jueves, 23 septiembre, 2021
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La Selección de Fútbol de Japón suele dejar sorpresas en los Juegos Olímpicos. Supo conseguir una medalla de bronce en México 1968 y en varias ocasiones derrotó a potencias, como Argentina en 1964, a Brasil en 1996 o a España en 2012. Pero esto ya lo había demostrado bastantes años antes, en su primera participación en Berlín 1936.

En aquellos años, el fútbol en el archipiélago nipón todavía se encontraba en la escuela primaria, viviendo un lento crecimiento. A pesar de que desde antes ya se disputaban los torneos intercolegiales, la Asociación de Fútbol de Japón (JFA) y la Copa del Emperador recién se crearon en 1921. El primer título para el combinado japonés llegó en 1930, cuando compartieron la medalla de oro de los Juegos del Lejano Oriente con la República de China (Hoy Taiwán).

Sin embargo, el país de los Supercampeones seguía siendo muy inferior comparado a las potencias europeas, sudamericanas e, incluso, con las asiáticas. La península coreana, que en aquellos tiempos era una colonia del Imperio del Japón, tenía un mayor desarrollo futbolístico. Un año antes de las Olimpiadas en Berlín, el Kyungsung FC (Luego Seoul FC) se quedó con la Copa del Emperador y los Juegos del Santuario Meiji, los dos torneos más importantes del archipiélago nipón. 

A pesar de la importante superioridad del Kyunsung, y debido a la discriminación étnica sobre los coreanos, Yeong-sik Kim fue el único convocado de ese equipo para representar a Japón en los JJOO de 1936. Luego, el resto de los convocados fueron todos futbolistas nacidos en el archipiélago nipón y que jugaban en la Universidad de Keio, la Universidad de Waseda, la Universidad de Tokio, Waseda WMW y Tokio LB (estos últimos dos son equipos formados por estudiantes graduados en las universidades con el mismo nombre).

La inferioridad del combinado nipón frente al resto de las selecciones no solo era en cuanto al desarrollo de jugadores, sino también en lo táctico. Estaba diez años atrasado en cuanto a la pizarra. Luego de la modificación de la regla del offside, en 1925, los equipos europeos dejaron de utilizar el 2-3-5 y lo reemplazaron por la famosa WM (3-2-2-3), pero Japón seguía con el ya antiguo 2-3-5. Esto se expuso cuando perdieron tres amistosos ante equipos de la capital alemana (1-3 vs Wacker 04, 3-4 vs Minerva SC y 2-3 vs Blau-Weiß 90). Luego de los malos resultados en los amistosos y a falta de 10 días para el inicio de los JJOO, el entrenador Shigeyoshi Suzuki decidió modificar el habitual  2-3-5 por la WM, y esto forzó al mediocampista Koichi Oita a retrasar su posición para convertirse en un tercer central.

Se acercaba el día del debut de Japón en los JJOO. El rival en la primera ronda era Suecia y todo indicaba que el seleccionado nórdico era el gran favorito para llevarse el encuentro y uno de los candidatos para colgarse una medalla. Los nórdicos eran tan superiores que incluso la prensa nipona decidió no cubrir el encuentro. El combinado asiático tenía todas las de perder: preparación inferior, táctica nueva y nulo apoyo de sus propios medios. 

 

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Las predicciones parecían ser acertadas cuando durante el primer tiempo, los suecos demostraron toda su superioridad futbolística, ya que los dos goles de Erik Persson mandaban al entretiempo a los nipones con un 2-0 abajo. La derrota parecía ser irremontable, pero los japoneses no saben rendirse sin antes luchar.

Luego del descanso, el sol nació en el conjunto japonés y comenzó a iluminar el camino hacia la remontada. Los asiáticos salieron completamente distintos en la segunda mitad y ya a los cuatro minutos, Taizo Kawamoto anotó el 1-2, y posteriormente Tokutaro Ukon puso la igualdad. Luego del empate, los nórdicos reaccionaron y comenzaron a generar un peligro constante sobre el área rival, pero la gran actuación del arquero Rihei Sano, de los tres centrales (Teizo Takeuchi, Koichi Oita y Tadao Horie) y la del volante Kim Yong-sik evitó que se vuelvan a poner por arriba en el marcador.

El partido seguía igualado 2-2, cada vez quedaba menos tiempo para el final del partido y los nipones estaban totalmente agotados, ya que el esfuerzo físico había sido descomunal, pero aún así siguieron luchando y demostrando su espíritu para sorprender al mundo y así lograr un histórico triunfo. Lo consiguieron. Faltaban cinco minutos para el pitazo final cuando un error en la defensa sueca le permitió a Akira Matsunaga correr y convertir el 3-2 definitivo que le daba a Japón el pase a la siguiente ronda y firmaba la primera victoria de un seleccionado asiático en fútbol en los Juegos Olímpicos, un suceso que luego la prensa del País del Sol Naciente lo conocería como ¨El milagro de Berlín¨.

 

 

Este triunfo japonés causó una gran alegría en los espectadores, que al ver la garra y espíritu para buscar la remontada empezaron a hinchar por el seleccionado asiático, y varios de ellos decidieron entrar al campo de juego para festejar. La prensa alemana llenó de elogios a los jugadores nipones e incluso durante la retransmisión en la radio sueca el locutor Sven Jerring gritó: “Japoneses, japoneses, japoneses tremendamente impresionantes (…) japoneses que saltan, japoneses que hacen alarde de sí mismos, japoneses que hacen todo lo posible para llevarse la victoria para nipón“.

Los protagonistas del milagro quedaron exhaustos físicamente tras el encuentro y esto los afectó demasiado en el partido que se disputó tres días después, en el que cayeron por 0-8 ante Italia, futura ganadora de la medalla de oro. Aún así, a pesar de la derrota ante los campeones del mundo en 1934, esta selección quedaría en el recuerdo del fútbol nipón. La camiseta que se utilizó ese día está exhibida al público en el museo de la JFA y desde 2016, cuando se cumplieron 80 años de aquella hazaña, los integrantes de aquel torneo son parte del Salón de la Fama del fútbol japonés.

Lamentablemente, muchos de los futbolistas que fueron parte de aquel milagro en Berlín tuvieron un final bastante temprano. Tras el inicio de la Guerra del Pacífico en 1937 y el ingreso a la Segunda Guerra Mundial unos años más tarde, varios de ellos fueron reclutados por el ejército del Imperio del Japón. Algunos fallecieron, como fueron los casos de Tokutaro Ukon (murió en la Isla de Bougainville), Akira Matsunaga (en la Isla de Guadalcanal), Teizo Takeuchi (en un campo de detención de la URSS en Siberia) y Toyoji Takahashi (accidente durante un entrenamiento en la fuerza aérea), y otros lograron sobrevivir, pero no quedan dudas de que su legado fue, es y será eterno en los libros del olimpismo.

 

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