martes, 26 octubre, 2021
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Puntos decisivos del partido, la rusa Anna Kournikova al servicio en compañía de la suiza Martina Hingis, bajo el cielo nublado de París. Instantes después el marcador ya estaba 0-30 a favor de sus rivales, las hermanas Williams; Venus, la mayor, se encargó de concretar un acierto más a su favor para acercarse al campeonato. Nada podía salir mal, el primer Grand Slam de la joven pareja estadounidense era prácticamente un hecho.

Un discreto festejo, palabras de aliento y miradas cómplices, en el mundo del deporte puede haber una gran conexión entre dos o más atletas; sin embargo, ninguna se compara con la que existe con un hermano. Un nuevo saque, potente devolución de Venus y Kournikova estrelló su respuesta en la red.

Al corto punto le siguieron gritos y aplausos de pie desde la tribuna, Venus y Serena alzaron los brazos, se fundieron en un abrazo, se despidieron de sus contrincantes, del juez de silla y se dirigieron a festejar con Oracene Price, su madre y también entrenadora. El trabajo de muchos años rindió frutos por primera vez, la emoción era indescriptible.

Días antes de llegar a la final y coronarse en el Roland Garros de 1999, las Williams arrancaron el torneo como novenas cabezas de serie, y en primera ronda sus rivales fueron la sudafricana Amanda Coetzer y la argentina Inés Gorrochategui, a quienes eliminaron por 6-2 y 6-3. Posteriormente, enfrentaron y vencieron a sus compatriotas Amy Frazier y Katie Schlukebir por 6-3 y 6-2.

En la tercera ronda de la competición francesa, las víctimas fueron la brasileña Vanessa Menga y la alemana Elena Wagner, que quedaron en el camino con parciales de 6-1 y 6-3. Aunque la intensidad y el nivel en los partidos incrementaron notablemente a partir de los cuartos de final, la pareja de hermanas tuvo un primer set impecable en el juego ante la belga Els Callens y la italiana Rita Grande, cosa que no se repitió en el segundo episodio, pero fue suficiente para que las estadounidenses siguieran su camino; el marcador terminó 6-0 y 7-5.

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La ronda de semifinales fue otra dura prueba para las casi recién llegadas al circuito, pues enfrente estaban dos experimentadas: Lindsay Davenport y Mary Pierce. A pesar de que la pareja conformada por una jugadora de Estados Unidos y una de Francia puso la mayor resistencia posible ante el talento que había del otro lado de la red, no pudieron evitar despedirse del Grand Slam por 6-4 y 6-1.

Entonces sí, llegó la prueba de fuego para las Williams contra las segundas mejor clasificadas, las que únicamente se encontraban por detrás de la checa Jana Novotná y la bielorrusa Natalia Zvéreva, quienes se retiraron en cuartos.

Poco antes de que se llevara a cabo la final, la misma Martina Hingis analizó a sus rivales en entrevista con el LA Times y aseguró que los golpes de Venus eran más potentes y agresivos, especialmente con su servicio, y sobre Serena mencionó que generaría peligro al tener la capacidad de cambiar de velocidad con mayor facilidad.

La suiza sabía de lo que hablaba, los aspectos que destacó fueron claves durante el juego y sobre todo el saque de su compañera rusa sufrió en el primer set, con el que las hermanas tomaron ventaja. La soleada tarde cambió a lluviosa y con ello también llegó la tardía respuesta de la pareja que inicialmente era la favorita: Hingis y Kournikova se levantaron de un 5-1 en contra, se salvaron de perder en dos ocasiones e incluso consiguieron el 5-6 a su favor. Estos intentos de resistencia se quedaron cortos en el desenlace del partido y la nacida en Moscú volvió a quedar a la deriva con su servicio en el último game. Ya sabemos cómo terminó la historia.

El comienzo de una era

Con apenas 17 y 18 años de edad, el título en Roland Garros de 1999 significó sólo el inicio de dos exitosas trayectorias en el deporte blanco, tanto en singles como en dobles; sin embargo, hubo alguien que se atrevió a predecir lo lejos que ambas llegarían cuando todavía eran un par de niñas.

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El entrenador estadounidense Rick Macci no sólo ha trabajado con estrellas como Andy Roddick, Mary Pierce, Maria Sharapova y Sofia Kenin, también tuvo la oportunidad de ver la evolución de las Williams durante sus primeros años como tenistas. Mientras ellas tenían 11 y 12 años, pronosticó que algún día iban a enfrentarse en las canchas más importantes del circuito.

Pienso que llegará un día en el que las dos niñas jueguen la una contra la otra en una final de Grand Slam”, declaró en los primeros años de la década. Esto se cumplió en el US Open de 2001, cuando Venus se coronó por 6-2 y 6-4. Los enfrentamientos ocurrieron con mayor frecuencia en años siguientes y Serena invirtió los papeles: de nueve choques en finales de los cuatro Grandes, ha ganado siete.

Aunque el talento y las habilidades de las dos jugadoras son comparados constantemente, es imposible dejar de lado sus logros en conjunto. Desde 1999 han conseguido 23 títulos, de los cuales 14 son de Grand Slam y tres son medallas Olímpicas.

El primer trofeo que levantaron las hermanas fue en el Torneo de Memphis el 23 de febrero de 1998, le siguió Zúrich en octubre del mismo año y esto fue la introducción a un gran 1999. Primero conquistaron Hannover, Alemania, en febrero, luego Roland Garros y cerraron con el Abierto de Estados Unidos en agosto al superar a la pareja conformada por Chanda Rubin y Sandrine Testud.

En el 2000 ganaron Wimbledon, el Abierto de Australia, el oro en los Juegos Olímpicos de Sidney y el resto es historia. Ciudades de prácticamente todos los continentes las vieron triunfar en cancha dura, de arcilla o de hierba; enfrentaron a tenistas de muchos países, pero pocas pudieron frenar al torbellino que provocan las Williams.

De todas las finales que han disputado, Venus y Serena únicamente perdieron la del Torneo de San Diego en 1999, donde fueron superadas por sus compatriotas Lindsay Davenport y Corina Morariu por 4-6 y 1-6. Su hegemonía es algo pocas veces visto en el deporte blanco.

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Podríamos decir que, además de Macci, hubo otra persona que, probablemente sin querer referirse a una historia a largo plazo, predijo el futuro del tenis femenino con las hermanas como protagonistas. Se trató de Richard, padre de las Williams, pues previo al enfrentamiento que sostuvieron en la final de singles en el Abierto de Miami, arrojó una frase digna de recordar.

Bienvenidos al show de las Williams”, apuntó sin saber que sus hijas se convertirían en dos de las figuras más respetadas en el circuito de la WTA. Los años pasaron, ambas brillaron, disfrutaron de las mieles de la victoria y sufrieron lo amargas que son las derrotas; las dos crecieron como deportistas y como personas, siempre con la familia como punto central de sus metas.

 

 

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