sábado, 19 junio, 2021
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Yog Tamur Togota.

 

Es así como los yshyr, o chamacocos, pueblo que habita el Chaco Boreal, en el Departamento de Alto Paraguay, dicen “me gusta jugar al fútbol“.

 

Durante la Guerra del Chaco (1932-1935), los yshyr ayudaron a Paraguay en la batalla contra los bolivianos. Pero cuando terminó el conflicto, perdieron sus territorios y tuvieron que negociar la supervivencia con colonos y terratenientes. Hoy viven de la pesca y juegan al fútbol en sus ratos libres, entre un pez y otro.

 

Club Sportivo Puerto Diana, fundado en 12 de octubre de 2008, representa a la comunidad indígena de mismo nombre a orillas del Río Paraguay, cerca del municipio de Bahía Negra. Al otro lado del río está Brasil, Estado de Mato Grosso de Sur, donde todavía quedan algunos chamacocos, no más de cuarenta. Del lado paraguayo, la comunidad cuenta con más de 1.500 personas.

 

La Copa Paraguay 2019 reunió por primera vez en un torneo nacional a clubes de fútbol de todo el país y de todas las divisiones. También estuvieron presentes los campeones departamentales y esta fue la gran oportunidad de Puerto Diana. Para llegar allí, el equipo amateur indígena ganó la Liga Bahianegrense de Fútbol e, inmediatamente después, la Copa de Campeones Alto Paraguay.

 

Pero la necesidad de ganar ambos títulos fue el menor obstáculo en este viaje hacia el cupo soñado en la Copa Paraguay.

 

Siempre sufrimos en los viajes para jugar partidos. Cuando llueve en el Chaco, el camino queda completamente cerrado. Tenemos otras tres comunidades en la región de la Liga Bahianegrense, además de Puerto Diana: Puerto Esperanza, 14 de Mayo y la ciudad de Bahía Negra. En Puerto Esperanza, por ejemplo, está Sport Primavera. Cuando jugamos allí y llueve, el camino es muy difícil”, dice Apolo Payá, jugador de Puerto Diana en 2019.

 

Si en la región de Alto Paraguay los chamacocos ya sufrían por la dureza de los recorridos, todo se puso aún más difícil cuando el sorteo determinó que el equipo tendría que recorrer aproximadamente 800 kilómetros hasta Itauguá para la primera cita de la Copa Paraguay, contra Sol de América de Pastoreo.

 

La única opción para ir allí es en barco. Los caminos son intransitables debido a las lluvias. Por el río se tarda unas 26 horas hasta Vallemí. Desembarcamos allí y tomamos un bus hasta Asunción, que demora 8 horas”, explica Estanislao Báez, presidente de la Liga Bahianegrense de Fútbol.

 

En un escenario de completo amateurismo, Puerto Diana necesitaba ayuda para jugar el torneo.

 

Conmoción nacional: “Se clasificaron para la Copa Paraguay como el primer equipo de una comunidad indígena en la competencia y esto tuvo repercusión a nivel nacional. Tenían muchas dificultades, buscaban patrocinadores. La marca estaba interesada en ayudar al equipo con los uniformes”, dice Jorge Melgarejo, responsable de marketing de Kyrios, marca de material deportivo paraguaya, en el período del torneo.

 

El fabricante tuvo la idea de utilizar a Puerto Diana como mensajero de los chamacocos, aprovechando la participación del club para alertar a las autoridades sobre los problemas que enfrenta la comunidad indígena, tan olvidada por el poder central. “La acción vino de la empresa de marketing contratada por Kyrios, 23 Sports. Dar a conocer los problemas de la comunidad aprovechando la exposición en los medios”, explica Melgarejo.

 

Los números en las camisetas y en la frente de los uniformes llevaban mensajes sobre la vida que llevan los chamacocos: “13 jugadores son pescadores”, “más transportes”, “inserción laboral”, “11 camisetas solo para los titulares”, entre otros recados. “La idea fue buena porque se expusieron todas las necesidades importantes y las condiciones de vida de la gente de la región”, dice Estanislao Báez.

 

Yo me quedo con la frase‘ 800 km de viaje a Asunción ’porque es lo que sufrimos, sobre todo cuando llueve. Necesitamos reformar las carreteras para utilizar esta vía y jugar algunos partidos, como contra equipos de la Liga Guaraniense y la Liga Olimpeña de Fútbol. Si juegas ahí, sería mejor usar la carretera que el río”, dice Apolo Payá.

 

 

 

 

Incluso hubo una campaña para conseguir zapatillas para los jugadores. Una cuenta en redes sociales vinculada a Puerto Diana dio a conocer los números de los zapatos de los deportistas y la donación llegó rápidamente. Miguel Figueredo, presidente del Sol de América – club tradicional de la capital paraguaya- se comprometió en conseguir todo el equipamiento deportivo necesario.

