viernes, 10 julio, 2020
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En estos momentos en los que el COVID-19 paralizó de manera fulminante todas las competiciones (a excepción de algunas ligas en todo el mundo y con la vuelta de la Bundesliga), era el momento adecuado para hablar con diferentes jugadores españoles con mucho que contar. Cogimos un vuelo y nos adentramos en ese fútbol desconocido que, sin embargo, atesora calidad, trabajo y pasión a partes iguales. Para ello, ​cuatro jugadores que han estado en cuatro continentes diferentes se disponen a hablar ​para The Line Breaker.

 

Europa, la cuna del fútbol

 

Josu Llamas, 30 años. Dos años sin jugar, pero con una amplia experiencia en el fútbol valenciano. “Llevo jugando desde pequeño. Empecé en el Armiñana Valencia (histórico equipo de fútbol sala) porque mi padre fue jugador profesional, pero el campo se me quedaba pequeño”. De ahí pasó al Manises durante varias temporadas, hasta que en alevines alternó entrenamientos con el Valencia CF. Sin embargo, “un cambio en la dirección deportiva hizo que pidieran una altura mínima. Ahora mido 1’60 y de pequeño bastante menos, me acabé quedando fuera”. 

En su etapa de juveniles alcanzó la División de Honor Española, donde compartió vestuario en el Torre Levante con el ​actual portero del Tottenham Hotspur, Paulo Gazzaniga.  “Aunque fue una temporada dura y no jugaba mucho, aprendí de esa experiencia”. En categoría amateur ha jugado en Preferente y en 1ª Regional, aunque una gran oportunidad le llegó en… Alemania. Josu decidió emigrar, como tantos españoles hacen. “Para que te hagas una idea, en lo primero que pensé fue llevarme las botas; No puedo dejar el fútbol”. Empezó a trabajar y en un grupo de Facebook vio que se organizaban partidos por Berlín. “Fui a uno de ellos y un chico que estaba allí me invitó a entrenar en su equipo”. Así llegó al SV Latino, equipo de la KreisLiga, ​quinta categoría del fútbol alemán. “Era un equipo muy vistoso, jugábamos al toque. Los demás equipos tenían delanteros de dos metros y centrales muy lentos. Eramos distintos”. 

Estuvo una temporada y media en el equipo, pero por cuestiones laborales, no podía acudir a todos los partidos. “Por suerte, en la segunda temporada mi club habló con el hotel en el que trabajaba y alternaba un fin de semana trabajando y otro descansando”. Así pues, y pese a jugar media temporada, Joshua marcó más de 30 goles y llamó la atención de diferentes equipos, pero por la ficha federativa no podía negociar con ningún club hasta que acabara la temporada. “Aunque no teníamos un salario como tal, nos pagaban los desplazamientos y podíamos comer o cenar en la sede”. Al acabar la temporada, un equipo profesional le llamó. Se trataba del ​Dynamo Dresden, que militó en Bundesliga y se encontraba en ese momento en la ​3.Bundesliga . “Me ofrecieron un mes de prueba con el club, y fue de las mejores experiencias de mi vida, además que el club contrató un intérprete, ya que aprendí alemán pero me costaba entenderlo.” Durante un mes estuvo entrenando casi todos los días, y al no ver al club con la intención de hacerle ficha, decidió irse. “Uno de los integrantes del cuerpo técnico me decía: ‘Quédate, aguanta un poco’, pero yo no podía, no estaba trabajando y no sabía que hacer en ese momento, así que al final decidí volver a España”. 

En estos momentos Joshua entrena en la escuela deportiva Inter San José (Valencia), acaba de terminar el Nivel 2 de entrenador y no descarta ir al extranjero, como hizo en su etapa de jugador. “Yo no estoy retirado, pero sé que una oportunidad así es difícil que vuelva. Sin embargo, ya he tenido alguna opción de viajar al extranjero a entrenar. Nunca se sabe, ​los españoles estamos muy bien valorados”.

Oceanía, entre “socceroos”

 

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A las 8 de la tarde (hora australiana) Enol Ordóñez nos atiende desde su casa, a ​15.752 kilómetros de distancia. Gijonés de 32 años con experiencia en diferentes equipos de Tercera División española como el Pontevedra o el Avilés, además de haber estado en el Reino Unido, actualmente vive en Australia. Trabaja en la universidad de Sydney, una de las 50 más prestigiosas del mundo. “Soy licenciado en Empresariales y tengo un Máster en Márketing Digital. Además, he vivido cinco años en Reino unido y llevo tres en Australia”. Enol ha jugado en ​League Two (cuarta categoría inglesa) con el Luton Town, aunque “era el tercer portero. El inglés es un fútbol muy distinto al español, y más para un portero; allí pides el balón y los jugadores aún así irán con todo”. Después de una serie de equipos en Reino Unido, surge la ocasión de mudarse y conocer un nuevo continente. “Mi pareja era australiana y decidimos movernos. Rápidamente fiché por el Canterbury Bankstown de la NPL 2, la tercera categoría australiana”. 

