miércoles, 23 septiembre, 2020
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Thomas Muster fue un enorme jugador de canchas lentas, dado que sus mejores resultados se dieron en dicha superficie a lo largo de toda su carrera. El nacido en Leibnitz, Austria, fue el primer y hasta ahora único número uno del mundo que tuvo su nación.

El apellido Muster comenzó a sonar fuerte hacia finales de la década del 80’, cuando en 1986, con apenas un año jugando el circuito profesional, ganó su primer ATP en Hilversum.

Tras esto comenzó a tomar más protagonismo dentro del tour, accediendo un año más tarde por primera vez a la tercera ronda tanto del Abierto de Australia como el de Roland Garros, donde se comenzaba a vislumbrar su gran aptitud para desarrollarse en suelo parisino.

Más adelante en el tiempo llegaría la temporada despegue de Muster, en la que levantó cuatro títulos y realizó buenas actuaciones en torneos grandes. Aquello le posicionó de a poco como una estrella emergente del tenis que prometía tener mucho éxito en un futuro cercano.

Todo comenzaba muy bien en 1989, año en el que llegó a su mejor actuación histórica en el Abierto de Australia, alcanzando las semifinales para luego llegar a la final de Miami. Pero antes de disputar dicha definición del certamen disputado en Crandon Park, fue atropellado por un auto en la ciudad que no sólo eliminó la posibilidad de disputar dicho encuentro, sino que lo tendría al margen del circuito un largo tiempo.

Ese lamentable hecho hizo que el austríaco detuviera su constante ascenso, algo que le fue muy difícil de retomar, al menos en esa temporada. Las imágenes ilustrativas de la época mostraban al tenaz Muster entrenándose en silla de ruedas.

Paradójicamente, con las circunstancias, el nacido en Leibniz llegaba por primera vez al top ten estando inactivo y con fracturas complicadas en su pierna que le obligaron a frenar en seco ese progreso. En su vuelta no pudo volver a la senda de la victoria. Ese año 1989 lo marcaría a fuego.

Muchas veces dicen que lo que no te mata te fortalece y precisamente, ese dicho aplica a la situación de Muster, puesto que un año después de su operación y de ver negado su constante ascenso, Thomas volvía a los primeros planos del tenis mundial con su regreso triunfal y ganándose el apodo que le quedaría grabado para siempre, “Musterminator“.

En dicha temporada ganó el Masters de Roma en el Foro Itálico, ganó su primer torneo en cemento y además se dio el gusto de alcanzar las semifinales de Roland Garros. De a poco llegaba la nueva versión mejorada y resiliente de Muster, quien pasado el sacudón en su vida volvía a los primeros planos.

El constante ascenso siguió aumentando exponencialmente, pero aún quedaba una materia pendiente para Muster y esa era ganar Roland Garros. Apodado como “El Rey de la Arcilla“ por ganar siete títulos en 1993 sobre canchas lentas, el austríaco quería dejar atrás los intentos fallidos y los fantasmas que le impedían sobrepasar las semifinales en París.

La temporada 1995 marcaría a fuego la leyenda de Musterminator, y también el recuerdo de los amantes del tenis. Fue algo pocas veces visto, quizás ahora imitable por el gran Rafael Nadal, una figura absolutamente imbatible sobre polvo de ladrillo, especialmente en Roland Garros, pero lo que se vio en el 95` fue algo innovador.

Primero fue Estoril, luego Barcelona, pasando por Montecarlo y volviendo a ganar Roma, todos logros consecutivos del Thomas que se encontraba en la cúspide de su confianza y apenas cedía sets en el camino a alzar el trofeo de turno. Cuatro títulos al hilo fue el registro histórico derrotando a enormes jugadores de la época tales como, Yevgeny Kafelnikov, Boris Becker, Michael Chang, Sergi Bruguera entre otros, para llegar a París como el máximo candidato.

Llegaba la cita, la chance histórica para él de lograrlo, y para su nación de tener por primera vez un campeón de Roland Garros. Con un solo set perdido hasta los cuartos de final, todo venía transcurriendo con total normalidad y sobre todo comodidad para sus estándares.

Ya instalado entre los ocho mejores le tocó un durísimo cruce con Albert Costa, un joven ascendente que años después sería campeón en el Bois de Boulogne. Fue la prueba más dura en el camino a la final, pero la superó viniendo de un 1-2 abajo en sets para vencer al español por parciales de 6-2 3-6 6-7 7-5 y 6-2.

Una vez finalizada la batalla, días más tarde vapuleó a Kafelnikov, nuevamente en cifras de 6-4 6-0 6-4, para superar por fin la barrera de las semifinales y meterse en la definición de un Grand Slam por primera vez en su carrera.

Y nada le pesó, el austríaco, con un registro extraordinario en sus espaldas e infinidad de partidos ganados en forma consecutiva, todos en arcilla, no cedió a la presión. Fue un inapelable 7-5 6-2 6-4 frente al estadounidense Michael Chang para así ponerle el broche de oro a la temporada inolvidable de 1995.

Tras alcanzar la gloria en tierra batida, Muster jugó 8 torneos más de arcilla posteriormente, ganando cinco de ellos. Perdió en dos ante Alex Corretja y Albert Costa, y no se presentó a otro. Mientras que también ganó en St Poelten, Stuttgart, San Marino, Umag y Bucarest.

En total, Muster conquistó 11 títulos en arcilla ese año. Un Grand Slam, dos Masters, dos ATP 500 y seis ATP 250. Solamente Guillermo Vilas en 1977 ganó más títulos de arcilla en un año (13).

Tuvo un récord de 65-2; y en 47 de esas 65 victorias no perdió un set, es decir más del 72%. Venció a: tres top 5, ocho top 10 y 11 top 20. Solo Vilas (92/71) y Orantes (88-66) lograron más victorias en clay un mismo año, 2 cada uno. Tuvo además una racha de 40-0, sólo superado por Nadal (81), Vilas (53) y Borg (46)

Así fue la temporada 1995 que quedará en la retina de todos los que la vivieron como el año inolvidable de “Mustermiantor”, jugador que superó los momentos difíciles, tuvo paciencia ante la adversidad y que con trabajo, dedicación y esfuerzo, logró su sueño, ganar Roland Garros.

También puedes leer:   Raquetas silenciadas
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Keyword 06/09/2020 at 19:51

unai emery

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