viernes, 10 julio, 2020
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La recepción en México para la Copa Mundial de 1970 estuvo lejos de ser la más emotiva y motivante para las delegaciones que emprendían un sueño por el título más preciado. Al contrario, los organizadores con autorización de la FIFA hicieron de inmediato una recomendación con carácter casi obligatorio de no utilizar el número 13 en las dorsales de cada equipo, y acceder a cambiar este número por el 23 o simplemente no utilizar ninguna tipografía en la espalda. Sin embargo, la importancia que le dieron a este agüero y advertencia de mala suerte fue nulo, y se convirtió en algo especial por el personaje más importante de dicha cita orbital, Gerhard Müller, el Torpedo alemán.

El número prohibido no iba a ser solo un amuleto, ni tampoco una obligación por orden de inscripción ante el certamen. Para Gerd era un objetivo claro y un récord a superar que lo motivaba mucho más que ganar el trofeo Jules Rimet con Alemania Federal a fínales de julio. El número 13 representaba la cantidad de goles a marcar para dejar a un lado lo hecho por Just Fontaine en 1958 y convertirse en el jugador con más gritos sagrados en un solo campeonato mundial, incluso sin ser finalista. El primero de los Müller iría por la corona de los goles importantes y en cantidad masificada, sorprendentemente, con la camiseta de la selección nacional.

Desde su debut en 1964, El Bombardero de la Nación fue el máximo artillero del Bayern Múnich en cada temporada, consiguiendo la bota dorada en tres ocasiones en la naciente Bundesliga en 1967, 1969 y 1970. Fue tal la cantidad de sus goles, 271 a sus 25 años, que el DT Helmut Schöen lo tomó como figura para la renovación generacional que sufrió abruptamente el seleccionado local, luego del fracaso en Inglaterra 1966 con aquel polémico desenlace. Y aunque en Alemania el apellido Müller generaba temor en las defensas rivales, en el plano internacional era un completo incógnito a diferencia de Franz Beckenbauer y Uwe Seeler, los líderes del Panzer teutón.

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La dupla Müller-Seeler prometía goles, pero no tantos por parte del más joven de esta pareja. Los órdenes jerárquicas cambiaron desde el segundo partido del Campeonato Mundial, cuando Gerhard convirtió un triplete en la victoria por 5-2 ante Bulgaria. El primer compromiso había sido un dramático 2-1 ante Marruecos, con participación goleadora de ambos delanteros; Müller ya contaba con cuatro anotaciones en dos titularidades mundialistas y no se quedó con ganas de más. Contra Perú, en el tercer partido de fase de grupos, repitió la dosis con tres balones a la red y sellando el puntaje perfecto camino al título que nunca llegó.

 

 

Gerd Müller anotó siete goles a favor de Alemania en la primera ronda, y para alcanzar la meta establecida le hacían falta otros tres partidos. 12 años antes, Just Fontaine llevaba un tanto más en el mismo número de encuentros disputados; cuatro vs Paraguay, dos vs Yugoslavia y dos vs Irlanda. Era una bestia que devoraba contrincantes.

La suerte del 13 iba en punta, pero de manera positiva hasta ese momento. El flamante goleador no contaba con la maldición del Hotel Misión Comanjilla en Nuevo León, México, justo después de clasificar invictos a cuartos de final y con el favoritismo rondando las instalaciones de dicha concentración europea. Sería luego de ese partido contra Perú cuando la premonición de los dirigentes mundialistas se convertiría en realidad, materializando el uso del número vetado.

 

13, sinónimo de muerte

 

La mala suerte es para las personas que creen en supersticiones, pero en ocasiones, diferentes sucesos escalofriantes pueden llegar a superar una simple casualidad. Así pasó con los alemanes, quienes hicieron caso omiso a la recomendación hecha al principio del campeonato, con una actitud tan enfática como la de Gerd Müller por utilizar dicha dorsal como símbolo de buena suerte. Algunos otros jugadores llevaron en su casaca aquel dígito, pero el desafortunado resulta ser siempre el más indiferente del tema.

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Si se interpreta la mala suerte del número 13 desde la religión católica, es prudente mencionar que el naipe trece del Tarot significa muerte, y también aparece en la Biblia, precisamente en el capítulo 13 donde comienza el Apocalipsis y la llegada del Anticristo a la tierra. También en La última cena con Judas Iscariote como el decimotercer discípulo de Jesucristo, incluso después de haberlo traicionado y comenzando el camino hacia su crucifixión. Pero no todo es malo, y menos para los alemanes, quienes ganaron su última Copa del Mundo con gol de Mario Götze sobre el minuto 113´ por ejemplo.

Cuando el plantel de futbolistas se disponía a tomar una tarde de sol en el hotel, con familias por doquier y niños correteando como de costumbre, nadie se dio por enterado que un pequeño infante de cinco años cayó al fondo de la piscina, y aunque la zona de recreación estaba repleta de turistas y un equipo de fútbol completo, todos los focos estaban concentrados sobre los hombres de moda. Pasó casi un minuto para que alguien advirtiera de lo sucedido, y pese a la reacción de varios jugadores que saltaron a rescatar la pequeña criatura, el esfuerzo de mantener su respiración fue en vano y su vida se apagó prematuramente, en presencia de Sepp Maier, Franz Beckenbauer, Uwe Seeler, Klaus Fichtel y el número 13 más codiciado, Gerhard Müller.

La energía que perdió ese pequeño caminante al caer en una pileta mortífera se trasladó al campo de juego y a los pies del delantero oriundo de Nördlingen. Ante Inglaterra en cuartos de final, el conjunto albo tomó revancha de lo sucedido hacía cuatro años y ganó por 3-2 con un peso más cruel que el mismo objetivo deportivo. Müller participó en una sola anotación y el panorama no era favorable para su misión goleadora. La mala suerte decretó la eliminación de Alemania Federal en semifinal ante Italia, en el recordado partido del siglo y un infartante 4-3 en tiempo de prórroga, ahogando las ansias de gloria.

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El sueño de ser campeones se detuvo antes de tiempo. También lo fue así para Gerdhard Müller, que aunque convirtió su décimo gol del campeonato ante los Gli Azzurri e impregnando su firma como máximo artillero de México 1970, su intención de borrar a Just Fonatine del mapa fracasó, y para alcanzar los 13 goles del francés tuvo que esperar cuatro años, dividiendo su récord en dos competiciones orbitales. Fue insuficiente para sus expectativas. En Alemania 1974 marcó cuatro goles.

La muerte del pequeño pudo ser una premonición correspondiente al mal agüero de portar la dorsal prohibida, o simplemente pudo haber sido un hecho aislado de cualquier energía negativa. Con el 13, para los alemanes, ni vida, ni trofeo, ni tampoco un ambicioso récord individual que resultó ser una simple banalidad.

La versión 13 del mundial volvió a ser en México, y Alemania no pudo hacerle un exorcismo a las energías malditas que despertó años atrás. En 1986, dirigidos por un testigo directo de lo sucedido, Franz Beckenbauer, los bávaros caerían en la gran final ante la Selección Argentina de Diego Armando Maradona. Sin embargo, el portador del número maldito en 1970 ya hace años había partido del fútbol profesional, con justamente, 13 títulos en su amado Bayern Múnich.

 

Gerd Müller – Bayern Múnich

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