 

La participación de un equipo indígena también llamó la atención de la prensa paraguaya. “Un grupo de periodistas fue a la comunidad y surgió la idea de un documental. Tuvimos mucha ayuda del periodismo, de los canales de televisión de Asunción”, revela Báez.

 

Pero si es difícil para un chamacoco moverse por su propia región, imagínese a alguien que venga de la capital paraguaya.

 

Ricardo Alderete, periodista en esa época del programa de investigación Algo Anda Mal (AAM), fue uno de los profesionales que salió de Asunción para documentar la realidad del equipo para la televisión. Para llegar a la tierra yshyr, Alderete y el equipo de AAM pasaron por varias dificultades durante el viaje a Puerto Diana, y tuvieron que contar con la ayuda de un diplomático paraguayo que se encontraba en suelo brasileño.

 

El periodista Ricardo Alderete informó que el viaje por el río no tiene ningún tipo de regalía: “Fue una experiencia única. No es un barco de lujo, sino un barco que transporta mercancías y también personas. Muchos duermen en los pasillos e incluso fuera, entre cargas”.

 

Desde Asunción fuimos vía terrestre a Concepción, aproximadamente a seis horas de distancia. Desde Concepción decidimos tomar una lancha a motor por Porto Murtinho, en Brasil, hasta Bahía Negra. Llevábamos al menos nueve horas de viaje por el Río Paraguay, pero lamentablemente empezó a llover muy fuerte cuando ya habíamos navegado como tres horas”, dice el periodista.

 

El piloto de la lancha estaba desorientado porque ya estaba oscuro y no veíamos nada. Estábamos perdidos en la completa oscuridad. Tenía 5% de batería en mi celular y logré hacer una llamada al cónsul paraguayo de Porto Murtinho. quien alertó a la base militar, diciendo que estábamos perdidos en el medio del río. Esperamos tres horas hasta que llegó el rescate. Dormimos en la base militar y al día siguiente nos dirigimos a Bahía Negra”, completa.

 

 

 

Los indios en el palacio

 

El club demostró que llegó a ser el centro de atención al ser invitado por el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, a una visita al Palacio de López. Allí, jugadores y dirigentes le contaron al presidente sobre la realidad de los yshyr. Estanislao Báez aprovechó la oportunidad y también habló sobre la situación de los pescadores que no tienen luz para conservar los pescados, además de los problemas viales en la región del Chaco paraguayo y la precariedad del fútbol en la comunidad.

 

Mario Abdo Benítez donó zapatillas y uniformes al equipo. El presidente llegó incluso a establecer un juego entre el club indígena y un “seleccionado presidencial”. “Está prohibido ganar del presidente”, dijo en tono de broma, y recibió una camiseta del club chamacoco como regalo.

 

Puerto Diana también obtuvo el reconocimiento de la Secretaría de Políticas Lingüísticas (SPL) de Paraguay. La distinción se redactó en dos idiomas: castellano e yshyr. La organización gubernamental dijo que el club representaba una verdadera integración intercultural en el país.

 

Las exclusividades en una sociedad apartada del resto del país reservan intensas reflexiones para quienes se sienten extraños dentro de sus fronteras nacionales. Básicamente, Puerto Diana es un territorio “extranjero” para un paraguayo como Alderete, que nació y vive en la capital.

 

Aprendí que todo el tiempo vivimos en una realidad muy condicionada y muy personal, que no es igual para todos. Aprendí que tenemos que salir de nuestra burbuja y nuestros límites para ver, en primera persona, que en nuestro país hay personas que viven como ‘extranjeras’, como si no fueran parte de nosotros. Están aislados, no pueden pedir ayuda porque nadie los ve ni los escucha. Ellos nos necesitan para que tengan voz. Somos sus manos y sus pies“.

 

 

Idioma propio y goleada

 

Después de toda la odisea de un viaje entre caminos precarios y largos tramos de navegación por el río, Puerto Diana finalmente llegó a Itauguá, donde debutó en la Copa Paraguay en el estadio Luis Alberto Salinas Tanasio.

 

Fue una experiencia única. Era la primera vez que jugamos en un estadio hermoso como en el del Club 12 de Octubre. El césped era muy diferente a lo que estamos acostumbrados a jugar. Nuestro campo está hecho de tierra y no tiene valla, ni gradas, ni nada de ese tipo. ¡Este lo tenía todo! El césped, la pelota, las zapatillas, el estadio lleno de gente. Fue muy lindo”, describe Apolo Payá.

 

 

 

 

El rival fue el Sol de América de Pastoreo, club de Doctor Juan Manuel Frutos, que se clasificó para la competición de la misma forma que la escuadra yshyr: tras ganar un campeonato departamental. En el caso de los rivales de los chamacocos fue la Copa de Campeones de Caaguazú.