Así fue como llegó a ​Sydney, una ciudad con mayor tradición por la Australia Football League (de fútbol australiano) que el fútbol. Le preguntamos por el nivel de su liga y la compara con la preferente española. “En la A-League, por ejemplo, a excepción del Melbourne City y el Melbourne FC, los demás estarían en un grupo de 2°B potente”. Al parecer, ex futbolistas profesionales, entre los que se encuentran Harry Kewell o Mark Viduka, han creado una academia para mejorar el nivel de las canteras del país. Nos extraña que un portero con la mochila llena de experiencias se encuentre en la tercera australiana, pero las ligas de este país tienen una restricción: ​dos extranjeros por equipo. “Al final, siendo portero, entre un delantero y mi posición, un equipo de mayor categoría elegirá al que marca goles. ​De portero se puede poner a cualquiera” dice en tono de broma. “​Espero obtener la residencia australiana ​para no ocupar plaza de extranjero”. 

A nivel estructural, observa una falta de profesionalidad en los equipos de su liga, ya que entrena dos o tres veces a la semana durante la temporada. “Espero que cuando consiga la ciudadanía un equipo de Segunda División pueda fijarse en mí, aunque no sé si la temporada que viene seguiré aquí o volveré a España”. El futuro es una de las decisiones más importantes en la vida de Enol, y me habla de uno de sus mayores deseos: firmar un contrato deportivo en España y obtener a la vez experiencia laboral. “Al final te ves con 30 años y a parte del fútbol, no he trabajado en mucho más”. A pesar de todo esto, Enol invitaría a todos aquellos que quisieran jugar en el extranjero que lo intenten, ya que lo define como una experiencia “impagable, ​algo de lo que nunca te olvidas”.

Asia, algo más que un retiro dorado

 

Hugo López nos espera en su casa de Salalah con un café en la mesa. Es la una del mediodía, mientras que en España son las once, dos horas de diferencia que apenas se notan. Hugo, nacido en Gijón hace 32 años, es un ex jugador de la Masía entre otras canteras del fútbol español profesional. En España militó en diferentes equipos hasta que le surgió la oportunidad de jugar en Portugal, pero nos centraremos en su actual equipo, ​el Dhofar omaní. Este club pertenece a la ciudad de Salalah y posee once campeonatos ligueros que demuestran el potencial histórico del club. “Yo salía de México, y aunque esta liga no es de las ligas más competitivas, me surgió la oportunidad de incorporarme al Dhofar, que ​era uno de los grandes equipos y venía para disputar la Champions Asiática”. 

Hugo afirma: ”La verdad es que el fútbol en Oriente Medio es diferente a lo que se observa en Asia. Esta es una zona que no comparte la misma cultura y se encuentra en la federación asiática, pero Israel hace unos años competía en Asia y ahora está en la UEFA”. Su experiencia internacional le ha llevado a ​Israel, Chipre, Bulgaria, Portugal o Emiratos Árabes, entre otros. Un trotamundos del fútbol que está encantado con las oportunidades que le ha brindado el deporte: “Las ganas de moverse es algo innato, al final viajar jugando al fútbol te permite conocer nuevas culturas, ​en el fútbol se habla un mismo idioma y es lo bueno de tener la mente abierta”. 

Sin embargo, según Hugo, la competición “no tiene un nivel tan elevado como en España, y los perfiles son distintos; Encuentras jugadores de calidad y técnicos, pero tácticamente es donde se ven las carencias, ​es lo más parecido a jugar con tus amigos”. En un fútbol más anárquico que el europeo es donde encontró la estabilidad, ya que lleva tres temporadas en dicho conjunto. “La adaptación a la ciudad no me ha costado nada, la verdad es que estoy muy a gusto”. En torno al nivel de la liga, queda claro que es dispar. “La verdad es que es difícil equiparar esta competición a alguna categoría española, sería algo injusto para los equipos. Por ejemplo, ​muchos jugadores tienen buen nivel, juegan y despuntan para dar el salto a ligas más importantes como ​Emiratos Árabes o Qatar, pero también hay equipos flojos”. 

Esta temporada han disputado la ​Arab Club Champions Cup y la ​AFC Champions League, aunque solo jugaron un partido. La liga local, paralizada, les ha dejado en una segunda posición. Para concluir la entrevista, me habla del país, que califica de “fabuloso” y con el mensaje de animar a los jugadores españoles a explorar otras alternativas. “Al final, los jugadores sueñan con jugar en grandes equipos, competir contra otros equipos del continente; Esto es una gran oportunidad”.

América, pasión por la pelota

 

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El último de la lista, pero con una trayectoria tan interesante como los demás. Pablo Gállego, un oscense de 26 años que ​acaba de conseguir el subcampeonato liguero y hace días firmó su renovación con el FC Managua, equipo de Nicaragua. Esta es su segunda etapa en el país, aunque posee una trayectoria profesional que le ha llevado hasta la primera división griega. Además, tiene ​amplia experiencia en la 2ªB española, habiendo jugado en los cuatro grupos. “En España estuve en el filial del Huesca y debuté en 2ªB con el primer equipo; después: Sariñena, Cacereño y Lealtad. De aquí di el salto a Grecia”. La oportunidad de jugar en Grecia fue fruto del trabajo del jugador en la tercera categoría española. “Hice un buen año en el Cacereño y sabía que existía algo de interés, pero cuando me llamaron vi que el ​Larissa era uno de los seis grandes de la liga, una gran afición, ha ganado copas… Y firmé hasta 2020”. Un problema ajeno al jugador relacionado con los derechos de formación le dejó sin jugar cuatro meses. “Al final lo pagué yo que era el que menos culpa tenía, pero son cosas del fútbol y me quedé libre. Apareció el ​Real Estelí nicaragüense con una oferta económica muy buena y decidí irme”. 

En ese momento, el Estelí le ofreció un proyecto ambicioso para pelear por títulos, y después de Nicaragua, volvió a Europa para jugar seis meses en Albania, pero las cosas no fueron como esperaba. “Tras Albania, donde no me salieron las cosas, ​me iba a jugar a Malta con el equipo campeón, el Hibernians, pero de vacaciones en Tarragona me llamó Dani Asó (entrenador del CD Teruel en la temporada 2018-2019) y decidí jugar esos seis meses en Teruel. La verdad es que ​pude disfrutar de estar en casa”. Tras un descenso a Tercera División en la última jornada, el FC Managua llamó a su puerta. “El Managua me daba la oportunidad de jugar, es bonito estar en Primera División y optar a un título. En 2ªB te quedas con el objetivo de jugar por el Playoff, Copa del Rey o por evitar el descenso, es distinta la motivación”. 

En cuanto a Nicaragua, la primera semana le costó adaptarse, debido a las diferencias: el calor, el césped… “​Jugaba y sentía que me ahogaba, aunque el cuerpo es inteligente y al final te adaptas. Además, las diferencias con respecto a España se notan: en Nicaragua el estilo de los rivales es un juego directo, conozco jugadores con perfil más técnico y menos físico no han logrado estar mucho. Aquí se potencia el uno contra uno, las líneas están muy separadas y se aprovechan los balones a la espalda”. Una de las principales motivaciones que llevaron a Pablo a Nicaragua fue ​disputar la CONCACAF Champions League. “El Managua debutó este año, y fue una experiencia sensacional, pude marcar un gol en uno de los partidos pero el Motagua nos eliminó. ​La CONCACAF es la ilusión que tiene cualquier jugador… Es una competición internacional en la que hay grandes equipos”. Tal es la adaptación de Pablo al fútbol centroamericano que se rumorea la posibilidad de conseguir la nacionalidad, algo que vería con ilusión. 

“​Sería muy positivo para mí conseguir la nacionalidad, no por jugar con la selección porque eso depende del seleccionador, sino porque estoy muy cómodo en este país. En el extranjero los españoles tenemos un perfil valorado pero somos caros en comparación a otros jugadores”, recalca. “El problema es que a veces las expectativas son demasiado grandes por nuestra nacionalidad, y sinceramente, Xavi o Iniesta solo habrán dos“. 

Tras todas estas entrevistas, tenemos que volver a una realidad en la que todos echamos de menos el fútbol, pero no por ello el balón ha dejado de rodar. Al menos en estas líneas, los partidos jugados en el imaginario de todos ellos se volvieron a disputar.

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Agustín Alabau
1996. Periodista, nací con un balón en los pies y una idea en la cabeza. Escribo sobre muchas cosas, pero sólo pienso en el deporte. Me importa el fútbol y todo lo que le rodea: estoy aquí para contarlo.

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