martes, 25 enero, 2022
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La década de los 90’s en el fútbol argentino tuvo algunas particularidades en cuanto a fichajes. En un país no adepto a contratar extranjeros por fuera de América Latina, durante esos años varios jugadores provenientes de lo que podríamos llamar destinos “exóticos” pasaron el por torneo local de primera división. La gran mayoría lo hizo sin pena ni gloria, pero unos pocos lograron trascender y dejar en los hinchas un recuerdo que perdura con el paso del tiempo.

Entre estos últimos se encuentra el delantero camerunés Alphonse Tchami. Nacido en el poblado de Batouri en 1971, al momento de firmar con Boca Juniors, Alphonse ya era todo un futbolista consumado y hasta se había dado el lujo de integrar la plantilla del seleccionado camerunés en la Copa del Mundo USA 1994 (solo jugó unos minutos en la derrota 6 a 1 frente a Rusia). Surgido del Unisport Bafang de su país, en 1992 comenzó su periplo por el fútbol de Dinamarca donde rápidamente se transformó en figura y goleador del Vejle BK y, aunque su equipo finalmente se fue al descenso, sus actuaciones le valdrían ser contratado por el Odense, uno de los cuadros más importantes de la liga danesa.

En su nuevo club, el atacante no solo mantuvo su buen nivel (28 goles en 65 partidos) sino que además fue parte de la plantilla que eliminó de una competición europea al mismísimo Real Madrid. La proeza ocurrió en la tercera ronda de la Copa UEFA 1994/95, donde el Odense, que perdió 3 a 2 en la ida disputada en casa, se impuso al gigante español en el mismísimo Santiago Bernabéu por 2 a 0. Cabe destacar que en el equipo merengue había figuras de la talla de Michael Laudrup, Iván Zamorano y Fernando Redondo. Todo esto, sin embargo, no sería nada comparado con las aventuras que el delantero camerunés viviría en Argentina.

Su llegada a Boca Juniors se dio en los primeros días de 1995, apenas semanas después del triunfo ante los españoles (Odense caería en la siguiente ronda ante el eventual campeón, Parma de Italia), y el club argentino gastó la nada despreciable suma de 1,666,000 dólares para hacerse de sus servicios. Por ese entonces, la dirigencia encabezada por Antonio Alegre estaba obligada a dar un golpe de efecto después de la mala campaña realizada en el Clausura 94, dirigido por Cesar Menotti -el equipo deambuló en la mitad de la tabla- y para eso designó como nuevo DT a Silvio Marzolini, un histórico del club. Con un plantel plagado de jugadores consagrados como Alberto Márcico, Sergio Martínez, Nelson Vivas o Fernando Gamboa, las expectativas de los hinchas eran altas y el arribo de Tchami, un futbolista exótico, pero con pergaminos probados, era la frutilla del postre. Junto al camerunés también llegó a prueba el georgiano Georgi Kinkladze, un futbolista de gran calidad pero que no convenció al DT Xeneize.

Ahora bien, acostumbrado a jugar en estadios que rara vez superaban los 5,000 espectadores, el “Mundo Boca” significó un cambio total para el delantero. El camerunés fue recibido en el aeropuerto de Ezeiza por una multitud de personas que, enteradas de su arribo, concurrieron de buena gana para darle la bienvenida. Una vez a las órdenes de Marzolini en el Hindu Club, Alphonse comenzó a interiorizarse sobre lo que significaba realmente jugar para Boca Juniors. Años más tarde contaría que en esos primeros días, su compañero de habitación, Carlos Mac Allister, le mostraría una y otra vez el VHS “Boca Campeón 91”, mientras que Alberto “Beto” Márcico –quien hablaba perfectamente francés por su paso por el Toulouse– lo tomaría como su protegido y lo llevaría a todos lados. Pese a las dudas previas, Alphonse se amoldó rápidamente al plantel y a la hora de armar el XI inicial para el debut frente a Banfield, el entrenador lo incluyó entre los titulares.

