viernes, 18 junio, 2021
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Por Sergio Miguel Napoli

¿Puede un equipo de fútbol ayudar en la lucha por la independencia de una nación? ¿Puede el deporte  elegido por los europeos como instrumento de colonización transformarse en una herramienta de lucha  anticolonial? La historia del seleccionado del Frente de Liberación Nacional argelino demuestra que eso, y  mucho más, es posible cuando la determinación y compromiso de los deportistas con su nación encuentra  un adecuado canal para expresarse. 

El 13 de abril de 1958, Francia se despertaba con una sorpresa. La prensa local, en estado de shock,  anunciaba “la misteriosa desaparición de nueve futbolistas argelinos“, de los más destacados de la  liga profesional de ese país. Entre ellos se encontraban Rachid Mekhloufi, excelso mediocampista  del A.S. Saint-Étienne y Mustapha Zitouni líbero del A.S. Mónaco, piezas fundamentales del  seleccionado francés que había clasificado a la Copa del Mundo de Suecia que se disputaría ese  mismo año. ¿Qué había pasado?  

En 1958 la guerra por la independencia de Argelia ya llevaba años. El Frente de Liberación Nacional (FLN) se había formado en 1954 y se había puesto a la cabeza de la lucha. En 1956-1957 el  conflicto había recrudecido y en lo que se denominó la “Batalla de Argel”, los ataques terroristas  del FLN contra objetivos civiles y militares franceses fueron contestados de forma brutal por los  paracaidistas del general Jacques Massu. La tortura generalizada y la ejecución sumaria de  centenares de sospechosos se convirtieron en recursos normales del ejército europeo. Como  represalia, el FNL intensificó la guerra de guerrilla en Argelia, ejecutó ataques en Francia y  organizó un gobierno en el exilio en Túnez a cargo de Ferhat Abbas. 

En este marco tan complejo y violento, el FNL decidió llevar el combate a otros frentes. Advertidos  de la relevancia que el deporte había adquirido a nivel mundial, los líderes del movimiento  decidieron crear una selección nacional argelina de fútbol que sirviera como catalizador y símbolo  de identidad nacional e instrumento de la lucha diplomática para hacer conocer la revolución  argelina en el escenario internacional. 

La repercusión que había tenido la participación de un equipo integrado por jóvenes argelinos  formados en Túnez en el VI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la  Amistad, en Moscú en 1957, convenció a la dirección del FNL de que era posible dar un gran golpe  frente a la opinión pública a través del fútbol. Mucho tenía que ver en la medida la pasión de  Ahmed Ben Bella y Ferhat Abbas -líderes del movimiento independentista- por el fútbol y su  convicción de que era un ámbito en el que los argelinos podían enfrentarse, de igual a igual, a los  colonizadores y mostrar su superioridad. 

Además, no era la primera vez que el FNL veía en el fútbol un ámbito al que llevar la contienda. En  1955, a raíz de los incidentes y la represión que siguió al partido de la liga argelina entre el  Mouloudia (integrado por musulmanes) y el A.S. Saint-Eugéne (equipo de europeos), el Frente  había ordenado el retiro de todos los equipos musulmanes del torneo local. En 1957, había iniciado una campaña de ataques con bombas en los estadios de fútbol, primero en Argelia y luego  en Francia. Sin embargo, el mayor golpe lo había dado el 26 de mayo de 1957, cuando en la final de  Copa de Francia disputada entre Angers y Toulouse F.C., en París, asesinó a Bachaga Ali Chekkal, ex  vicepresidente de la Asamblea Argelina y férreo opositor a la independencia Argelina.

 

Rachid Mekhloufi, figura del fútbol francés y del equipo del FNL.

