lunes, 23 mayo, 2022
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Hace unos días, Canadá selló su boleto a la Copa del Mundo 2022 con una contundente victoria 4 a 0 como local ante Jamaica. Si bien aún faltaba el encuentro de visitante frente al combinado de Panamá –que fue derrota por 1 a 0- el representativo del “Gran Norte Blanco” consiguió la tan ansiada clasificación a su segundo Mundial desplegando, por momentos, un fútbol de alto vuelo y hasta incluso dándose el lujo de prescindir de Alphonso Davies en las últimas fechas del torneo clasificatorio. Con el hombre del Bayern Múnich recuperándose de su afección cardíaca post-covid, la responsabilidad de llevar a los canadienses a la tierra prometida recayó principalmente en Jonathan David, futbolista del Lille de Francia. Secundado por Tajon Buchanan, Cyle Larin y Jonathan Osorio, la selección de la hoja de maple consiguió resultados importantísimos en reductos siempre difíciles como los son el Estadio Azteca y el Nissan Stadium de Nashville (en ambos casos logró sendos empates 1 a 1) y pudo doblegar en casa a mexicanos y estadounidenses, los rivales más duros de la Concacaf.

Hablando específicamente del match frente a México, los canadienses demostraron en ese partido jugado en el mes de noviembre del año pasado una picardía propia de los equipos sudamericanos. En la noche de Edmonton, y con una temperatura que por momentos rondó los –11º centígrados, los locales aprovecharon la manifiesta incomodidad de sus rivales y se quedaron con una importantísima victoria 2 a 1. Tan mal la pasaron los aztecas que, ya al momento de los himnos, apenas podían controlar sus temblores.

Ahora bien, reducir el éxito de Canadá a solo un puñado de buenos futbolistas y las condiciones climáticas es un error. Desde hace tiempo ya, quienes llevan las riendas del fútbol nacional vienen trabajando para que Les Rouges vuelvan a la Copa del Mundo. Si bien históricamente la selección se ha nutrido de jugadores nacionalizados (en México 1986 concurrió con 10 de estos), la captación de talento a muy temprana edad ha dado un salto cualitativo y les ha permitido asegurarse a varias de sus nuevas figuras, entre las que se destaca el ya mencionado Davies. El chico, nacido en un campo de refugiados de Ghana –sus padres escapaban de la Guerra Civil de Liberia-, y que llegó a Vancouver siendo un niño, todavía no cumplió los 22 años, pero ya es considerado el mejor jugador de la historia de su país adoptivo y es el líder indiscutido de una nueva camada que, en honor a la política de fronteras abiertas que la nación del norte siempre tuvo, exhibe orgullosa su multiculturalismo. En esta selección no solo hay miembros nacidos en Ghana, Inglaterra, Estados Unidos y Croacia, sino también futbolistas born and raised en suelo canadiense, pero de ascendencia argentina, colombiana, chilena, jamaiquina y hasta incluso de Barbados.

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Otro punto que permitió que estas jóvenes promesas capitalicen todo su potencial fue tener participación en la Major League Soccer y demás niveles del soccer de Estados Unidos. Al igual que sucede con otras disciplinas, la presencia de equipos dentro de la máxima categoría y las divisiones menores de su país vecino permitió que el fútbol canadiense salga de esa especie de estado de hibernación en el que había quedado desde que la vieja Canadian Soccer League cesó sus operaciones en 1992. Si bien después de este hecho algunos teams tuvieron participaciones esporádicas en las distintas ligas inferiores de USA, el arribo del Toronto FC a la MLS en 2007 fue lo que puso en marcha la vieja maquinaria. Más temprano que tarde, se sumaron también Montreal Impact y Vancouver Whitecaps y, aunque tres equipos era muy poco para darle lugar a los muchos chicos que soñaban con ganarse la vida como futbolistas profesionales, el proyecto para devolver al fútbol canadiense a los primeros planos ya estaba en marcha. Los buenos resultados, tanto comerciales como deportivos de las franquicias autóctonas, fueron el incentivo para comenzar a teorizar sobre la posibilidad de crear una nueva liga nacional que, si bien no tendría como rivalizar con la ya establecida MLS, si pudiera darle un marco profesional a los jóvenes que debían irse al extranjero para tener una oportunidad en el mundo del fútbol. Modesta en sus objetivos si se la compara con su vecina inmediata, la Canadian Premier League –cuya temporada inaugural fue en 2019 y que pudo subsistir sin tantas dificultades el flagelo de la pandemia- ha sido una respuesta más que aceptable a la problemática de la falta de oportunidades laborales para los futbolistas canadienses y hasta incluso cosechó cierto éxito internacional con el Forge FC jugando semifinales de la Concacaf League.

Pero todo esto no hubiese bastado sin la presencia y guía de John Herdman. Este coach inglés de 46 años ha revolucionado a las selecciones nacionales canadienses partiendo desde un modesto lugar. Nacido en Consett, un pequeño pueblo del condado de Durham, y sin una carrera de jugador que lo avale, Herdman inició su trayecto como DT en las inferiores del Sunderland. Frustrado por la falta de oportunidades (aunque tenía todas las credenciales habilitantes, el hecho de no haber tenido una carrera como jugador que lo avale le cerró todas las puertas), en 2001 decidió mudarse a Nueva Zelanda y esa decisión cambiaría su vida. Ese mismo año comenzó a trabajar dentro de la estructura de la federación nacional y, a fuerza de resultados en las categorías inferiores, consiguió ascender posiciones. Finalmente, en 2006 se hizo cargo de la mayor de la selección mayor femenina, a la que clasificó a dos Copas del Mundo (2007 y 2011) y a un Juego Olímpico (2008).

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Su buen trabajo en Nueva Zelanda llamó la atención en Canadá y hacia allí partió en 2012. Con la selección femenina de ese país, Herdman obtuvo resultados de manera inmediata, consiguiendo la medalla de bronce en los JJ. OO de Londres y repitiendo cuatro años más tarde en Río. Su buena performance lo llevó a ser considerado para el puesto de entrenador de la selección masculina. Hasta ese entonces, el seleccionado principal había probado con viejas glorias canadienses y con entrenadores extranjeros como el alemán Holger Osieck o el español Benito Floro, pero la clasificación al Mundial seguía siendo esquiva. Si bien los resultados lo avalaban para dar el salto, apostar a Herdman era arriesgado debido a que no es muy común en el mundo del fútbol que un entrenador del seleccionado femenino pase a dirigir el masculino. Pero, como dice el dicho, la fortuna favorece a los valientes.

John Herdman tomó las riendas del equipo en 2018 (además fue nombrado coordinador de selecciones infanto-juveniles) y comenzó a darle forma a un equipo que, cuatro años más tarde, haría historia. Al principio, no fue fácil. Los jugadores lo miraban con cierta desconfianza y la dinámica de grupo del plantel no era la ideal (muchas divisiones basadas en el origen/ascendencia), pero, con trabajo duro y una cuota de talento inusual para los estándares canadienses, el entrenador consiguió obrar el milagro de volver a una Copa del Mundo. Y esto es solo el comienzo.

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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