domingo, 20 septiembre, 2020
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La selección lusa, bastante irregular en cuanto a resultados en las grandes citas tras su histórica participación en el Mundial de 1966, había logrado reunir entre las décadas de 1990 y 2000 a una de las mejores camadas de toda su historia. Figo, Rui Costa, Deco, Pauleta, Fernando Couto, Nuno Gomes y hasta Cristiano Ronaldo ayudaron para que Portugal tuviera presencia perfecta tanto en las Copas del Mundo desde el 2002, y en las Eurocopas desde 1996, algo impresionante si se tiene en cuenta que este país solo había logrado dos clasificaciones a las grandes citas en toda su historia luego de aquel torneo de Inglaterra 66´: las conseguidas para Francia 1984 y México 1986. 

Nadie puede discutir los resultados obtenidos por este equipo, el cual se convirtió en uno de los mejores del globo: alcanzaron dos semifinales en el torneo continental (2000 y 2012) y una en el certamen global (2006), además de haber sido subcampeones europeos en casa en el 2004, cayendo ante la milagrosa Grecia. Pero los grandes jugadores de esta generación comenzaron poco a poco a retirarse, quedando CR7 como el único buque insignia de la misma. Y a él le cargaban el peso de no poder dar ese último paso hacia el campeonato, una carga que se hacía más pesada con cada torneo disputado.

El punto más bajo de esta historia aconteció dos años antes de la Eurocopa del 2016. Y es que los lusos, candidatos a pelear alto en el Mundial de Brasil, no lograron ni siquiera pasar la fase de grupos, siendo barridos por Alemania (4-0), algo que eventualmente sirvió para denegarle el pase por tener peor diferencia de gol que Estados Unidos. Paulo Bento, el entrenador de aquella escuadra (y que había llevado a la selección hasta las semifinales de la Euro 2012), terminaría siendo despedido poco después, teniendo como punto cúlmine una estrepitosa caída como local ante Albania por 0-1 en el inicio de las eliminatorias para la siguiente cita continental. Se había agotado un ciclo que había comenzado bastante bien, pero que no había tenido el final que se merecía. Algo que, lamentablemente, ya era habitual.  

El seleccionador elegido para el nuevo ciclo resultaría ser una total sorpresa. Y es que la Federación Portuguesa de Fútbol le dió las riendas a Fernando Santos, un hombre de una vastísima trayectoria en los banquillos (comenzó en el Estoril en 1987) pero cuyos resultados más importantes eran ya bastante lejanos (los títulos con el Porto y el AEK Atenas entre 1998 y 2002). Sin embargo, haber llevado a Grecia hasta los cuartos de final en la Euro 2012 y a los octavos de final en Brasil 2014 fue más que suficiente para saber que tenía las espaldas necesarias para tomar un conjunto mucho más potente.  

Pese a esto, el nacido en Lisboa tuvo que lidiar desde el inicio con bastantes detractores por dos cuestiones importantes. Una era por su manera de jugar (una bastante defensiva, diferente a lo que venían proponiendo los portugueses desde hacía varias campañas) y otra porque se lo consideraba como un entrenador que había llegado al cargo debido a que otros no quisieron tomar aquel fierro caliente, como José Mourinho, André Vilas-Boas o Jorge Jesús. Él les demostraría que estaban en lo cierto al elegirlo. 

 

Volver a soñar

 

Tras aquella derrota ante los albanos, el equipo se preparó para uno de los viajes más complejos de aquellas eliminatorias. Y es que tocaba jugar ante Dinamarca en Copenhague, quizás el rival más duro de aquel Grupo I y que venía de vencer a Armenia en la jornada anterior. El duelo ante los escandinavos resultó tan complejo como se especuló en la previa. A pesar de eso, Cristiano Ronaldo volvió a erigirse como el gran salvador, marcando de cabeza el único gol del encuentro en el quinto minuto de adición. Aquel triunfo significó no solo un bálsamo de aire fresco frente a tantas pálidas, sino que terminaría por encender a la máquina portuguesa. 