 

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Con estos antecedentes, y en forma secreta, la dirección del FNL hizo un llamamiento a los  jugadores argelinos que participaban en el campeonato francés para que dejaran el país y se  unieran a las filas de lo que sería una selección nacional argelina en el exilio. Se buscaba llegar a futbolistas que tenían un papel relevante en una de las ligas más importantes de Europa, varios de  ellos incluso integrantes de la selección francesa que debía disputar la Copa del Mundo de Suecia, por  lo que, de prosperar el proyecto, tendría un impacto sensacional a nivel mundial.  

El arquitecto del plan y encargado de llevarlo a cabo fue Mohamed Boumezrag, un ex jugador  profesional en Francia, hijo de un imán y nieto de un revolucionario argelino, que estaba  profundamente comprometido con la causa del FNL. En secreto, comenzó a reunirse con  jugadores argelinos de la primera y segunda división del fútbol galo para convencerlos de que se  sumaran al nuevo equipo. Su tarea no era fácil, pues debía moverse en el mayor sigilo para no despertar sospechas de las autoridades francesas. Además, debía convencer a atletas profesionales que dejaran de lado sus exitosas carreras para embarcarse en una aventura con resultado incierto. 

Para fines de marzo de 1958, Boumezrag habían sumado el arquero Abderrahmane Boubekeur, Moustapha Zitouni, Abdelaziz Ben Tifour, Kaddour Bekhloufi y Hassen Chabri (todos del AS  Mónaco); Rachid Mekhloufi (del Saint-Étienne); Abdelhamid Kermali (del Olympique de Lyon),  Amar Rouaï (del Angers), Abdelhamid Bouchouk y Saïd Brahimi (del Toulouse F.C.) y Mohamed  Mouche (del gran equipo del Stade Reims). Ben Tifour jugó un papel clave en el reclutamiento, ya que era miembro del FLN e incluso  recaudaba el impuesto revolucionario entre sus colegas. Su trayectoria como futbolista de la  selección francesa aportó credibilidad al proyecto entre sus compañeros.  

El 13 de abril, nueve de los once jugadores logran salir del país y llegar a Túnez, vía Roma. Lo único  que salió mal fue la detención en la frontera francesa de Hassen Chabri y Mohamed Mouche. A llegar a Túnez, los jugadores no hicieron declaraciones, sin embargo el FNL explicó que los  objetivos del equipo eran: 1) negarle a Francia los servicios de jugadores claves; 2) aumentar la  conciencia internacional de la lucha de los argelinos por su independencia; y 3) demostrar que la  guerra del FNL contaba con el apoyo de los argelinos, en Argelia y en el exterior. 

Poco tiempo después otros jugadores que se desempeñaban en Francia se sumarían al proyecto,  entre ellos el propio Mohamed Mouche, que había pasado un tiempo en prisión por su fallido escape. El primer partido oficial de la selección del FLN será contra la selección de Túnez, que había sido  finalista de los juegos Panárabes un año antes. El resultado final fue un sorpresivo 8-0 en favor de los argelinos. Luego, el equipo disputaría varios partidos en Túnez contra combinados locales y  después emprendería una gira por Marruecos y Libia. 

Simultáneamente, el FNL intentó inscribir a la selección en la FIFA, argumentando que  representaban a la mayoría de la población argelina. La FIFA, dominada por los países de Europa  Occidental, rechazó enérgicamente el pedido y amenazó con severas sanciones a las selecciones o  equipos afiliados que enfrentaran al equipo nacional argelino.  

Esta medida atentaba, sobre todo en occidente, con el impacto político que se pretendía lograr con la  conformación del equipo nacional. A eso se sumaba el apagón informativo de la prensa francesa  sobre el tema, que pasó de tenerlo en primera plana a hacerlo desaparecer de sus páginas.  Sin embargo, nada de esto desalentó a los argelinos que, a principios de 1959 disputarían partidos  en Medio Oriente e Irak. En Bagdad, el 25 de febrero, por primera vez en un estadio se elevaría la  bandera argelina y sonaría el himno nacional “Kassaman”, compuesto por Moufdi Zakaria en  prisión. El embajador francés en Irak, invitado al encuentro, se retiraría inmediatamente en señal  de protesta.  

