lunes, 23 mayo, 2022
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Por Alfredo León

La capacidad del Real Madrid de los últimos 3-4 años de hacer creer al panorama futbolístico de ser uno de los grandes equipos del mundo, cuando ha sido la absoluta mediocridad, es asombrosa. Un equipo con unas individualidades técnicas maravillosas, sí, pero con una insuficiencia táctica tangible.

Es de admirar que haya sido capaz de sostenerse de esta manera, apoyándose en el que posiblemente sea el mejor mediocampo de la década, y en un Benzemá que ha llegado a ser el culmen de la excelencia futbolística; si no hubiera resultado imposible. Fuera de ahí, y quitando algún momento de forma puntual de algún otro secundario, poquito más.

Lo cierto es que el Madrid lleva casi 10 años jugando con 5, 6, o 7 futbolistas de forma constante en su once inicial. Una base consolidada, automatismos generados, confianza en el compañero, que probablemente ya se haya convertido en un amigo de vida, y un conocimiento absoluto de sus fortalezas y debilidades.

Un ejemplo de manual de cómo se construyen los proyectos, de cómo se le debe dar tiempo a los procesos, de cómo deben madurar los futbolistas en un mismo entorno y de cómo deben adoptar un crecimiento en un contexto conocido. Si algo hay que alabarle al club es esta gestión magistral, que no es fácil de sostener con un escudo de tal envergadura.

Fuera de ahí, y de toda la lógica posible, el Real Madrid es el equipo con mayor aura del mundo. Y no hay otro argumento que pueda desmontar esta realidad. No hay otro club que pueda lograr salir exitoso de situaciones completamente desventajosas con tal asiduidad. Una epopeya asociada a un temple divino. Algo inverosímil que se repite en el tiempo con demasiada continuidad.

Magia, brujería o no sé qué, pero algo fuera de toda lógica, algo que encandila y enamora. Lo adictivo de este equipo, la grandeza del peso de su historia.

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