 

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Tras Dinamarca el resto de los encuentros de aquella liguilla también se contaron por triunfos, aunque en ningún momento se vio a un equipo que dominara en los partidos como la tabla de posiciones terminó por demostrar, con siete puntos de diferencia ante los sorprendentes albaneses. Y es que todos sus triunfos se obtuvieron con un solo gol de ventaja, la mayoría incluso marcados en las segundas mitades de los pleitos. Quizás esto no decía mucho para el afuera, pero internamente los muchachos de Santos se daban cuenta de que comenzaban a tener esa mentalidad necesaria para vencer. Cristiano finalizó aquella ronda clasificatoria como el máximo anotador del grupo con cinco dianas, demostrando una vez más que, cómo capitán, tenía la obligación, autoimpuesta, de llevar a los suyos hacia la victoria. 

Los partidos previos de cara a la Euro no ayudaron a posicionar a Portugal como una de las grandes favoritas. Y es que cayeron ante Rusia (1-0), Bulgaria (0-1) e Inglaterra (1-0), destacándose solo las victorias ante Bélgica (2-1) y Noruega (3-0). Para la prensa, los lusos tenían posibilidades en la medida que la figura del Real Madrid estuviera iluminado. Pero lo cierto es que Fernando Santos llevó a un buen mix entre jugadores experimentados y algunos nombres más nuevos, entre los que se destacaban Rui Patricio (Sporting), Pepe (Real Madrid), Ricardo Carvalho, Moutinho (Monaco) y Nani (Fenerbahce).

La Euro comenzó para ellos un 14 de junio en Saint-Étienne ante una de las gratas revelaciones de las eliminatorias, la Islandia dirigida por el sueco Lars Lagerback. Todo hacía presuponer que el encuentro terminaría en una cómoda victoria para los portugueses, que no se esperaron la enorme resistencia que le dieron los vikingos del norte, que dejaron en claro que no fueron a pasar unas cálidas vacaciones a Francia. Si bien los de Santos lo intentaron durante la primera mitad, lo cierto es que el encuentro tomó un rumbo parejo, donde la paridad fue la norma. Nani anotó el primer gol de su selección a los 31´, pero a los 50´ la defensa cometió un grosero error en un centro, dejando solo a Bjarnasson, que empató la historia. El empate era un llamado de atención, aunque no se le dio tanta importancia, porque se suponía que tanto Austria como Hungría tampoco eran rivales de temer.

Sin embargo, ante el equipo de Fuchs, Alaba, Arnautovic y Sabitzer las cosas tampoco fluyeron. Incluso Ronaldo envió un penal al palo a los 79´. De repente, un grupo que parecía ser un picnic en una tarde de primavera se convertía en una auténtica casa del horror. Delfín Melero describía esta situación en el diario Marca: “El paseo que se esperaba está siendo un campo de minas. En un grupo más que asequible para meterse en octavos, los de Fernando Santos no tienen nada hecho. Todo lo contrario. Les espera una útima jornada en la que puede pasar absolutamente de todo. Portugal se ha metido en un lío. No meter goles en el fútbol cuesta demasiado caro”.

Tocaba jugarse la última carta ante la Hungría de Gabor Kiraly, la curiosa líder del grupo. Y el encuentro fue un infierno. Tres veces se pusieron en ventaja los magiares (Gera a los 19´ y Dzsudzsak a los 47´ y 55´), aunque tres veces Portugal también se levantó para conseguir el empate, primero con Nani tras un gran pase entre líneas de CR7 (42´) y luego con el propio Ronaldo siendo el protagonista, marcando con un tacazo de antología a los 50´ y consiguiendo el 3-3 a los 60´ de cabeza, una de sus armas predilectas. Aquello los dejó como terceros de zona, un resultado que los hubiera dejado afuera de no ser por el aumento de equipos en el torneo europeo (de 16 a 24), ampliación que se agradeció en toda Portugal, ya que ese tercer puesto fue suficiente para ser alojados dentro de la llave más “accesible” del certamen. Pero para Portugal ningún rival era sencillo a esas alturas.

