sábado, 19 septiembre, 2020
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Dominic Thiem, nacido en Wiener Neustad, Austria, el 3 de septiembre de 1993 acaba de conseguir su primer título de Grand Slam en el abierto de los Estados Unidos. Realizando una remontada épica tras ir dos sets abajo, logró meterse en el partido y conseguir el primer título “grande” de su carrera, después de tres intentos en los que se había quedado cerca. 

Hijo de padres entrenadores de tenis -quienes desde muy pequeño le inculcaron la pasión por este deporte y lo inscribieron a escuelas para que fuera mejorando su rendimiento y en un futuro, llegar a lo más alto- siempre tuvo esa idea de llegar alto en el deporte de la raqueta. Esa idea se convertiría desde entonces en un sueño, que cada vez estaba más cerca de cumplir. Pero, para poder realizar todos los objetivos que uno tiene en vida, hay que enfrentar obstáculos, hacernos fuertes. Desde pequeño, Dominic presentó varios problemas de salud y de crecimiento que en ocasiones le impidieron rendir de la mejor manera en sus torneos. 

A pesar de aquellos infortunios, desde ese entonces se notaba que este chico podía llegar a lograr cosas importantes. Entre sus 16 y 17 años solo creció 16 cm de estatura, y se dice que su sistema inmunológico era muy débil, además de tener un físico que no era el indicado para lograr un nivel de deportistas de alto rendimiento. “Yo era muy malo a los 18 años y ellos ya son muy buenos, son top-10, top-20, top-30. Cuando yo tenía 18 años, era el nº 700 o algo así.”

Debido a sus problemas de salud y a su físico que no era el adecuado, su entrenador decidió acudir a Sepp Resnik, un ex militar que ha tenido experiencia entrenando a otros deportistas de alto rendimiento. El objetivo era prepararlo para que pudiera competir al más alto nivel, con rutinas de entrenamiento exigentes; tenía que correr 15 km por la media noche a través de un bosque, además de tener entrenamientos con ropa mojada, levantamiento de troncos de más de 25 kilos, al mejor estilo militar. A pesar de no gustarle el método, con el paso del tiempo se fue acostumbrando y así logró mejorar su físico. “No quería que nos distrajeran. La primera vez que Dominic me preguntó dónde estaba el vestuario yo le contesté que el vestuario era el bosque”.

 

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Comienza la nueva era 

Llegado el año 2011, Thiem era el jugador número 2 del ranking ITF junior combinado.  En esa ocasión pudo alcanzar la final junior de Roland Garros, aunque no logró consagrarse como campeón. Como jugador, una de sus características más fuertes siempre fue la defensa, practicada con sus sólidos y potentes golpes de fondo, más cuando es su lado hábil. Además, es uno de los pocos jugadores del circuito capaces de dominar el revés a una sola mano, a tal grado que se le han hecho comparaciones con Roger Federer en esa faceta. 

Una de sus grandes virtudes como jugador también es la de saber dominar la presión, y salir de situaciones riesgosas en las que muchas veces parece haber perdido el encuentro. Sin embargo, es alguien que sabe disfrutar de los momentos: “Mi consejo es que disfruten de esa etapa. Yo la disfruté mucho y me encantó porque el circuito ATP también es divertido, pero todo es más profesional. En los circuitos Junior juegas entre amigos, te lo pasas bien haciendo quizás estupideces después de los partidos. Fue una etapa fantástica de mi vida, la disfruté con otros compañeros.” 

Dos años más tarde terminó en el puesto 125 del ranking ATP y por primera vez llegó a instancias de cuartos de final en el torneo de Kitzbühel. En el torneo de Viena avanzó hasta segunda ronda, pero consiguió consagrarse como campeón en dos Challenger de ese mismo año, Kenitra y Casablanca.

Después de tanto esfuerzo el primero de muchos logros llegó en 2014 cuando se clasificó por primera vez a un Grand Slam, en Australia, y entró en el top 100 quedando en el puesto 99. Clasificado para otros Masters como Indiana Wells, llegó a participar en el de Montecarlo por una Wild Card, de esas invitaciones tan exclusivas que solo reciben algunos jugadores en el tenis, sobre todo aquellos a los que el futuro les tiene algo preparado. 

Pero en pleno crecimiento y desarrollo, los problemas que de pequeño lo agobiaban aparecieron nuevamente en una recaída de un problema de salud. Quedó eliminado en el Master de Madrid, en donde se había clasificado a octavos de final tras vencer a Stanislav Wawrinka, pero su estado de salud no le permitió seguir jugando en ese momento. En Roland Garros perdió ante Nadal, el rey de la arcilla, pero meses más tarde se repuso y alcanzó su primera final de un torneo ATP, que terminó en derrota contra Goffin en tres sets. 

Para 2017 ya era el tenista más joven dentro del top 100 de ranking ATP. Venció a Murray en Barcelona, a Nadal en Roma, a Djokovic en cuartos de final de Roland Garros y enfrentó a Rafa en semifinales. En tres años pasó de estar entre los 100 mejores en 2014 a estar en el 70 en 2017, escaló casi 30 posiciones en ese lapso. 

 

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Cada vez más cerca 

Cada vez más consolidado entre los grandes, Thiem consiguió un año después su más grande hazaña hasta el momento; en Roland Garros llegó a su primera final de un Grand Slam, pero le tocó enfrentar al rey Nadal y no pudo conseguir su título. A pesar de todo, en ese año sus resultados no fueron para nada malos y fue ganando cada vez más terreno entre la élite del tenis. En 2019, a pesar de que las temporadas tienen altos y bajos, el austríaco le confirmaba al mundo que estaba listo y que los títulos grandes iban a llegar, solo era cuestión de tiempo. Por segundo año consecutivo llegó a una final de un grande y en el mismo torneo que la vez anterior y contra el mismo rival, pero para su mala suerte el resultado fue el mismo: cayó ante Nadal. 

Pero lo dicho, aquella temporada fue la de su confirmación como parte de la élite. Terminó levantando su primer título de Masters 1000 y adjudicándose otra final en un Grand Slam, además de ser subcampeón del ATP Finals. Ese mismo año su madre le hizo una promesa: para celebrar cada uno de sus títulos iba a hacerse un tatuaje, así que se hizo una pluma de águila por el Indian Wells, un sol por Barcelona, los Kitzbühel Gams por Austria, y un panda por Pekín. 

 

La felicidad en medio de la incertidumbre 

Al principio de la nueva década todo parecía correr con normalidad. Se jugó el primer abierto del año y una vez más Thiem llegaba a otra final, siendo su primera en una superficie dura de un Grand Slam y le tocó enfrentarse al que ha ganado más veces este torneo, Djokovic. La final fue para el serbio y con esto Dominic alcanzaba su tercera final de los cuatro torneos más importantes en tres años consecutivos. 

El 2020 ha sido un año raro, lleno de incertidumbre para todos. A pesar de la inactividad impuesta por las medidas preventivas con respecto a la situación sanitaria, el volver a retomar el ritmo que todo llevaba antes ha sido un gran reto. Los deportes y torneos debieron adaptarse a la nueva normalidad y los atletas también tuvieron que hacerlo para subsistir en un ambiente hostil por las circunstancias reinantes. 

Para Dominic esto no ha sido la excepción. A pesar de que todos conocemos lo riguroso que suele ser su rutina de entrenamiento, sabemos que en ningún momento dejó de prepararse para cuando le tocara volver.  Y sí, volvió como lo que en realidad él representa: un grande que acaba de hacer historia, tras vencer en la final a Alexander Zverev, remontando dos sets en su contra. Después de tres intentos fallidos, por fin su tan ansiado título de un Grand Slam llegó en el US Open más extraño de toda la historia. 

La constancia y el esfuerzo de alguien que ha aprendido a trabajar bajo presión, a estar en situaciones difíciles y nunca se ha rendido, alguien que sabe que uno puede caerse, pero que de eso solo se puede aprender y levantarse, pues es la única manera en la que se puede alcanzar el éxito. A pesar de todo, Thiem se convirtió ayer en el primer jugador nacido en los 90´ en ganar un torneo grande.  El “líder” de la Next Gen llegó para quedarse y comenzar a escribir su propia historia junto a la de los más grandes; esos mismos con los que ha tenido la oportunidad de jugar y perder primero, pero que ahora le toca relevar y asumir un papel que solo alguien con una mentalidad tan fuerte como la de él es capaz de cumplir. 

 

Al Bello/Getty Images/AFP

 

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Fuentes: Mundo Deportivo, Marca

 

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Yolanda Aguilar

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