viernes, 3 abril, 2020
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Hace unos años por La Liga pasó un noble. Uno de verdad. Hablamos de Peter Rufai, hijo del Rey Rufai de la región de Idimu, una zona cercana a Lagos, la capital de Nigeria, que cuenta con una estructura organizativa que contempla un jefe tribal.

Su estancia en Europa incluyó pasos por Bélgica, Holanda, Portugal y España, pero fue su participación internacional la que le haría conocido. Ocupando la posición de portero, participó en dos Copas del Mundo (1994 y 1998). En ambos torneos Rufai fue clave, llegando a portar la cinta de capitán en Estados Unidos, en aquella competición que significaba el debut nigeriano en Mundiales de fútbol. Se comenzaba a ver el potencial del futbolista africano y los clubes de repente prestaban atención a lo que pasaba en sus distintas ligas. Ahí fue donde el Lokeren belga apareció y pescó, desde un club beninés llamado AS Dragons, a un Rufai de apenas 23 años. Comenzaba la aventura.

Para ese momento ya tenía varios años en el fútbol europeo sobre su espalda, habiendo llegado a la cita mundialista como miembro del Go Ahead Eagles de los Países Bajos. Una bonita casualidad para el guardián del arco de las Super Águilas.

Era un tipo especial. No era común observar a un jugador que, aparte de su peculiar historia familiar, tuviera una maestría en Informática y que dominara varios idiomas. Su ideario era fiel reflejo de su personalidad: “A mí familia no le gusta el fútbol. Quieren que vuelva pero yo no quiero vivir en un palacio y con una fortuna que no he ganado trabajando”. Dodo Mayana, como le conocían, se hacía querer. Tras una decente campaña en la Eredivisie, salvándose del descenso, ya tocaba dar el salto.

Tras esa campaña llegaría al Farense, completando un primer año brillante. Con el equipo portugués clasificaría a la Copa UEFA por primera vez en su historia. Durante aquella década, donde los porteros se atrevían a pasar la mitad de la cancha y algunos incluso dejaron su marca goleadora, Rufai terminaría anotando un gol. Fue de penalti, ante Etiopía durante unas Eliminatorias para la Copa Africana de Naciones de 1994, torneo que terminarían ganando en Túnez. 

Eran buenos años para Peter. A principios de 1998, cuando su padre murió, el Deportivo La Coruña le permitió regresar a su país natal para discutir la línea de sucesión al trono. Terminó rechazando el título para sí mismo. Nunca le gustó esa vida y se lo hizo saber a todos. A La Coruña había arribado tras pasar por el Hércules para ser el suplente del camerunés Jacques Songo’o. Con el equipo alicantino estuvo pocos meses y acabó descendiendo a final de temporada. En regla general jugó poco en España, por lo que decidió aceptar la oferta del modesto Gil Vicente para volver a Portugal y retirarse al cabo de un año.

Finalizada su carrera, regresó a España y abrió su propia academia. Su hijo mayor, Senbaty, también encontró su propósito en el fútbol y juega actualmente en su país. Sí, aunque no lo crean, hace par de décadas estuvo por la Península Ibérica un jugador de sangre azul. Un verdadero príncipe. De esas historias que nos regala el fútbol de vez en cuando y que nos encanta leer.

También puedes leer:   Los récords de Nigeria
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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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