jueves, 29 agosto, 2019
Banner Top

Osvaldo Ardiles entró al vestuario de su equipo, el Tottenham Hotspur de Inglaterra, en su partido de despedida y gritó: “¿Alguien tiene botines talle seis y medio? (38 en Argentina)”. Él había llegado. Diego Maradona atravesó las puertas donde se cambiaban los jugadores del plantel local en el mítico White Hart Lane. Su elegante traje con corbata roja, camisa blanca y zapatos daba la sensación de que acudía a una ceremonia, más que a un partido de fútbol.

El reportero inglés, Martin Tyler, anunciaba que llegaba sin dormir. Es que esa semana fue una de las más fatídicas de su carrera: el domingo enfrentó a Avellino en el cierre del torneo italiano para el Napoli. Al día siguiente, participó de un amistoso en el San Paolo entre una formación del equipo napolitano y un combinado de jugadores denominados Fútbol 2000; el encuentro fue organizado por UNICEF. El miércoles, el día previo al homenaje de Ardiles, Diego viajó a Oslo para ser parte del plantel que fue derrotado por el seleccionado noruego por 1-0. Además, es incierto saber si estaba enterado, pero unos días antes, un accidente en uno de los reactores de las plantas provocó una explosión nuclear en Chernobyl. En el medio de la vorágine turística del argentino, 31 víctimas fatales perdieron la vida en la explosión y marcarían a fuego a las generaciones próximas.

Las críticas que despertaba el conjunto argentino dirigido por Carlos Bilardo por la falta de resultados positivos, las restricciones que le imponía la Federación Calcio, presidida por Antonio Matorrese, para participar de los amistosos preparativos de cara al Mundial de México, según cuenta en su libro “Yo soy el Diego de la gente“, o la reciente derrota ante Noruega quedaba de lado en la cabeza de Maradona cuando aterrizó en suelo inglés el 1 de mayo de 1986 para participar del amistoso ante el Inter de Milán.

“Yo le dije que tenía dos pares, uno nuevo y otro viejo, ¡que elija el que quiera!”, relató el ex delantero del conjunto inglés, Clive Allen, para la estación de radio deportiva Talksport. Optó por los más deteriorados, pero luego le pidió los más nuevos.

En un rincón del vestuario local, mientras el oriundo de Villa Fiorito se calzaba los botines prestados por Allen y cubría su cuerpo con la investidura de los Spurs, el público inglés explotaba en éxtasis por ver en cancha a la estrella del Nápoli junto al jugador emblema del Tottenham, Glenn Hoddle y por la despedida de Ardiles. Previo al encuentro, Hoddle le cedió su camiseta con el número 10 a Maradona, mientras que él usó la 11.

Ardiles encabezó la salida del equipo de la mano de uno de sus hijos; detrás de él, su otro hijo fue junto al 10 del encuentro. Antes de ingresar al campo de juego, un cartel apoyado en el piso adornaba el inicio del encuentro: “We love you Ossie! (¡Te amamos Ossie!)”. Los pelotazos al cielo, el exterior del pie izquierdo como resortes, los controles orientados con la suavidad que lo caracterizaba y sus pases precisos en el calentamiento eran presagio del show que estaba a punto de suceder en la casa del cordobés, ex Instituto de Córdoba.

El partido empezó y el público rugió de emoción. El 10 del Tottenham corría todas las pelotas, se acercaba para la devolución, sus pases habilitaban a sus compañeros y sus gambetas enloquecían a los jugadores del Inter. El partido adoptaba una intensidad impropia de los homenajes. Ya con varios minutos jugados, Clive Allen recibía de espaldas al arco y, de media vuelta, remataba la pelota con un potente derechazo para darle la ventaja al conjunto inglés. Luego, Diego tendría un mano a mano que el arquero del Inter, Lorieri, pudo tapar. Antes de que termine el primer tiempo, Ardiles se retiraría del campo de juego, dolido por su lesión crónica.

El 10 del Napoli, del Tottenham y de la Selección Argentina había pactado que iba a jugar solo la primera mitad del encuentro, sin embargo, pidió seguir jugando porque “se estaba divirtiendo”, según reveló su amigo y uno de sus representantes en su momento, Guillermo Cópola, en una entrevista para Radio Rivadavia de Argentina.

En el segundo tiempo, la conexión entre Maradona y Hoddle se intensificó. Clive Allen estaba maravillado y lo recordó en la entrevista para TalkSport: “nunca jugué un partido en el que me sentí espectador. Diego y Glenn estaban en otro planeta; se comunicaban telepáticamente y tú solo querías darles la pelota”.

Gambetas al ras de la línea del lateral, pases con lujos y el disfrute del juego fueron las cualidades que caracterizaron a un equipo londinense que no quería que el encuentro terminase. Maradona buscaba constantemente de Hoddle y viceversa. El mayor daño lo ocasionaron por el sector derecho del equipo italiano, en donde los jugadores del Tottenham sacaban a relucir sus mejores recursos.

El marcador finalizó 2-1 con victoria para los Spurs. El segundo gol lo marcó Mark Falco, mientras que para la visita anotó Liam Brady. Diego se despedía del público inglés y de sus compañeros para reencontrárselos, sin saberlo, en el Mundial.

Al finalizar el día y con la ayuda de Osvaldo Ardiles como traductor, un periodista le preguntó: “Si Argentina tiene que jugar contra Inglaterra en la Copa del Mundo, teniendo la relación que tuviste acá, ¿habría algún problema?”. Diego, tal vez ya sabiendo lo que iba a ocurrir 51 días después, ensayó una sonrisa pícada y culminó: “no, no tengo ningún problema”.

Tags: , , , ,
Lucas Acosta
Porteño nacido en 1996 que está en una constante búsqueda de conocimientos. Plasmo mi pasión por el periodismo en cada nota que escribo. Amante del deporte y la sociología, las cuales busco combinar a menudo. Entusiasta en aprendizaje.

Related Article

1 Comment

Avatar
Laura 28/08/2019 at 14:09

Excelente nota👏🏻👏🏻

¿Qué te pareció la nota?

A %d blogueros les gusta esto: