lunes, 23 mayo, 2022
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La NBA son momentos. Fechas e hitos que se quedan marcados en la memoria. Es difícil definir qué época ha brillado con más fuerza, pero lo cierto es que este torneo nos ha dejado un puñado de efemérides para el recuerdo. Una que luce por encima de la gran mayoría es la del 13 de abril de 2016. Ese día se produjeron en la mejor liga de baloncesto una serie de acontecimientos que hoy pasaremos a recordar. Desde aquí presentamos la candidatura a mejor día de la historia de la NBA.

Para muchos, la temporada 15/16 de la NBA está entre las mejores de todos los tiempos. Lo transcurrido durante todo el desarrollo de competición nos daría para muchos reportajes, empezando por la temporada regular y acabando con unas finales de infarto. Estar a la altura en un año tan exigente es tarea de los mejores guerreros. Fue un curso de récords y remontadas, pero también de importantes retiradas. Para poner en contexto, un Stephen Curry enrachado se alzaba con su segundo MVP de forma consecutiva. El base de Warriors también destrozó el récord de triples con 402. El mejor Curry dominaba la NBA. Esa temporada, los rebotes fueron para Drummond y las asistencias para Rondo. El joven del año fue Karl-Anthony Towns. Un ecosistema totalmente distinto al actual.

Sin embargo, estos hitos quedaron en segundo plano después del desarrollo del famoso 13 de abril de 2016. Con aún toda la historia de los playoffs por delante, el último día de temporada regular se produjeron dos hitos que marcarían la historia de la NBA. El 13 de abril de 2016 los Golden State Warriors lograron sumar su 73º victoria de la temporada superando así el récord de Chicago. También, ese día fue la despedida de Kobe Bryant de las canchas. La Mamba Negra no pudo hacerlo de otra manera: se retiró endosando 60 puntos a los Utah Jazz. Acompáñanos en el repaso de este histórico día.

 

 

La confirmación del récord de los Warriors

Los vigentes campeones arrancaron el curso de la mejor manera posible. Firmaron el mejor comienzo de temporada de todos los tiempos con 24 victorias seguidas. Los Bucks se interpusieron en el camino de los de Steve Kerr en una noche estelar de Greg Monroe, acompañado de un joven Antetokounmpo que empezaba a brillar. Las 24 victorias al hilo más las cuatro de la temporada anterior les sirvió para firmar la segunda mejor racha de victorias de la historia de la NBA, solo superados por los Lakers de la 71/72.

Antes de finalizar el mes de diciembre, Dallas puso el dos en el casillero de derrotas de Warriors. Pistons y Nuggets hicieron lo mismo en el mes de enero. En febrero fue Portland y en marzo los Lakers y San Antonio Spurs. El combinado de Steve Kerr entró en el mes de abril con siete partidos por delante y con sólo siete derrotas. Para alcanzar el récord solo se podían permitir dos más. Sin embargo, el 1 de abril una actuación coral de los Celtics le sacaba los colores a los Warriors. Escasos días después, una nueva derrota ante Minnesota ponía contra las cuerdas a Curry y compañía. Ya no tenían margen de error.

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San Antonio y Memphis iban a decidir si se batía o no el récord de los Bulls del 96’. Cuatro partidos, dos en el Oracle Arena (por aquel entonces) y dos fuera de casa. El primer duelo, ante los Spurs, se solventó sin ningún contratiempo. Sin embargo, la visita al estado de Tennessee iba a suponer un esfuerzo titánico. Los Warriors tuvieron que remontar para acabar ganando de uno. En San Antonio, contra unos Spurs que con 65 victorias tenían ya la mirada puesta en playoffs, los Warriors igualaron el deseado récord. Fue un partido de corta anotación, propio de la postemporada. Una vez más, los 37 de Steph Curry fueron determinantes para la victoria.

Con la temporada regular llegando a su fin, uno de los alicientes de la última jornada en la NBA era concretar si se batía o no el récord de los Bulls de Michael Jordan. Los Grizzlies, mermados por la baja de Marc Gasol, no fueron rival para unos Golden State Warriors que solventaron la papeleta con creces.

Stephen Curry volvió a dejar en claro que su baloncesto estaba a la altura de las grandes estrellas y selló la temporada regular con una actuación colosal: 46 puntos y 10 de 19 en tiros de tres. Superando la cifra de 400 triples en regular season. Marca que hasta la fecha jamás fue superior a las tres centenas.

La victoria de los de Steve Kerr supuso la 73º de la temporada, superando así las 72 de los Bulls. Obteniendo así los récords de mejor arranque de temporada (24-0) y mejor racha de victorias fuera de casa (34).

Steve Kerr también formó parte de la plantilla de Chicago. El ahora entrenador de la primera y segunda mejor marca de victorias declaró al término del partido que: “No creo que este récord vaya a ser batido nunca. Os dije que nunca en un millón de años hubiese pensado que ese récord se podría romper. Estaba equivocado. Pero ahora tengo que decir lo mismo: ‘No creo que este récord vaya a ser batido nunca”.