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La sorpresa

 

El rival en octavos de final fue Croacia, un equipo que había logrado quedarse con el Grupo D, venciendo en el proceso a España por 2-1 y demostrando un juego sumamente atractivo, el cual terminaría de explotar dos años después en el Mundial de Rusia. Con jugadores del calibre de Subasic, Srna, Corluka, Vida, Modric, Rakitic, Perisic o Mandsukic, confiaban en llegar lejos en aquella Euro. Incluso demostraron su condición durante todo el partido, poniendo en apuros en más de una ocasión a Patricio, aunque Portugal demostró bastante solidez en defensa, una de las bases de allí en adelante. Finalmente todo se decidió con un gol de Quaresma a los 117´. El extremo había ingresado por Joao Mario antes de que acabase el partido y acabó convirtiendo tras una gran atajada del portero croata que no pudo despejar en su totalidad. Ante todo pronóstico, Portugal lograba meterse entre los ocho mejores del torneo. No convencía, pero allí estaba. Si algo se puede destacar del choque ante los ajedrezados fue el hecho de que un joven Renato Sanches (que jugaba en el Benfica) logró ganarse la titularidad, siendo una de las fichas claves del equipo de Santos.

Ante Polonia el futuro hombre del Bayern Munich se convirtió en una de las mejores cartas de los lusos. Paglo Egea, en Marca, manifestaba que “Ancelotti disfrutaría viendo el choque celebrado en Marsella con su nuevo ‘juguete’. Cada vez que tocaba el balón, pasaban cosas. Combinaciones en la zona de creación, galopadas con potencia e incluso un gol, tras una perfecta pared con Nani”. El encuentro arrancó bastante mal, con Lewandowski poniendo en ventaja a los suyos con apenas dos minutos de juego. Pero tras aquel empate de Sanches (a los 33´), el encuentro tomó un perfil más duro y parejo, de ida y vuelta. Los polacos proponían, pero los portugueses esperaban cualquier error para salir como flechas hacia el arco defendido por Fabianski. Finalmente nadie pudo mover el 1-1, por lo que hubo primero prórroga y luego penales, brillando un Patricio que le tapó el disparo a Blaszcykowski, dejándole la chance de liquidarlo todo a un Quaresma que no falló. Como hace cuatro años, Portugal estaba en semifinales del máximo torneo europeo.

El rival en la anteúltima instancia fue la también sorprendente Gales de Gareth Bale, escuadra que había dejado en la cuneta a otro seleccionado que daría que hablar en Rusia, Bélgica. Parecía que esperaba otro encuentro complicado, ya que los Dragones estaban en alza y  a esa altura no tenían nada que perder, pero aquí si que Portugal demostró que tenía una plantilla superior, además de a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Tras una primera mitad igualada apareció la mejor cabeza de Europa para destruir el arco defendido por Hennessey.  Tras el gol de Cristiano, el escudero Nani apareció apenas tres minutos después para desviar un tiro del hombre del Real Madrid y dejar la historia en un 2-0 que devolvía a los británicos a casa y a le daba a su equipo un boleto rumbo a París. ¿El objetivo final? El local, ni más ni menos. 

 

 

El 10 de julio del 2016 la Portugal de CR7 y compañía tuvo que verse las caras en el ya mítico Stade de France, estadio sede de la final del Mundial de 1998, contra los Bleus de Lloris, Sagna, Evra, Pogba, Giroud y Griezmann, dirigidos tácticamente por Didier Deschamps. Los franceses llevaban un recorrido casi impoluto, pasando cómodamente la fase de grupos tras derrotar a Rumania (2-1) y Albania (2-0) y empatar 0-0 con Suiza, para luego eliminar a Irlanda (2-1), Islandia (5-2) y a la campeona mundial, Alemania (2-0). Si uno tenía dinero para apostar, seguro ponía todo a su favor.