 

Una de las armas secretas de Puerto Diana para el debut era el idioma. Como la mayoría de los equipos paraguayos que usan el guaraní para confundir los rivales extranjeros, el campeón de Alto Paraguay usa el chamacoco para que los oponentes no entiendan las estrategias puestas en el campo. Toda la escuadra está compuesta por indígenas. Dentro y fuera del campo usamos nuestro idioma, el chamacoco, para comunicarnos entre nosotros”, dice Payá.

 

De hecho, la mayoría de la población de Puerto Diana habla guaraní y español. En el caso del club es diferente porque es un equipo totalmente indígena. Todos los jugadores hablan chamacoco y algunos otros logran hablar algo en castellano”, explica Alderete. A pesar de la táctica de mantener conversaciones codificadas, el amateurismo del club yshyr era obvio. Puerto Diana no pudo enfrentar de manera pareja al Sol de América de Pastoreo y fue derrotado por 16 a 3, con siete goles de Richard Ortiz, quien aún terminaría como máximo goleador de la Copa Paraguay gracias a este partido.

 

Sol de América de Pastoreo tenía jugadores profesionales. Es la primera vez que Puerto Diana enfrentó a un club con un nivel técnico más desarrollado. Los jugadores nunca habían jugado en un estadio de fútbol profesional. Nuestro campo es muy precario, ni siquiera hay césped. Además, la gran cantidad de público, la batucada, todo eso impresionó mucho al elenco. Perdieron el foco”, justifica Estanislao Báez, presidente de la Liga Bahianegrense.

 

 

 

 

A pesar del resultado, Puerto Diana hizo escuchar la voz de los chamacocos y de todos los pueblos indígenas. El club yshyr dejó a Itauguá como foco de las atenciones y luego de un largo viaje volvió a su realidad, pero ahora observado por la curiosa atención de niños y pescadores.

 

“Durante ese tiempo se habló mucho del equipo de fútbol de Puerto Diana, que logró conmover a todo el país con su historia. Pero, sobre todo, logró visibilizar la precariedad en la que viven, sobreviven y hasta lo lejos que les quedan los derechos más básicos”, analiza el periodista Ricardo Alderete.

 

 

La vida después de los 90 minutos

 

A menos de un año del partido ante el Sol de América de Pastoreo, Puerto Diana alcanzó otra final de la Liga Bahianegrense, ahora fuera del foco de la prensa de la capital. Sin embargo, nuevamente, el resultado no llegó. Derrota en la decisión para Coronel José Julián Sánchez de Bahía Negra, club que logró clasificar a la Copa de Campeones de Alto Paraguay 2020. Los largos viajes de los Chamacocos se pospusieron hasta al menos el 2022.

 

Por la pandemia, la Copa Paraguay no se jugó en el 2020. En el 2021, el Atlético Pirizal, de Puerto Casado, representará el Departamento de Alto Paraguay en la competición nacional. Muchos de ese equipo del 2019 todavía sueñan con la posibilidad de una vida más allá de Puerto Diana.

 

“Desde pequeño tengo el sueño de ser jugador profesional. Hasta ahora, es mi único objetivo”, dice Apolo Payá.

 

Busca inspiración en el colombiano Luis Díaz, de la etnia Wayuu, que defendió a la selección de pueblos originarios de Colombia, estuvo en la última Copa América con la camiseta de los cafeteros y ahora juega en el Porto de Portugal: “Me llenó de orgullo. Me alegró mucho verlo. Llegó porque se lo merece, es un buen jugador. Aquí solo nos falta la oportunidad. Cuando tengamos la oportunidad, demostraremos que los indígenas tenemos talento y podemos jugar en cualquier club de Primera”.

 

 

 

 

Es una experiencia que enseña mucho. Es un golpe a la realidad que no estamos acostumbrados a recibir. Muchas cosas son diferentes, como esta forma de subsistencia, ya que los propios jugadores son pescadores, cazadores y dependen de lo que pescan o cazan para comer durante el día. No hay bares o cafeterías para correr si alguien sufre algún imprevisto. Uno de esos días, después de uno de los entrenamientos del equipo, volví caminando con el capitán, Elías Meza. Me preguntó: ´¿Te acostumbrarías a vivir aquí?´ Le respondí que, sinceramente, no lo sabía. Me dejó en offside”, reflexiona Alderete.

 

Por tantos recuerdos únicos vividos con un pueblo aislado del resto de Paraguay, el periodista repasa los días que estuvo viajando con los jugadores y ese histórico primer partido de un club indígena en un campeonato nacional: “De vez en cuando les escribo para saber cómo les va. Sé que entrenan en el mismo campo que los vimos jugar. También me dijeron que participar en la Copa Paraguay fue la mejor experiencia de sus vidas”, concluye.

 

Bien, algún día volverán. El fútbol siempre da revancha.

 

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