Las reacciones no tardaron en llegar. De los primeros en pronunciarse fue otro artífice de la segunda mejor marca, Scottie Pippen. “Sabiendo lo que hace falta para ganar 72, tengo que quitarme el sombrero ante los Warriors por conseguir 73. ¡Buena suerte para Steve Kerr y compañía en los playoffs!”, escribió en Twitter. Michael Jordan, a través de una nota de prensa, también bendijo la hazaña de los de la bahía.

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Curry se alzó con el MVP de forma unánime. Los 131 votantes lo eligieron en primer lugar, siendo así el primero en conseguirlo en toda la historia. Los Warriors, claros favoritos a revalidar el anillo se toparon ante los Cavs de LeBron James en las Finales. En una final de infarto, el equipo comandado por “El Rey” remontó un 3-1 adverso, dando a la ciudad de Cleveland el primer anillo de su historia. La hazaña de los Golden State Warriors se vio empañada en una final que no hizo más que confirmar la grandeza de la temporada 15/16, pero eso es ya otra historia.

El retiro deseado de Kobe Bryant

Nadie va a descubrir a estas alturas la grandeza de Kobe Bryant como jugador. Pero si alguien se merecía tener un final hollywoodense, ese era Kobe. Fiel a la “Mamba Mentality” que él patentó, cerró su carrera NBA con 60 puntos.

La hinchada del Staples pudo, al menos en el último día de temporada regular, despedir a su leyenda con honores. El equipo dirigido por Byron Scott llegó a la última cita con apenas 16 partidos ganados. Sumidos en una profunda crisis, el único atractivo que tenían estos Lakers era ver jugar a un veterano Kobe noche tras noche.

Tras superar diversos problemas de lesiones, entre ellos la grave lesión en el tendón de Aquiles, el proyecto angelino giraba en torno a su máxima figura. Encomendados en el escolta de Filadelfia, los jóvenes jugadores como D’Angello Russell, Julius Randle o Jordan Clarkson eran insuficientes para armar un conjunto competitivo.

El máximo anotador de la plantilla fue el propio Kobe, seguido de Clarkson y Lou Williams. Más allá de ello la plantilla no daba el nivel. Era demasiado novata para pensar en jugar playoffs. En un equipo que llegó a acumular diez derrotas seguidas, la despedida de Kobe Bryant era el único aliciente.

Sin opciones de jugar postemporada, el último partido en el Staples Center tenía un solo objetivo: despedir a Kobe Bryant. Los Utah Jazz de un joven Gordon Hayward eran el rival de los angelinos. Los locales se llevaron la victoria en un final de infarto, en el cual tuvo que aparecer una vez más el 24 de los Lakers.

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El escolta, de 37 años, anotó 60 puntos, 23 de ellos en el último cuarto. Era su primer partido de más de 50 puntos desde el año 2009. En el último minuto, Kobe encestó un triple y un lanzamiento de media distancia para poner a los suyos por delante. Con 96-97 en el marcador, Bryant anotó dos tiros libres para alcanzar los 60 puntos. A 4,1 segundos del final, Kobe se sentó en el banquillo. Su última participación en el juego fue una asistencia a Clarkson.

El Staples, que había sido testigo de una actuación memorable, se vino abajo para despedir a uno de sus mejores jugadores. Al término del choque Kobe se hizo con el micrófono para agradecer todo el apoyo, sin dejar de lado su mayor lado competitivo, pues declaró entre risas que: “El final perfecto hubiese sido un campeonato”. El discurso de Kobe se cerró pronunciando aquello de “Mamba out” y lanzando un beso al graderío.

La noche en sí fue un homenaje hacia su figura. El parqué del Staples se decoró con los dorsales de la estrella, el 8 y el 24, para acoger a miles de aficionados quienes pudieron despedir in situ a su estrella. Además, un elenco de personalidades, entre ellos Jack Nicholson, poblaron el graderío. No podían perderse el último baile de Kobe.

Ser el segundo peor equipo de la NBA no iba suponer un impedimento para manchar la despedida de Kobe. El escolta se valió de 50 tiros de campo para conseguirlo, ese era el objetivo. «Lo que me hizo gracia durante toda la noche fue que, después de pasar 20 años con todo el mundo gritándome para pasar la bola, ahora me decían ‘¡No la pases’!», dijo al final del choque.

Kobe se despidió siendo él mismo. Fiel a su filosofía de juego y demostrando a cada segundo que era un jugador único. Probablemente no volverá a pasar por la NBA una figura que lo supere en cuanto a mentalidad ganadora.

Veinte años de carrera, 18 All-Stars, cinco anillos, un MVP y 33.643 puntos no se podrían haber cerrado de la mejor manera posible. Todo ello defendiendo la misma camiseta, la de Los Ángeles Lakers, que recordarán para siempre su figura. El legado de Kobe sigue presente en la NBA y aquella noche del 13 de abril de 2016 no hizo más que refrendar aquella Mamba Mentality.

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Estudiante de periodismo. Tuve la suerte de crecer viendo la mejor generación de futbolistas de la selección española. Me gusta el deporte, así como todo lo que rodea al mismo, sus causas y consecuencias. Por ello es importante contar las historias de los protagonistas. Del 2001.

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