lunes, 2 agosto, 2021
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Todo aficionado al deporte siempre espera con ansias un evento histórico, aquel que reúne a los mejores deportistas cada cuatro años y los hace competir entre ellos representando a sus países. Son esperas largas. Son más de 1400 días entre cada una de las competencias. Lo cierto es que los Juegos Olímpicos nos dejan en vilo a todos los amantes del deporte. No importa la hora o el día, siempre vamos a esperarlo con las mismas ganas.

Pero hablando de la espera, probablemente el Reino Unido sea uno de los países con mayor historia, trayectoria y éxito en estos juegos. Con un medallero que roza las 900 medallas y con millones de fanáticos tras sus pasos, esta historia se va a centrar en un hito que dio a la espera de más de un siglo. Precisamente cuando el escocés Andy Murray se quedó con el oro en tenis en su casa (Wimbledon) convirtiéndose en el primer tenista del Team GB (Team Great Britain) en alcanzar dicho logro tras su compatriota, Josiah Ritchie, en 1908.

Cada vez que se menciona el Reino Unido como país es importante contextualizar de lo que se habla. Conformado por Gales, Irlanda del Norte, Inglaterra, Escocia y las diferentes islas, el pertenecer a uno de estos países tiene sus idas y vueltas, principalmente desde el punto de vista ideológico y político. Lo que sucede cada 4 años en los Juegos Olímpicos es un acontecimiento que siempre llama la atención y más en estos tiempos modernos. Acá luchan todos juntos por llevarse una medalla a casa, a su país, al Reino Unido de Gran Bretaña o, en su defecto, el Team GB.

Andy Murray es escocés, quien además es hincha fanático del Hibernian Football Club de Edimburgo, y logró muchos títulos gigantes en su carrera. Una trayectoria que continúa como una de las más difíciles que se recuerden, ya que ser contemporáneo de extraterrestres como Roger Federer y Rafa Nadal no es para nada fácil. Pero cuando en 2012 logró quedarse con la medalla de oro en la categoría de Singles masculino, el propio Andy lo catalogó como “la mayor victoria de su carrera profesional”. Y así fue. Derrotar en Wimbledon al Rey Roger Federer fue sin dudas un momento único e inigualable. 

Como equipo anfitrión, el Team GB resonó durante todo el país. La famosa bandera conocida como Union Jack pudo verse flamear por todos lados, por cada rincón del Reino Unido. Incluso en aquellas ciudades en donde la propia bandera no es muy bien recibida. A pesar que siempre generó discusiones en vistas a este equipo, el nacionalismo salió a flote. De hecho, había sido muy larga la espera de poder hospedar los Juegos Olímpicos debido a que la última vez había sido en 1948, justo el primer evento tras la Segunda Guerra Mundial. 

La pasión se vio por todos los estadios. La final de Wimbledon se había realizado justo una semana antes de comenzar los JJOO y para más emoción, el propio Andy Murray había llegado a la última instancia pero Federer fue quién se quedó con el título en el hermoso verde césped del All England Club. Como siempre sucede con el Reino Unido cada vez que participa de algún deporte, la emoción con el escocés estuvo intacta. Ojo, también la incertidumbre y la presión de preguntarse… “¿Será esta la vencida?”.

Las expectativas para ese junio de 2012 eran tan altas como extraordinarias. Pero el arranque fue sin dudas un dolor de cabeza para Andy, quien enfrentó a Stan Wawrinka. Aunque lo derrotó en dos sets, siempre el suizo es complicado y más para arrancar un torneo. Ya en la segunda ronda, el finlandés Jarkko Nieminen no le generó mucho problemas tras vencerlo fácilmente. Dos rondas superadas, la presión del comienzo se alejó y Andy comenzó a disfrutar del momento. Le tocó Chipre, porque Baghdatis fue su rival. Tres sets tras perder el primero le dieron el nuevo pase de ronda.

Las banderas británicas flameaban por todos lados, la intensidad se hacía notar a pesar que en los cuartos de final Murray vapuleó en dos simples sets al español Nicolás Almagro. Ahora bien, las semifinales fueron una instancia totalmente diferente. Del otro lado de la red del escocés apareció el preclasificado número 2 del mundo… Novak “Nole” Djokovic. El serbio, que venía de hacer unos muy buenos JJOO, se plantó en casa de Andy y le vendió muy cara la victoria. Doble 7-5 y el boleto a la gran final. El Reloj Suizo lo esperaba del otro lado para una final al mejor de 5 sets.

Y hablando de 5, fue ese día del mes de agosto en dónde la final dio luz verde como el césped de Wimbledon. Todo el país paralizado. Todo el Reino Unido enfocado en él. No había otra competencia en esos Juegos Olímpicos durante ese día. Sólo importaba ese partido. Fue un encuentro del siglo porque literalmente habían pasado más de 100 años sin un logro británico de ese calibre. Pero claro, del otro lado el campeón de una era, el campeón de todas las eras para muchos. El que todos apoyamos, incluso aquellos que iban con Andy Murray. Roger Federer, en su casa también. Una final entre conocidos y familia, ambos en el patio de su hogar.

Tarde soleada como pocas en Londres. El argentino Juan Martin Del Potro ya había derrotado a Djokovic para quedarse con la medalla de bronce. Era el turno de la gran final. Entre el silencio y las emociones, Andy Murray dominó el juego, encandilóal suizo y tras un 6-2 6-1 6-4, el escocés hizo historia. 

Historia para el país, para el Team GB, para el Reino Unido pero también para los propios Juegos Olímpicos. ¡Más de 100 años! Los contemporáneos, los que nacimos en esta época, quien escribe estas líneas, hemos sido capaces de apreciar y disfrutar un verdadero hito en la historia del deporte.

Un estallido que se hizo resonar en todo el mundo. Porque Andy lo hizo en grande y ese Ace que le dio la medalla de oro, quedará en la memoria de todo fanático de estos maravillosos Juegos Olímpicos.

 

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Periodista argentino en Glasgow, Escocia. Mientras recorro el país voy asistiendo a partidos de fútbol de cualquier nivel. Viví la mayor experiencia deportiva cuando asistí a mi primer Grand Prix de Formula 1 en Silverstone, Inglaterra. ¿Si Maradona o Messi? Mejor amemos a los dos.

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