domingo, 17 octubre, 2021
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La historia está cambiando. Los “chiquitos” reinan en lo más alto del deporte. Figuras como las de Maradona o Senna allanaron el camino para que esos nuevos pequeños pudieran brillar. Las nuevas tendencias que empiezan a vislumbrarse, como por ejemplo en la NBA, no son casualidad. El mundo es para los bajitos. 

El protagonista de hoy ha tomado ese discurso a la perfección. con sus 1.77m de altura, ha logrado llegar a lo más alto en un deporte como es el salto con pértiga. Renaud Lavillenie (1986, Barbezieux-Saint-Hilaire), conquistó el cielo de Donetsk en 2012 tras batir el récord del mundo de Serguei Bubka. Sus 6.16m confirmaron que no hay rival de altura. 

Nacido en el suroeste de Francia, heredó de su padre, Gilles, la tradición por la pértiga, quien a su vez la tomó del abuelo de Renaud. Las aptitudes físicas del pequeño de los Lavillenie le permitieron brillar en cualquier disciplina, dejando aparcada durante varios años su afición por la pértiga para dedicarse a los caballos y al baloncesto. A los 14 años retomó la práctica, la cual jamás abandonó. De la mano de Damien Inocencio, su primer entrenador, logró su primer Oro Olímpico; ya con Phillippe D’Encausse, su siguiente preparador, batió el récord del mundo. 

De personalidad particular, Lavillenie bromeó tras lograr batir la marca de Bubka: “La ventaja es que sé que Bubka no lo batirá y que, respecto a los demás no caerá pronto”, recogía L’Equipe tras lograr semejante gesta. Bien es cierto que pasaron veinte años para que Bubka fuera destronado, pero esas palabras se volvieron en su contra, pues en febrero de 2020 Duplantis le destronó, alzando la marca hasta los 6.17m y mejorando el mismo una semana después, registrando unos 6.18m. El joven sueco parece ser el encargado de destronar a un Lavillenie que ya vio como era, de forma inesperada, batido en 2016 en una final olímpica digna para el recuerdo. Lavillenie se refirió a ese evento como “una atmósfera de mierda”. Pese a ello, cinco campeonatos de Europa, cuatro bronces y una plata en mundiales, más dos medallas olímpicas (oro en Londres ´12 y plata en Río ´16), se encuentran en un extenso palmarés.

 

REUTERS/Kai Pfaffenbach

 

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Triunfos a parte, la sonada derrota de Lavillenie en Río 2016 es una de las finales más recordadas. Por desgracia, su famoso fracaso ha relucido mucho más en esta etapa final de su carrera que algunos éxitos. Hay que remontarse al año 2016, donde los primeros Juegos Olímpicos que se disputaron en suelo sudamericano no pasaron desapercibidos. En una final de salto de altura en la que Renaud Lavillenie partía como favorito, el atleta local Thiago Braz Da Silva le arrebató el oro. El francés debía revalidar el oro cosechado en Londres (hito que no se logra desde 1952 y 1956, cuando Bob Richards lo lograra), además de poseer el récord mundial y mejor marca mundial de la temporada. 

En un concurso marcado por las inclemencias del tiempo, la lluvia fue protagonista provocando fallos técnicos. Tras solventarse los mismos, la competición cobró mayor ritmo. 5.85m fue la marca que determinó las medallas: Xue, Lisek, Kuduk y Kendricks (bronce) se quedaron en esa altura, dejando una final a dos entre el favorito Lavillenie y el héroe local, Thiago Braz Da Silva. Los 5.93m no fueron obstáculo para el francés, quien saltó a la primera. El brasileño, arengado por el público, logró pasarlo en el segundo intento. Thiago Braz había llegado a Río con una marca de 5.92m, altura que acabaría fulminando. Todo estaba de cara para la victoria del francés, salvo una cosa: el empuje del público. 

Como si de un partido de fútbol se tratara, los aficionados presentes en el Estadio Olímpico comenzaron a silbar y abuchear cada intento de Lavillenie; a su vez, aplaudían y vitoreaban con cada acierto de su ídolo. Sólo el brasileño y el francés sabrán hasta qué punto se vieron influidos por el accionar del público, pero la realidad fue que, no contento con superar los 5.93m, Thiago Braz subió el listón hasta los 6.03m y los rebasó nuevamente. Lavillenie, con claros síntomas de frustración, veía como la situación le pesaba. Tras saltar el 5.98m a la primera, todo estaba de cara para él, pero no contaba con que Thiago Braz pasara de esa altura y superara unos 6.03m que fueron imposibles para el defensor del título. 

 

REUTERS/Edgard Garrido

 

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Récord olímpico para el brasileño y derrota de peso para Lavillenie, que no pudo contener su rabia y en unas declaraciones posteriores a RMC, afirmando lo siguiente: “Es la primera vez que me silban en diez años de deporte a alto nivel. En un estadio Olímpico donde normalmente hay valores de respeto, de juego limpio, no había respeto por los competidores de Thiago”. El dolor tras la derrota era claro, pero aún así no achacó la misma al ambiente, pese a catalogarlo “de mierda”. La tortura continuó en la entrega de medallas, donde la afición local fue implacable con el medallista de plata, pese a que Thiago Braz pidió que cesaran los abucheos. Más adelante, cuando se calmaron las aguas, pidió disculpas por su cuenta de Twitter. 

A lo largo de la historia reciente, situaciones similares en pértiga se han vivido. En Barcelona ´92, donde Bubka llegó a recibir cierta presión por parte del público debido a que trataba de arrebatar una medalla al atleta español García Chico. Caso parecido, pero mucho más deleznable, ocurrió en Moscú ´80, donde Konawewicz se enfrentó al graderío tras recibir insultos por ser polaco, después de batir el récord mundial. La propia URSS solicitó que se retiraran los honores al polaco, pues había faltado el respeto al pueblo soviético.

Desde Río 2016, la estrella francesa no ha logrado revalidar ningún título europeo ni mundial. Pese a contar con cinco coronas europeas, la maldición mundialista lo ha acompañado siempre. Sólo en 2013 se quedó a las puertas de lograrlo, pero Holzdeppe se lo arrebató. El futuro parece esperanzador y Tokio 2021 se postula como la última gran oportunidad del pertiguista francés, que a sus 34 años ha visto como figuras como Duplantis o Thiago Braz le han doblegado. El que fuera apodado “Air Lavillenie” y destacado atleta multidisciplinar, según su actual entrenador, podría estar ante su penúltimo gran salto.

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Estudiante de periodismo. Tuve la suerte de crecer viendo la mejor generación de futbolistas de la selección española. Me gusta el deporte, así como todo lo que rodea al mismo, sus causas y consecuencias. Por ello es importante contar las historias de los protagonistas. Del 2001.

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