Luego, la selección del FNL inició un recorrido por Europa del Este, presentándose en Bulgaria,  Rumania, Hungría, Polonia, la Unión Soviética y Checoslovaquia. Sobre el fin del año, también  viajaron a China y Vietnam del Norte, donde fueron recibidos por el mismísimo Presidente Ho-Chi  Minh.  Con un planteo en 4-2-4, el equipo argelino se caracterizaba por la fineza de su juego, la habilidad de muchos de sus integrantes –entre los que destacaba Rachid Mekhloufi- y un estilo espectacular,  ofensivo y colectivo. Sus presentaciones sorprendían y fascinaban a los espectadores de todo el  mundo.  En 1960, las duras medidas adoptadas por el presidente francés De Gaulle para Argelia afectaron  la actividad del equipo, que sólo realizó una gira por Libia. 

1961 será el año de despedida con una segunda gira en Europa del este entre marzo y mayo. Muchos de los rivales de los argelinos eran equipos afiliados a la FIFA que cambiaban su nombre  para evitar sanciones (así “la gloriosa” enfrentaría, por ejemplo, a Zagreb XI, que no era ni más ni  menos que el Dinamo Zagreb con algún refuerzo). Al regreso, mientras el FNL negociaba con el gobierno francés en París una solución al conflicto  argelino, los jugadores pasaban su tiempo en Túnez dirigiendo o entrenando con equipos locales o  preparándose para volver a Francia a jugar profesionalmente. En este marco, la selección del FNL realizó su última gira por Libia, donde jugó sus últimos seis  partidos.  

El 6 de junio de 1962 el equipo fue disuelto y el 5 de julio Argelia logró la ansiada independencia.  Muchos jugadores se quedaron en el país para colaborar con el desarrollo del fútbol en la nueva nación. Otros, como Zitouni o Mekhloufi, regresaron a Francia. Zitouni estuvo presente en el  histórico triunfo 2-0 de Argelia sobre Alemania Federal, el 1° de marzo de 1964. Makhloufi volvió  a vestir los colores del Saint-Étienne con el que ganaría el campeonato francés de 1964 y la Copa y  campeonato en 1968. En 1982 se convirtió en el DT de la sorprendente selección argelina que venció 2-1 a  Alemania y que quedó fuera del torneo por el tristemente recordado empate 0-0 entre teutones y  austríacos. 

En su corta existencia, el “el glorioso equipo del FNL” recorrió el mundo, disputando, entre abril de  1958 y diciembre de 1961 91 partidos, de los cuales ganó 65, empató 13 y perdió 13. En total  marcó 385 goles y sufrió 127 anotaciones. Su breve pero intensa experiencia es un extraordinario ejemplo de como los principios y las convicciones políticas pueden imponerse sobre los intereses económicos o la fama. Los jóvenes jugadores argelinos que decidieron embarcarse en esta aventura  renunciaron a la comodidad de la vida en Europa, al reconocimiento mediático e incluso a la  participación en una Copa del Mundo para responder al llamado de su patria. De cobrar importantes contratos y aparecer en las primeras planas de la prensa deportiva pasaron a percibir un modesto estipendio mensual y a recorrer los más recónditos lugares del planeta para hacer conocer la causa argelina. En definitiva, decidieron dejar de lado la gloria deportiva y las  ambiciones personales para contribuir, desde su lugar, a un proyecto colectivo: la lucha por la  liberación del yugo colonial. 

Años después de los acontecimientos, Mekhloufi resumiría en forma muy precisa los motivos  detrás de su decisión al señalar: “Ya sabemos las razones de la gente hoy en términos de carrera,  elogios y dinero… La Copa del Mundo, claro, lo pensé, pero no fue nada comparado con la  independencia de mi país”. 

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