jueves, 6 junio, 2019
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La suave noche de verano empezaba a caer ya sobre Goteborg. Allí, los jugadores de Dinamarca acababan de hacer historia al derrotar a la vigente campeona del mundo, Alemania, en la final de la Eurocopa de 1992. El país de Hans Christian Andersen, el célebre escritor de cuentos, se convertía en uno de los más grandes “matagigantes” de la historia, aunque a una de sus grandes figuras le dejara un sabor extraño.

“Seguramente más de uno me tomará por loco, pero no sentí nada. Fue el vacío absoluto”, recuerda Peter Schmeichel, portero danés fundamental a la hora de detener los ataques alemanes. Sin embargo, Schmeichel no fue el único al que le costó asimilar la victoria.

Al fin y al cabo, fue una sorpresa mayúscula, ya que los escandinavos partían como la cenicienta del torneo, en el que se colaron en el último minuto. Terminaron segundos en la fase de clasificación, un punto por detrás de Yugoslavia, que quince días antes del inicio del campeonato fue apartada de la cita por la FIFA, en respuesta a las sanciones impuestas por la ONU al estallar la guerra en los Balcanes.Dinamarca había finalizado en el segundo lugar del Grupo 4, solo un punto por debajo de Yugoslavia. Como en aquel momento solo se clasificaba un país por zona (más el local de la Euro) los daneses, de no haber sido por la guerra, hubieran visto el certamen desde sus casas.

 

 

El comienzo de todo

La Eurocopa de 1992 se jugó en Suecia bajo el antiguo formato. La disputaban sólo ocho selecciones y siete de ellos debían luchar por un lugar en una reñida eliminatoria previa, ya que el país anfitrión estaba clasificado por derecho. Así fue como Alemania, Inglaterra, Escocia, Francia, el campeón Holanda, la Comunidad de Estados Independientes (ropaje jurídico de la implosionada Unión Soviética en el ámbito internacional) y una genial Yugoslavia se aprestaban para dar inicio a la competencia. Sin embargo, un puñado de días antes del arranque de la Eurocopa estalló la Guerra de los Balcanes. Croatas, bosnios, serbios y albaneses decidieron redimir sus conflictos políticos, económicos y culturales mediante la lucha armada y la Yugoslavia de Boban, Savicevic, Jarni, Stojkovic y Suker fue excluida por la FIFA.

A falta de un participante, Dinamarca fue invitada a formar parte de la Eurocopa por haber finalizado en la segunda colocación durante la fase clasificatoria. Los jugadores se enteraron de la noticia mientras el equipo de Richard Moller Nielsen preparaba un amistoso previsto para el 3 de junio ante la CEI (la selección de la extinta URSS), en su puesta a punto para la Eurocopa.

Durante el almuerzo empezó el rumor en el plantel de que iban a expulsar a Yugoslavia. Durante la segunda sesión ya se había confirmado la noticia. Echando la vista atrás, quizás la falta de rodaje les terminó por jugar a su favor.

 

 

Pocas expectativas, muchas ganas

Schmeichel, que por aquel entonces tenía 28 años, recuerda las palabras de Moller Nielsen justo antes del debut de Dinamarca: la orden no era “salir y ganar” sino más bien “salir y no hacer el ridículo”. No era el discurso de motivación más hollywoodiense, pero ese equipo fue precisamente el que se salió del guión.

Lo cierto es que las expectativas de los daneses eran nulas, sus figuras no le llegaban ni a los talones a los franceses, ingleses y suecos con los que compartirían el grupo en la Euro y, para colmo de males, Michael Laudrup, la principal esperanza de la Dinamita Roja, se había quedado al margen de su selección por diferencias con el entrenador Moller Nielsen. De esta manera, y convocando de apuro a jugadores que incluso ya estaban de vacaciones, Dinamarca llegó a Malmo para debutar contra Inglaterra y obtener, contra todos los pronósticos, un auspicioso empate 0-0.

El segundo partido terminó en derrota 1-0 contra los anfitriones suecos, un resultado que invitó a un comentarista de la televisión danesa a decir que: “Dinamarca estaba fuera”, ya que afrontaría el último encuentro ante Francia como colista del grupo.

Ellos sabían que sería complicado ganarle a la selección gala dado su favoritismo, ya que contaban con el mejor equipo. Sin embargo, también sabían que si ganaban estarían en las semifinales y, al final, jugaron uno de sus mejores partidos. Dinamarca se adelantó a los ocho minutos gracias a Henrik Larsen, pero Jean-Pierre Papin consiguió empatar. La providencial entrada de Lars Elstrup dos minutos después se reveló como la auténtica jugada maestra de Moller Nielsen. A 12 minutos del final, anotó el gol de la victoria.

Schmeichel mostró también su mejor cara en los últimos suspiros del torneo, a pocos pasos de la gloria. La semifinal contra la vigente campeona, Holanda, terminó con un apasionante 2-2, en el que Larsen adelantó dos veces a Dinamarca y los holandeses respondieron empatando cada vez. Hizo falta la tanda de penaltis para decidir el ganador. Allí, el papel del portero del Manchester United fue decisivo, cuando se lanzó a su izquierda para detener el disparo de Marco Van Basten.

 

https://www.youtube.com/watch?v=20JbhKcbUcM

 

El Tomate Mecánico alcanza la gloria

El estadio Ullevi de Goteburg albergó, el 26 de junio de 1992, una de las finales más recordadas de la Eurocopa. De un lado el aceitado equipo de Berti Vogts, campeón del mundo de la mano de Illgner, Brehme, Sammer, Riedle y Klinsmann y del otro el invitado de piedra que había llegado hasta el último partido luego de haber entrado por la ventana. Larsen era la figura a fuerza de goles y Brian, el “menos bueno” de los Laudrup, intentaba llevar adelante lo más dignamente posible el nombre de la dinastía.

El partido no dejó lugar a dudas ni suspenso: con un fútbol simple y eficaz, y con la humildad como principal recurso, Dinamarca avasalló a su rival y le asestó un monólogo digno de campeón. Jensen cerca de los veinte minutos abrió el marcador y a los ochenta Vilfort bajó la persiana con un golazo. Un 2-0 de manual para dar la enésima sorpresa. Schmeichel se reservó su mejor repertorio para la final y antes del descansó protagonizó una gran parada tras el potente disparo del alemán Jürgen Klinsmann. Ese paradón permitió a los daneses conservar la ventaja obtenida.

 

https://www.youtube.com/watch?v=SxQmjYlCzaE

 

El árbitro Bruno Galler marcó el final para admiración de todos. El “Tomate Mecánico” alzó la Eurocopa mejor lograda de la historia, demostrando que los cuentos de hadas a veces se cumplen y que la leyenda de David contra Goliat en verdad existe. Una historia fantástica y que demuestra uno de los mejores aspectos (o más disfrutados) del deporte: el triunfo de los chicos.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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