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El viernes 24 de febrero, todas las miradas se posaron sobre su atlética figura cuando Tchami salió junto con sus compañeros al campo de juego del estadio Florencio Sola. Aunque esa noche Boca Juniors ganó 2 a 0 con un doblete del Sergio Martínez, las crónicas hicieron hincapié en la buena actuación del delantero camerunés que, además de asistir en el segundo gol al Manteca, inquietó varias veces el arco defendido por Ángel Comizzo y hasta estuvo muy cerca de anotar su primer tanto con la camiseta Xeneize. Para su buena suerte, el gol llegaría por partida doble unos días más tarde en su debut en La Bombonera.

 

 

Fue en la segunda fecha frente a Newell’s Old Boys –donde jugaba el también africano Ernest Mtawali- cuando Alphonse convirtió sus primeros tantos oficiales en el fútbol argentino. En un partido en donde Boca había sido claro dominador desde el comienzo, el equipo de Marzolini recién pudo romper la paridad a los 41’ de la primera parte gracias a un tiro libre del Beto Márcico que, después de un rebote casual sobre Mac Allister, le quedó al delantero africano para que este la mande de un zurdazo al fondo de las redes. Tras la expulsión de Gustavo Raggio en el conjunto rosarino, todo se simplificó para el local y en la segunda mitad Boca liquidó el encuentro gracias a una exquisita asistencia de Walter Pico que dejó a Tchami en inmejorable posición para marcar su segundo tanto de la jornada.

Durante ese Torneo Clausura 1995, el camerunés también le convirtió a Deportivo Español, Lanús y Argentinos Juniors, pero, sin dudas, su gol más recordado es el que convirtió en el Superclasíco del 18 de junio disputado en el Estadio Monumental. En esa tarde noche donde Boca goleó a su histórico rival por 4 a 2, Alphonse fue el encargado de marcar el tercer tanto de su equipo tras una gran asistencia del Vasco Arruabarrena.

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Pese al balance positivo de su primer semestre en el torneo argentino (18 partidos jugados y 6 goles), las oportunidades para Tchami serían cada vez menos. La necesidad imperiosa de ganar un título hizo que los directivos del club poblaran el plantel de delanteros, por lo que Alphonse quedó muy relegado en la consideración del entrenador. Tras la salida de Marzolini y el arribo de Carlos Salvador Bilardo, Boca inicio un proceso de depuración de su plantel que incluyó la partida de varios históricos como el Beto Márcico. Si bien camerunés siguió siendo parte del equipo, sus actuaciones serían esporádicas. Aun así, durante sus dos años en el Xeneize, Tchami se las arregló para jugar casi 50 partidos y marcar 13 goles. A mediados de 1997, y pensando en la Copa del Mundo Francia 1998, el jugador partió hacia el fútbol alemán en busca de minutos de juego.

Aunque solo estuvo dos años, al día de hoy la ligazón que une a Alphonse Marie Tchami con Boca Juniors es muy grande. Muchos son los hinchas que recuerdan un cruce furibundo con José Luis Felix Chilavert y Roberto Trotta en ocasión de un Boca – Velez. Queriendo “ablandar” al africano a fuerza de faltas, el resultado fue todo lo contrario y en más de una oportunidad hubo que separarlo para evitar que se fuera a las manos con sus rivales. Cuentan los que estaban allí ese día que, pese a la barrera idiomática, el camerunés se la pasó insultando a la esposa del arquero paraguayo.

Quien sí le tenía un gran afecto a Tchami era Diego Armando Maradona. Cuando Diego retornó a Boca en octubre de 1995, entabló una relación amistosa con el camerunés, el cual tenía como ídolo al propio astro del fútbol mundial. Por esos días, al ser preguntado sobre sus nuevos compañeros, Diego dejó una frase para el recuerdo: El negro es un fenómeno. Lo voy a llevar a casa para que juegue con las nenas”.

 

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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