-1. Finalmente, el 21 de diciembre empataron con Argentinos Juniors en la cancha de Vélez y lograron el Tricampeonato. Este día también quedó marcado en el calendario riverplatense porque El Príncipe le puso punto final a su carrera.

El 1 de agosto de 1999, el estadio Monumental lució un lleno espectacular y los hinchas de River Plate despidieron a uno de sus más grandes ídolos. Enzo salió al campo de juego en compañía de sus hijos y luego acompañó a Walter Gómez (otro histórico de la institución) para que diera el puntapié inicial en el amistoso ante Peñarol. Años más tarde, reconoció haber llorado en su partido de despedida. «Me emociono y me conmuevo, pero mis sentimientos no los saco afuera. He llorado algunas veces. En mi despedida lloré casi toda la vuelta olímpica. Verles la cara a mis hijos, darme cuenta de que se terminaba. Es fuerte no tener más el “uruguayo, uruguayo“».

En total, Enzo Francescoli consiguió siete títulos en sus dos etapas como jugador de River Plate: Primera División 1985/86, Torneo Apertura 1994, Torneo Apertura 1996, Torneo Clausura 1997, Torneo Apertura 1997, Copa Libertadores 1996 y Supercopa 1997. Actualmente, el uruguayo se desempeña como Mánager Deportivo (desde 2013). Uno de sus más grandes aciertos fue haber contratado a Marcelo Gallardo, quien se ha convertido en el técnico más ganador de la historia del club. 

Fuente: El Gráfico 

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