jueves, 29 agosto, 2019
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Tras 52 años, Argentina volvería a ganar una medalla de oro en Juegos Olímpicos. Y lo haría por duplicado. Un recuerdo de los inolvidables triunfos del básquet y el fútbol en Atenas 2004.

Quedaban sólo dos días de competencia. Último sábado y, al igual que lo que venía sucediendo desde Melbourne 1956, Argentina se retiraba de los Juegos Olímpicos sin la máxima medalla, sin el oro. Aunque tenía una doble chance que abría un escenario histórico para nuestro deporte. El fútbol y el básquet. Una jornada que se deseaba inolvidable.

 

 

 

El fútbol

A Marcelo Bielsa – a quien el autor de esta nota reivindica profundamente – la vida le había dado una insólita revancha para el exitismo en el cual el fútbol argentino se mueve. Tras una lamentable eliminación en la primera ronda del Mundial 2002, la AFA decidió renovarle el contrato y dos años después se encontraba a punto de darle la primera medalla olímpica de oro en ese deporte a la Argentina (esa que, por caso, Brasil no consiguió hasta el 2016).

Con un plantel Sub 23 y tres jugadores mayores a esa edad (Roberto Ayala, Gabriel Heinze y Cristian “Kily” González), el conjunto dirigido por el rosarino había llegado a la instancia decisiva con cinco victorias en igual cantidad de presentaciones y sin recibir goles en contra: Serbia y Montenegro, Australia y Túnez en primera ronda, Costa Rica en cuartos e Italia en semifinales.

El sábado 28 de agosto el objetivo por el cual se había ido a Atenas – ese que se había frustado en aquel triste 3 a 2 de Nigeria en Atlanta 96 – se consiguió con un nuevo gol de Carlos Tevez frente al seleccionado de Paraguay. El “Apache” fue el goleador de la competición con 8 tantos.

Los titulares en aquel encuentro fueron Germán Lux; Fabricio Coloccini, Roberto Ayala, Gabriel Heinze; Luis González, Javier Mascherano, Cristian González, Andrés D’Alessandro, Carlos Tevez; Mauro Rosales y César Delgado.

Un verdadero elenco de estrellas que se unieron en búsqueda de la gloria. Un mes antes, prácticamente los mismos jugadores caían derrotados por penales en la final de la Copa América contra Brasil, un duro golpe del que se recuperarían con creces.

De esa manera, Argentina rompía con un maleficio de 52 años sin conseguir un oro olímpico tras aquel triunfo de Tranquilo Cappozzo y Eduardo Guerrero en Helsinki en la prueba del doble par de remos sin timonel. El plato mayor, la frutilla del postre, llegaría horas más tarde.

 

 

El básquet

Así como 2002 había significado para Bielsa y el seleccionado argentino de fútbol el punto más flojo de una rica historia, ese mismo año fue el puntapié inicial de lo que se conocería como la “Generación Dorada” en el mundo de la pelota naranja. En el Mundial de Básquet, Argentina cayó derrotada en una polémica final ante Yugoslavia y se ganó el respeto del planeta entero, sobre todo por su inolvidable victoria ante el Dream Team estadounidense en las semifinales. Esta había sido la primera caída de la potencia norteamericana desde 1992.

Llegó Atenas y la ilusión era grande, aunque los jugadores manejaban con cautela la expectativa. Tres victorias (la inolvidable palomita de “Manu” contra Serbia y Montenegro, comodidad ante China y más justo ante Nueva Zelanda) y dos derrotas (España e Italia) en la fase inicial configuraron el acceso a cuartos de final, donde nos mediríamos contra el local.

Un duelo muy caliente en un Helliniko Olympic Arena estallado con 20 mil griegos que vivenciaron un partido a pura intensidad y que contó con una actuación deslumbrante de Walter Herrmann, que cambió la historia entrando desde el banco. Argentina estaba entre los cuatro mejores.

Allí,otra vez EEUU se pondría enfrente. Allí, otra vez, la Argentina se iría victoriosa. Allí, el equipo dirigido por Rubén Magnano se metía en una final soñada y nombres como los de Emanuel Ginóbili – que ya jugaba en la NBA y quien fuera la gran figura aquella jornada con 29 puntos –, Luis Scola, Carlos Delfino o Andrés Nocioni entraban de forma definitiva en la galería grande del deporte argentino. Enfrente había algunos “nenes” como Tim Duncan – compañero de Manu en los San Antonio Spurs –, Allen Iverson y dos que serían futuras estrellas: Dwyane Wade y un tal Lebron James.

El duelo clave sería frente a una Italia que nos había vencido por tan sólo un punto en la fase inicial. En la primera mitad Argentina se fue ganando por dos puntos pero en el tercer parcial Italia arremetió con triples que lo pusieron al frente. Ahí aparecería en toda su dimensión Luis Scola con 25 puntos y 11 rebotes para ser el MVP de la instancia decisiva. Finalmente, quince serían los puntos de diferencia frente al equipo europeo, 84 a 69, para celebrar quizás el mayor logro de la historia deportiva nacional.

Quince años pasaron de aquella jornada imborrable para los amantes del deporte. Un Juego Olímpico donde Argentina volvió a cosechar oro, situación que se repetiría afortunadamente en las siguientes tres citas: Beijing 2008, Londres 2012 y Río de Janeiro 2016.

Un equipo de fútbol que jugó muy bien a lo largo de una competencia poco valorada (pero que muchos se mueren por ganar) y un equipo de básquet único, que difícilmente pueda volver a lograr una hazaña semejante. Dos historias colectivas de un 28 de agosto a pura emoción.

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Sebastián Tafuro

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