domingo, 16 junio, 2019
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Tailandia lo había hecho bien hace cuatro años. En Canadá, las debutantes asiáticas habían logrado vencer a Costa de Marfil (3-2) y, además, habían resistido con bastante hidalguía los embates de Noruega y Alemania (4-0), pero ahora todo era diferente. En Francia, si bien no se esperaba mucho de ellas, mínimamente si se podía llegar a pensar que habían logrado evolucionar en su juego, aunque sea un poco. Pero no: las tailandesas lloraban de rabia y dolor en el verde gramado. Primero habían sido los Estados Unidos, con un verdadero festival de goles, lujos, presión y concentración, quiénes habían llevado al límite a las cuartas de la AFC, aplicándoles un 13-0 de escándalo, convirtiéndose en el resultado más abultado de la historia de este torneo.

Y ahora la situación, si bien era un poco más “tolerable”, no dejaba de ser dura: las suecas intentaron por todos los medios destruir la portería defendida por Waraporn Boosing, quién hacía lo que podía. Ella, la heroína de su selección (fue una de las figuras de las dos clasificaciones mundialistas de Tailandia), miraba atónita la situación. No había estado en el trágico encuentro ante el Team USA, y ciertamente lo estaba haciendo mejor Sukanya Chor Charoening, pero cada disparo que entraba en su valla era un disparo que se iba sumando cerca de su pecho. Y ese sentimiento, evidentemente, era compartido por todas sus compañeras, quienes ya habían bajado los brazos, resignándose al cruel destino que se les había asignado.

En el Estadio de Niza el público ya lo había visto todo, y solo quería que el encuentro acabase para volver a casa. Este duelo para las suecas solo significaba un paso más antes de medirse ante la gran fuerza dominante del fútbol mundial, los Estados Unidos. Y las de Peter Gerhardsson, a través de su búsqueda implacable por más goles, le demostraban a su rival que estaban allí, esperándolo, como lo hicieron en los Juegos Olímpicos de Río 2016, cuando se convirtieron en el primer seleccionado que dejó a las norteamericanas sin arribar a una semifinal de un gran torneo. Para ellas, Tailandia solo era un simple conjunto con el cuál seguir practicando de cara a esa “final de grupo”. Estaban disputando, básicamente, una práctica televisada a todo el mundo.

Pero, si uno está en un Mundial, es para luchar. Las Chaba Kaew no podían seguir mirándose a los ojos, deseando que todo acabase de una vez. No, si iban a morir, por lo menos que fuera con los botines bien puestos. Ya llegaría el tiempo de pensar en Chile.

Corría el minuto 90+1. Taneekarn Dangda, una de las jugadoras más experimentadas del plantel, tuvo un momento de iluminación. Estando más cerca de su área que del círculo central, se animó a meter un pelotazo que recorrió varios metros en el aire, encontrando sobre la derecha a Kanjana Sung-Ngoen, otra de las veteranas de guerra de esta escuadra. La capitana corrió con toda su vida, dejando en el camino a su marcadora, y miró a los ojos a la blonda Hedvig Lindahl. Y lo vio: era ahora. Si bien tenía una compañera a la cual darle un pase seguro, decidió que este debía ser su momento de brillar. Juntó todas sus fuerzas y lanzó un zapatazo tan feroz que dejó clavada a la arquera del Chelsea. ¡Si señores, era gol de Tailandia! ¡4-1!

 

 

Fue un momento mágico, de esos que quedan grabados en la memoria. Las jugadoras, por fin, podían sonreír. El gozo comenzaba a brotar de sus cuerpos, algo que también era visible en el banquillo, donde hasta se animaban a llorar. Quizás para el gran público convertir un tanto perdiendo por cuatro no significa nada (incluso se lo ve como algo insulso), pero, cuando uno se esfuerza y entiende que, pese a todo, tus rivales son mucho mejores, no se debe más que alegrarse por los pequeños objetivos alcanzados. Este era el premio por no rendirse, por seguir intentando, incluso teniendo el ánimo por los suelos.

“Este gol significa mucho para nosotros. Es un gol difícil y lograrlo ante un gran equipo como Suecia significa mucho. Indica que toda nuestra preparación valió la pena. Tuvimos muchas oportunidades hoy. Este único tanto nos hizo reír, nos hizo sonreír y nos hizo felices. Nuestra derrota en el último choque fue abultada: si, nos decepcionó. Pero marcando hoy, hemos tenido cierto éxito. Todavía tenemos que mejorar y acercarnos a los otros súper equipos. Chile será difícil, esperamos obtener algún punto en esta Copa Mundial. Es lo que queremos”, le comentaría el entrenador Nuengrutai Srathongvian a la FIFA al finalizar el encuentro, resumiendo, en algunas palabras, lo que significa convertir un gol en medio de tantas adversidades.

Ya no importó que Suecia sumara un tanto más al final del mismo: ellas lo habían logrado, habían soportado cada golpe, cada estocada, y, aunque sea, lograron mirar, de frente y por unos instantes, a una potencia. ¿Les parece poco?

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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