Santos puso en cancha al siguiente equipo: Rui Patricio, Cedric, Pepe, José Fonte, Raphael Guerreiro; William Carvalho, Joao Mario, Adrien Silva, Renato Sanches; Cristiano Ronaldo y Nani. El plan seguía siendo el mismo que en los demás partidos, aguantar las embestidas del rival, sobre todo entendiendo que los franceses contaban con jugadores sumamente rápidos y técnicos, para salir rápido de contragolpe. Además, aprovechar los balones detenidos o explotar el juego de bandas se presentaba capital para las aspiraciones de los visitantes aquella noche, ya que contaban, como dejaron en claro en el torneo, con grandes cabeceadores, el de Madeira al frente. Nani y Griezmann tuvieron las primeras situaciones importantes del partido con remates algo desviados.

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Sin embargo, lo más importante ocurriría pasados los 20 minutos, cuando Payet embistió con fuerza a Ronaldo, dejándolo fuera del partido, en uno de los momentos más dolorosos para ver. Tanto había buscado llevar a su selección hasta esa instancia y ahora debería animar a los suyos mirándolo desde afuera. Parecía que esta fortuita circunstancia podría la balanza en favor de los franceses. Craso error.

El partido siguió y Patricio nuevamente se alzó como el salvador de la patria, tapándole un cabezazo con destino de ángulo al delantero del Atlético de Madrid, un remate a quemarropas a Sissoko y otro a Giroud. Sus compañeros lejos estaban de poder contener los continuos embates de una Francia envalentonada, pero que veía como no podía ante el cancerbero del Sporting. Portugal recuperó algo de terreno con el ingreso de Eder, jugador por aquel entonces del Lille y a préstamo en el Swansea. El delantero, contra todo pronóstico y a tono con el desempeño de su selección durante todo el torneo,  fue el inesperado hombre de la noche.

Había disputado apenas dos duelos en aquella Euro, y en ambos la situación fue la misma, ingresando solo unos minutos desde el banquillo. Lo cierto es que, cerca del final, Nani tuvo su chance cuando metió un centro que se fue cerrando y que el portero del Tottenham apenas pudo desviar. Francia, con la responsabilidad y la presión del local, siguió intentando, primero con Sissoko en un tiro desde afuera del área que fue magistralmente desviado por un Rui Patricio en estado de gracia y luego con un Gicnac que remataba y veía como su tiro moría en el poste. Pero el 0-0 siguió inamovible, por lo que el encuentro necesitó de una continuación de 30 minutos.

En el tiempo suplementario, el resto físico de Portugal hizo su presencia en la agonía del cotejo. Primero fue Eder, ganando en los cielos y esforzando a Lloris. Luego, Guerreiro pateaba un magistral tiro libre que golpeó el larguero y después un número 9 que ahora si demostró porque había ingresado. Y es que Eder se sacó de encima a Koscielny para luego sacar un sablazo imposible de contener. Iban 109 minutos. Increíble pero real, Portugal lo estaba logrando y encima sin su mejor hombre, uno que en ningún momento se quedó quieto, sino que siempre alentó por sus compañeros, incluso dándoles indicaciones como si se tratara del mismísimo Santos.

“Cristiano me dijo que entrara y marcara el gol” diría Eder al finalizar el encuentro. Ese final llegó pocos minutos después, con una Francia ya destruida mentalmente. Portugal, casi una cenicienta por lo hecho durante el torneo, había conseguido ganar finalmente su primer gran trofeo de la mano de un magnífico líder y de un grupo de obreros que en todo momento supo bien que tenía que hacer. El mismo grupo no podría emular el mismo logro dos años más tarde en el Mundial, pero si que conseguiría otra hazaña al quedarse con la primera edición de la Nations League al vencer a los Países Bajos en la final.

En definitiva, Portugal formó un nuevo grupo de leyenda que superó a sus predecesores con una mezcla de suerte, esfuerzo colectivo e inteligencia táctica, en un momento en el que las aguas se tornaban difíciles de navegar. La selección lusa por fin era campeona, a 50 años de su debut internacional.

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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