miércoles, 2 diciembre, 2020
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En una época en la que el fútbol ya estaba establecido como un fenómeno moderno de masas, los aficionados acudían a ver la Copa de Europa con la resaca del Mundial de España. En el continente europeo, el Aston Villa esperaba revalidar su título conseguido en la temporada 1981-1982, y un colectivo acaparaba portadas en los periódicos: el hooliganismo caminaba a sus anchas por los estadios, sembrando episodios de violencia inusitada. Por otro lado, el trofeo de la Copa de Europa fue robado en Inglaterra durante un acto para que los aficionados pudieran visitar el trofeo, aunque se pudo recuperar. 

Viajamos ahora hasta la campaña 82-83 para encontrarnos con que el campeón de esta edición, el SV Hamburgo, que vencía a la Juventus de Turín con un solitario gol. En la actualidad, el club germano está sufriendo una de las mayores crisis deportivas de su historia: tendrá que militar otra temporada mínimo en la 2.Bundesliga, la tercera de su historia. Sin embargo, durante los 80´ vivió su mejor etapa, en la que llegó a alzar el trofeo más prestigioso del mundo. 

Ernst Happel, entrenador del Hamburgo, era lo contrario a la calma: mirada inquieta, rostro fruncido, cejas arqueadas y una mueca de preocupación en su expresión. Todos estos signos eran el reflejo de una final en la que su rival, la Juventus de Turín comandada por Giovanni Trapattoni, era la clara favorita. El problema es que en este deporte el favoritismo no permite asegurar un triunfo. 

La temporada anterior, el Hamburgo perdía a su mejor jugador, Kevin Keegan, pero esto no mermaba las aspiraciones de un equipo que empezó a hacerse habitual en las ediciones de la Copa de Europa. Happel, ganador con el Feyenoord en los años 70´ de la Copa de Europa y de la Intercontinental, recompuso al equipo y lo preparó para llegar hasta la final. Tres años atrás, un Hamburgo totalmente distinto (pues solo repitieron en la final del 83´ Felix Magath, Manni Kaltz y Horst Hrubesch) perdió su primera final contra el Nottingham Forest, otro equipo que en la actualidad se encuentra en la segunda categoría de su país, la Championship

El Hamburgo se presentaba como uno de los conjuntos más físicos y que aprovechaba el balón parado como nadie, haciéndose valedor de su efectividad en este tipo de jugadas durante la edición 82-83. La primera ronda decidió emparejar al Hamburgo contra su vecino de la República Democrática de Alemania, el Dynamo Berlín. El fútbol en la RDA no era un deporte con éxito a nivel internacional, así que no tuvieron mayor problema en deshacerse de ellos. En la segunda ronda, el Olympiakos griego recibió un global de 5-0. En la tercera ronda, el Dinamo de Kiev, uno de los grandes conjuntos de la URSS, esperaba a un equipo solvente. El club soviético llegó a los cuartos de final tras la retirada del KF Tirana albanés, que se negó a jugar en el país comunista por conflictos políticos. En las semifinales se cruzó con un equipo español que esperaba jugar la primera final europea de su historia. Una Real Sociedad que empató a un tanto fuera de casa y estuvo a punto de doblegar al conjunto germano. Un gol polémico en los últimos minutos del encuentro permitió a los alemanes llegar a la final. 

A los nueve minutos de la final, Felix Magath marcó el único tanto del partido. La Juventus se vio sorprendida, y el Hamburgo decidió dar de su propia medicina al equipo italiano: los alemanes transformaron su estilo de juego e hicieron lo que tan bien le salía a los italianos. Defendiendo de manera ordenada y sin dejar espacios, las grandes estrellas no pudieron traspasar el muro que había construido Happel. 

Los alemanes aún pudieron aumentar su ventaja en una jugada aislada. Para más inri, Kaltz realizó un marcaje individual a Platini, que no pudo demostrar su fútbol en todo el partido. Los transalpinos, tan poco acostumbrados a llevar la iniciativa, se vieron faltos de ideas, y los nervios empezaron a apoderarse de los favoritos. Era la primera final en seis años sin conjuntos británicos, y a pesar de las quinielas, que aventuraban un partido aburrido, la definición resultó ser muy atractiva para el espectador neutro. Cuenta la leyenda que Ernst Happel, en vez de celebrar el título, fue a entrevistarse con un periodista que estaba recopilando información sobre el mítico entrenador para escribir sus memorias. Al parecer, el momento más importante de su carrera debía ser contado con todo lujo de detalles. 

Durante esta edición, grandes nombres se dieron cita en el campo: Michel Platini, que militaba en la Juventus de Turín y era una de las grandes estrellas mundiales; o Paolo Rossi, el delantero italiano del momento que acabó siendo el máximo goleador del campeonato. Por otro lado, el protagonista de este torneo era un club, una plantilla entera que quería entrar en los anales de la historia y que además en su liga consiguió una racha de 36 partidos invicto, ganando el certamen local. 

Hace escasos días, el Hamburgo desperdició una oportunidad de oro en la última jornada para jugar el Playoff de ascenso a la primera categoría del fútbol alemán. El Heidenheim, tercero en la tabla y equipo que finalmente jugó la fase de ascenso, perdió contra el campeón, el Arminia Bielefeld. Con una victoria en la última jornada, el HSV hubiera jugado una eliminatoria contra el Werder Bremen por ascender. Contra todo pronóstico, recibió cinco goles de un club que no se jugaba nada. El año que viene permanecerá en la segunda división, pero desde aquí recordamos aquellos grandes años en los que fue el mejor equipo de Europa.

 

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Agustín Alabau
1996. Periodista, nací con un balón en los pies y una idea en la cabeza. Escribo sobre muchas cosas, pero sólo pienso en el deporte. Me importa el fútbol y todo lo que le rodea: estoy aquí para contarlo.

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