domingo, 22 mayo, 2022
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Los grandes campeones y medallistas olímpicos están acostumbrados a poder recurrir a lo mejor que existe y que se ha descubierto en su disciplina. Usain Bolt a tener los mejores cuidados físicos, Michael Phelps al mejor psicólogo deportivo, George Hackl a los mejores trineos de bobsleigh y así con todos los nombres más prolíficos del deporte. Sin embargo, estos tipos de deportistas no son los únicos que participan en los Juegos Olímpicos, ya sea de Invierno o de Verano. También están aquellos que provienen de países muy pequeños, de entornos donde el dinero escasea o que no cuentan con condiciones climatológicas adecuadas para practicar su disciplina en el caso del primero. Y es justamente en estos casos en los que la clasificación olímpica deja de ser un simple trámite para convertirse en un esfuerzo denodado y, en situaciones más extremas, en odiseas. Un ejemplo de ello es el de Elsa Desmond, la doctora que se convirtió en la primera irlandesa en participar de una prueba de luge en un Juego Olímpico de Invierno en Beijing 2022.

Pese a comenzar a practicar el deporte a una edad relativamente tardía -sobre el final de su adolescencia en lugar de a los 11 años que es la recomendada para iniciar-, nunca se sintió en desventaja, ya que sentía que sus experiencias previas en deportes como la natación, el hockey, la gimnasia y hasta el lanzamiento de martillo le daban una ventaja por sobre el resto de las competidoras que solo se habían dedicado al luge. Aunque eso no dejaba de lado el hecho de que el sistema de becas de Gran Bretaña la ponía en una seria desventaja con respecto al resto de las deportistas. Esto se debe a que las constantes participaciones y éxitos cosechados en curling, esquí y snowboard, mayoritariamente, llevó a que los dirigentes exigieran resultados superfluos en todas las disciplinas, sin considerar que no todas tienen el mismo desarrollo que las mencionadas anteriormente.

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Esto también impactaba al luge, prueba en la que no clasifica una mujer británica desde Calgary 1988 y cuya sequía de participantes femeninas Desmond pretendía cortar. Pero la falta de apoyo económico por parte del Comité Olímpico de Gran Bretaña hacía aún más difícil su objetivo. El dinero que obtenía de su sueldo, sumado a los ahorros que su familia le destinaban, le permitía mantener la ilusión intacta contando cada centavo. Mientras países como Alemania y Austria se daban el lujo de mandar a sus delegaciones a todos los campus de entrenamiento en Estados Unidos y Canadá, la irlandesa se las arreglaba con lo que tenía y se limitaba a competir en la temporada europea. Lejos estaba de poder contratar a un especialista técnico para ajustar detalles en el trineo ni de poder pagarle los pasajes a cualquiera que no fuese su entrenador

Así fue como con la ayuda de la Federación Internacional de Luge (FIL), que le ofreció la beca que le otorga a la mayoría de los atletas que compiten a nivel internacional sin apoyo estatal o de sus comités olímpicos, comenzó a competir en las Copas del Mundo de la temporada 2018/2019 representando a Gran Bretaña. No pudo registrar grandes tiempos por estar dando sus primeros pasos en la escena mundial y, además, sufrió una lesión que hizo que tuviera que retirarse antes de que se realizaran las últimas fechas.

En la 2019/2020 ocurrió el cambio que la terminaría posicionando donde está actualmente: tras la incorporación de un nuevo head coach para todo el programa de luge británico, Desmond dio un paso al costado ya que no coincidía de la misma forma que lo hacía con su entrenador anterior. Este aspecto es muy importante para los atletas de la disciplina ya que, además de la relación fuera de las pistas, el coach debe adaptarse al estilo de pilotaje de su dirigida y no viceversa, que era el camino que había tomado Gran Bretaña. No compitió en la última fecha de la temporada y comenzó a buscar opciones que le permitieran seguir dedicándose al deporte que amaba, aunque ya no en el uniforme azul, rojo y blanco. Atrás había quedado el sueño de tomar la posta que Alyson Wreford había dejado luego de su participación en Calgary 1988 y de seguir el mismo camino de AJ Rosen, por quien se enamoró de la disciplina viéndolo competir en Vancouver 2010.

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Cualquier plan que había logrado congeniar en ese mes y medio se vino abajo con la irrupción del Coronavirus a principios de 2020. La suspensión de todas las competencias, las primeras cuarentenas en el mundo y el deber la apartaban de las pistas de luge. Ahora su prioridad era poner en práctica todo lo que había aprendido hasta el momento en la carrera de medicina en King´s College para salvar la mayor cantidad de vidas. Mientras tanto, en su casa mantenía una rutina física para mantener en estado las zonas del cuerpo más comprometidas a la hora de bajar por cualquier pista a más de 100 kilómetros por hora.

Es increíble que, en medio de una de las situaciones más tensas y alarmantes de este siglo, a Desmond se le ocurriera la solución a su gran problema. Así fue como, en medio de los primeros meses de pandemia, realizó los trámites necesarios para representar a Irlanda una vez que retornaran las competencias, apelando a la nacionalidad de sus abuelos, oriundos de los condados de Cavan y Cork, creando por su cuenta la Federación Irlandesa de Luge para poder solicitar un cupo para Beijing 2022 al Comité Olímpico Internacional (COI). Una idea totalmente impensada pero efectiva si se tiene en cuenta que en la temporada 2020/2021 no tuvo problemas burocráticos para representar a Irlanda en el Campeonato Europeo, donde finalizó 27° y se convirtió en la primera irlandesa en participar de este evento. Fue también en medio de esa temporada cuando tuvo que rendir dos exámenes finales de la carrera en Lituania y Alemania con carteles de “No Molestar” en su puerta escritos en seis idiomas distintos.

Durante la 2021/2022 consiguió el objetivo que parecía imposible: clasificar a un Juego Olímpico de Invierno. Imposible por el hecho de que no había tenido una sola temporada completa desde su estreno internacional en 2018 y porque la crisis sanitaria producida por el Coronavirus le habían hecho replantearse su objetivo para Cortina D´Ampezzo 2026, dando por perdida cualquier posibilidad de poder estar en Beijing.

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En China su resultado fue anecdótico: finalizó última a más de 10 segundos de Natalie Geisenberger, aunque mejoró su récord personal. Sin embargo, cualquier persona que se sumaba a la transmisión justo en el momento que se bajaba del trineo hubiese pensado que había ganado el oro por la sonrisa que esbozaba de oreja a oreja. Y es que ella no había ido a pelear por medallas, había ido a cumplir un sueño. Un sueño que tuvo el aliciente de ser elegida como una de los dos abanderados de Irlanda en la ceremonia de apertura, un recuerdo que, sin dudas, perdurará en su memoria. También fue un sueño efímero ya que compitió el lunes 7 y el martes 8 y se tomó el avión de regreso a Irlanda el viernes 11 porque el domingo 13 debía reincorporarse a la residencia en el Ireland Southend University Hospital para recuperar las horas que la habían cubierto durante sus viajes para clasificar a los Juegos y por la semana que estuvo en Beijing.

 

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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