miércoles, 5 junio, 2019
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La vida te da sorpresas. De esas que emocionan, sobre todo a un pueblo tan sufrido. La historia nos ubica en Río de Janeiro, donde Majlinda Kelmendi encabezaba al pequeño grupo de ocho atletas que representaban a la nación de más reciente integración al COI.

Lo mejor estaba por llegar para la orgullosa abanderada olímpica kosovar. Menos de dos días después del primer desfile olímpico de su país la meta se cumplió: el himno de Kosovo sonó al fin, antes que el de cualquier otro miembro de los que conformaron aquel país de países llamado Yugoslavia. El destino haciendo de las suyas.

El combate final de la categoría de los -52 kilogramos fue muy disputado, inclusive Kelmendi consiguió apenas una única anotación ante su rival Giuffrida. Después de que la declararan vencedora abrazó a la representante italiana y se puso a llorar. Estaba cansada de ganar eventos, llevar en su espalda las siglas de la Federación Internacional de Judo y que su bandera no fuera izada. Un triunfo de todo un pueblo.

 

 

Una luz entre las sombras

Aquella medalla representó un aire de esperanza. La protagonista de nuestro relato, entonces de 24 años, estaba consciente de la consideración general de potencia emergente que se tenía en este deporte. Gran parte de ese crecimiento sostenido, desde su declaración unilateral de independencia hace ya una década, es por culpa de Ditron Kuka.

La particular historia de Kuka estaba incompleta. Driton, múltiple campeón yugoslavo, iba camino a participar en los Juegos de Barcelona 1992 cuando su país comenzó a resquebrajarse. Sabía que debía hacer, por lo que decidió colgar el judogi y se integró entonces al Ejército de Liberación kosovar. A todo o nada.

Años después, y en medio de la tragedia, Kuka vio la tenacidad y el hambre de triunfo de una pequeña que se cruzó en su camino y decidió ayudarla. Desde la golpeada y bombardeada Pec, donde la esperanza parecía acabarse, el binomio Kuka-Kalmendi fue creciendo poco a poco. Estaban para cotas mayores. El fútbol quizá sea el primer deporte de Kosovo en número de practicantes, pero el judo es el que más éxitos ha dado al joven país.

 

 

El sueño de su vida

La cosa se empezaba a complicar. El país balcánico se convirtió en miembro pleno de la Federación Internacional de Judo en 2012. Debido a que Kosovo aún no era miembro del Comité Olímpico Internacional, Kelmendi no pudo asistir a los Juegos Olímpicos de 2012 en nombre de su país. Países como Kazajistán, Qatar, Azerbaiyán o Emiratos Árabes Unidos le propusieron a la joven competir bajo su bandera.

Majlinda optó por participar en la cita de Londres con Albania. Al igual que más del 90% de sus compatriotas, Kelmendi es de étnia albanesa. Políticamente hablando, había demasiados intereses entremezclados en la eventual aceptación de Kosovo como miembro. La primera traba estaba en plena Organización de Naciones Unidas, donde Rusia y China apoyaban a Serbia en su intento de frenar la voluntad independentista kosovar.

El destino quiso que uno de los primeros eventos tras el reconocimiento de Kosovo por el COI fuera, precisamente, en Rusia. Justo el país que más se opuso a esa independencia, en apoyo a su aliado serbio. Con Putin en la grada logró coronarse aunque, como era de esperarse, el himno de Kosovo no sonó y su bandera no se elevó. No en Rusia.

 

 

La Tierra de los Mirlos, en constante conflicto

Los nacionalismos comenzaron a aflorar cuando el líder yugoslavo Tito murió en 1980. Yugoslavia desaparecía y nacían estados que pasarían por un parto doloroso, pues las fronteras no estaban claras. El conflicto de Kosovo (o ‘tierra de los mirlos‘, en serbio) es un asunto que todavía hoy no se ha resuelto por completo. Las tensiones étnicas, religiosas y políticas entre los pueblos serbio y albanés se remontan a tiempos ancestrales, jugando una especie de partida de ajedrez con este enclave como tablero, y pareciendo no dejar espacio para una reconciliación.

Los eventos donde participa cualquier equipo kosovar se han convertido en un acontecimiento para la población del estado más joven de Europa, que hasta hace poco debía conformarse con apoyar a Albania, al que sentían más cercano por la proximidad cultural, lingüística y geográfica.

Kosovo, en cuyo territorio la etnia albanesa tiene predominio numérico, declaró unilateralmente su independencia de Serbia el 17 de febrero de 2008, con el apoyo de Estados Unidos y de la mayoría de los países de la Unión Europea, instaurando así una República. Sin embargo, Serbia aún considera la provincia de Kosovo y Metojia como una región autónoma dentro de su propio territorio y como la cuna histórica de su pueblo.

Sigue habiendo bastantes países que consideran a Kosovo una parte de Serbia. En un torneo internacional celebrado el año pasado en Tarragona, los cuarenta atletas de su delegación pudieron participar gracias a la mediación del Comité Olímpico Internacional, que lo reconoció como Estado independiente en 2014.

La comunidad internacional se encuentra dividida entre los países que han reconocido oficialmente su independencia, los que se niegan a reconocerla y los que han declarado su neutralidad o su esperanza de una evolución de los acontecimientos, acordada por las partes. Como resultado, literalmente, en Europa ha caído un muro más: el que dividía las comunidades serbia y albanesa de la ciudad de Kosovska Mitrovica.

El deporte es una herramienta como cualquier otra en la geopolítica mundial y Kosovo es un ejemplo nítido de ello. Del mismo modo que sus equipos nacionales pueden competir con el resto, la mayor parte de su población sueña con alcanzar la normalidad en otras facetas de su día a día. No solo es deporte, es una forma de salir adelante.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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