jueves, 1 octubre, 2020
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Los sueños, sueños son. Faltando nueve fechas para terminar la temporada 2014-2015, el Leicester estaba muy complicado con la permanencia en la Premier League. Sin embargo, en un sprint final matador, “The Foxes” cosecharon siete triunfos que lograron mantenerlo a flote en la máxima categoría. El conjunto, que en ese entonces dirigía Nigel Pearson y donde jugaban los argentinos Esteban Cambiasso y Leonardo Ulloa, venía de ascender tan sólo un año antes y trataba de acomodarse a las exigencias de una competencia que había sabido jugar por última vez más de diez años atrás.

En esa larga década, el Leicester llegó a tocar fondo en 2008-2009 cuando tuvo que disputar la Football League One, es decir la tercera categoría del poderoso fútbol inglés. Pero como este deporte tan hermoso y cambiante suele dar revancha, desde entonces inició un camino de resurrección que iba a generar uno de los hitos más grandes de la historia de la redonda, de la caprichosa. El lunes 2 de mayo de 2016, cuando en Stanford Bridge se consumó el empate en dos entre Chelsea y Tottenham, el mundo se hizo eco de la impactante noticia: el Leicester se coronó campeón de la Premier League a dos fechas del final y por primera vez en sus 132 años de historia.

Ni Manchester, ni Londres, ni Liverpool. Las tres grandes ciudades que han acaparado la gloria futbolera en el país británico quedaron a un costado ante esta irrupción inesperada que le hace burlas a la obscena normalidad de esos poderosos que cada día tienen más. Veintidós triunfos, once empates y apenas tres derrotas en una campaña de ensueño que tuvo puntos altísimos en algunos, hasta dicha conquista, ignotos jugadores.

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Los nombres de Jamie Vardy – cuarto máximo goleador de la historia del Leicester – y Riyad Mahrez – hoy en Manchester City – en la faz ofensiva, los incansables mediocampistas N´Golo Kanté – un par de años después campeón del mundo con Francia y actualmente en Chelsea – Daniel Drinkwater; el defensor y capitán Wes Morgan (autor del gol en Old Trafford para el empate el domingo ante el United) o el arquero danés Schmeichel -hijo del histórico Peter- ya tienen un lugar en la historia del campeón más impensado, ése que generó enormes simpatías en todo el planeta. Incluso el propio Leonardo Ulloa, el argentino que desde el banco de suplentes anotó seis goles.

Un párrafo aparte merece Claudio Ranieri, el entrenador italiano, que tras 30 años de trayectoria, obtuvo recién su primera liga local. Los bancos de Cagliari, Fiorentina, Valencia, Atlético Madrid, Chelsea, Parma, Juventus, Roma, Inter y Mónaco lo tuvieron dando indicaciones pero sin cosechar un título semejante.

Sí tuvo otras conquistas, por ejemplo, en la Fiore de Batistuta donde obtuvo Copa y Supercopa de Italia o la Copa del Rey con el Valencia en el que brilló el Piojo López. Pero hasta el momento, en campeonatos locales siempre se había quedado en la puerta con segundos puestos en Chelsea, Juventus, Roma y Mónaco. Y antes de arribar al Leicester venía de un estruendoso fracaso con la selección griega en la que sufrió una de las derrotas más oprobiosas del conjunto helénico, donde terminó perdiendo el puesto luego de caer 1 a 0 contra las Islas Feroe.

Pero Ranieri fue el principal artífice de un equipo que se caracterizó por su solidez defensiva, por sus contras letales y un espíritu de grupo inconmensurable que lo catapultó a la gloria. Con un bajo porcentaje de posesión del balón (un valor futbolístico casi esencial, pero que a veces se asemeja a un culto abstracto), el Leicester apostó por hacerse fuerte desde otros aspectos y a ser contundente a través de los increíbles aportes de Mahrez y Vardy. Y Ranieri fue el que confió desde un inicio.

Por si no lo creen, vale la pena recordar que el italiano había firmado una cláusula que establecía que si el Leicester era campeón, su billetera se incrementaría en 6,4 millones de euros. ¡Y lo habían contratado para seguir en la Premier nomás!

La conquista del humilde equipo, cuya mejor actuación había sido un segundo puesto en 1929, no tiene demasiados ejemplos en los que apoyarse. Aunque trillada, la frase de que fue una hazaña casi sin precedentes tiene una enorme cuota de realidad. Quizás sólo se pueda equiparar con aquella Grecia campeona de la Eurocopa en 2004, el Nottingham Forest ganador de la liga y bicampeón de Europa en 1979 y 1980 o el Hellas Verona de Preben Elkjær que se plantó ante los grandes del calcio en 1985.

Hay otros títulos “por primera vez”, como la Sampdoria 90/91 en Italia o el Wolfsburgo 2009 en Alemania, pero no era tal la distancia con los más poderosos, misma que se fue acrecentando con el tiempo en las distintas ligas europeas.

Leicester creyó que se podía, sus héroes subestimados se fueron convenciendo de que una historia grande era factible de escribir. Cuando en la fecha 23 se hizo con la punta de la clasificación, los pronósticos arreciaron: “no va a aguantar, se va a caer”. Y los de Ranieri siguieron cosechando de a tres, mientras sus perseguidores tropezaban, salvo el Tottenham, que logró sostener la pelea, aunque a cierta distancia, hasta el 2 a 2 con Chelsea.

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El DT, que había ido a visitar a su madre de 96 años a Italia mientras sus jugadores se enteraban por tele de la consagración, resumió en una carta escrita cuando aún quedaban seis fechas el sentimiento que a todos nos provocó este grupo de jugadores:

“Hace solo unos años, muchos de mis jugadores estaban en las divisiones inferiores. Vardy trabajaba en una fábrica. Kanté estaba en la tercera división francesa. Y Mahrez en la cuarta.

Ahora estamos luchando por un título. Los hinchas del Leicester que me encuentro por la calle me dicen que están soñando. Pero yo les respondo: «Bien, sueñen por nosotros. Nosotros no soñamos. Simplemente trabajamos duro».

No importa lo que suceda a final de temporada, creo que nuestra historia es importante para todos los aficionados al fútbol de todo el mundo. Les estamos dando esperanza a todos los jugadores jóvenes a los que alguna vez les han dicho que no eran suficientemente buenos.

Ahora pueden decirse a sí mismos: «¿Cómo puedo llegar a la élite? Si Vardy puede hacerlo, si Kanté puede hacerlo, quizás yo también puedo»”.

Y esa fue la enseñanza que este grupo inigualable nos dejó a aquellas personas quienes amamos este deporte. Fue una bocanada de aire fresco que apareció entre la monotonía de siempre y que nos dijo que por más difíciles que parezcan los sueños, a veces, se cumplen.

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Sebastián Tafuro

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hakim ziyech 06/09/2020 at 23:06

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