sábado, 16 octubre, 2021
Banner Top

Por Sergio Nápoli

 

El 21 de enero de 1962 el estadio Haile Selassie de Addis Abeba, Etiopía, era un hervidero y los 25.000 espectadores presentes estaban al borde del colapso. Solo quedaban cinco minutos para que terminara la final de la tercera Copa Africana de Naciones y el equipo local perdía 2 a 1 ante Egipto (en esa época, la República Árabe Unida), el campeón de las dos ediciones anteriores del torneo. La ilusión de romper la hegemonía de los poderosos faraones se desvanecía. Sin embargo, Getachew Wolde desborda a la defensa egipcia y envía un centro atrás para que el capitán de la selección etíope anote el empate, lleve el partido a tiempo suplementario y desate la locura de todos los presentes. El autor del gol es un nacido en Asmara (Eritrea), cuyo nombre llama la atención a propios y extraños, Luciano Vassallo.

Con el empate, el partido se va a la prórroga. Corre el minuto 101 y luego de un error de la defensa visitante, Etiopía se pone en ventaja. El autor del gol será otro Vassallo, de nombre Italo y hermano de Luciano. Ya no habrá vuelta atrás, los locales se hacen dueños del partido e incluso marcarán un gol más, para alzarse con el triunfo por 4-2 y obtener por primera, y única vez, el título más importante del continente, a nivel selecciones.

Pero, ¿quiénes eran esos dos jugadores con apellido italiano que desempeñaron un rol fundamental en este trascendental logro?

La presencia colonial italiana en el cuerno de África

Para conocer y entender la historia de los Vassallo es necesario remontarse a 1885. Ese año los ingleses, cansados de invertir dinero en el puerto de Massawa, y no obtener ningún rédito económico o geopolítico por ello, decidieron ceder esa posesión en el Mar Rojo a Italia, que de esa forma ponía un pie en el cuerno de África. Poco tiempo después, los italianos comenzarían a extender su dominio en una zona que los etíopes siempre reclamaron como propia. Así, en 1889, se proclama el nacimiento de la colonia de Eritrea (nombre que se origina en la denominación que los romanos daban al mar Rojo, Mare Erythraeum).

La presencia de los italianos en la zona nunca fue bien vista por los etíopes, que sabían que su territorio era también objeto de deseo de los mediterráneos. En 1934, con la excusa de un incidente ocurrido en los confines de Somalia y Etiopía, el gobierno de Mussolini declara la guerra al Emperador Haile Selassie. El Duce inicia así la campaña colonial fascista, para lo que estacionará tropas en Asmara, Eritrea.

Justamente a Asmara llegará Vittorio Vassallo, un bersagliere de la Toscana, quien al poco tiempo de establecerse entabla una relación amorosa con Mebrak, una mujer local. En 1935 nacerá el primer hijo de la pareja, Luciano y 5 años más tarde, será el turno de Italo.

Sin embargo, Vittorio seguirá su camino con el ejército italiano, abandonando a la mujer y sus hijos. Los hermanos crecerán en Asmara, criados por su madre y en la extrema pobreza. Su infancia no será nada fácil, ya que Eritrea era una de las colonias más segregacionistas de África gracias a las leyes raciales de Mussolini que no sólo preveían una separación por color en el transporte, los barrios, las veredas y las escuelas, sino que prohibían las relaciones conyugales entre italianos y locales. Además, desde 1940, se estableció que los hijos mestizos no podían ser reconocidos por su padre italiano.

En esas duras condiciones, Italo y Luciano serían, día a día, víctimas de discriminación por su color de piel y su origen. Los malos tratos no sólo se los darían los europeos sino también la población local que veían en ellos (y en todos los mestizos) la marca del invasor colonial. Para ambas comunidades eran bastardos, “hijos de la culpa”. La humillación y el agravio seguirían incluso hasta en la propia escuela. Luciano, cansado de burlas y agresiones, la dejará en el tercer grado. Si bien es cierto que tampoco podía seguir mucho más lejos ya que las leyes italianas impedían a los eritreos seguir más allá del cuarto grado.

Cuando el destino parecía depararles solo privaciones, los hermanos encontrarían la salvación en el fútbol, que jugaban diariamente en las calles de Asmara. A los 15 años, Luciano ya se mostraba como un habilidoso centrocampista en las filas del Stella Asmarina. En esa época, los equipos en la ciudad se conformaban sobre la base étnica de sus jugadores. El Stella era el equipo de mestizos y las propias autoridades locales se encargarían de recordarlo en los años ´50, cuando dispusieron que la camiseta del club sería negra con finas rayas blancas, para que no quedaran dudas del origen de sus integrantes.

También puedes leer:   90 de los 90: Haile Gebrselassie, el hombre que se sentía vivo al correr

Dos años después, Luciano comienza a trabajar de mecánico en los ferrocarriles y pasa a jugar en el Ferrovieri Asmara, un equipo de origen italiano, en el que militaría en los años 1952 y 1953. Sin embargo, mientras el mayor de los hermanos Vassallo comenzaba a destacarse en el fútbol local, Eritrea experimentaba importantes cambios políticos.

En 1952, luego de ejercer una fuerte presión internacional, Etiopía logra que la ONU apruebe la creación de la federación Etíope-Eritrea. Si bien ambos países tendrían iguales derechos y status, el predominio etíope era evidente. En realidad, se trató casi de una anexión que dejaba una mínima autonomía a los eritreos. Ello se plasmaría con el correr de los años ya que, poco a poco, el emperador Haile Selassie se hace del control de la política internacional y los principales asuntos de la federación, elimina la bandera eritrea y, finalmente, en 1962, logra que, bajo presión, la asamblea eritrea vote por ser incorporada a Etiopía.

Una de las consecuencias de esta nueva situación política sería la eliminación de la liga eritrea de fútbol, en 1953. Como consecuencia de ello, los equipos que militaban en ese torneo son obligados a inscribirse en el campeonato etíope. Con esta medida, los jugadores eritreos son elegibles para formar parte de la selección etíope. Ese año, Luciano es convocado por primera vez para integrar el equipo nacional. También deja el Stella Asmarina para sumarse a otro equipo ítalo-eritreo, el S.G. Gaggiret, en el que jugaría hasta 1959.

Mientras tanto, Italo debuta en la liga etíope vistiendo los colores del Hamasien de Asmara. Este equipo, integrado por eritreos, fue el primero en ser admitido en la liga italiana de Eritrea, en 1944, y aquel con el que todos los locales se identificaban. Con el Hamasien, el menor de los Vassallo se consagraría campeón de Etiopía en 1957. En 1960 los hermanos se encuentran en el Cotton F.C., equipo de una empresa relacionada con el algodón, ubicado en la ciudad de Dire Daua, Etiopía. Ambos ya tenían status de ciudadanos etíopes y eran habitualmente convocados para integrar la selección nacional.

 

La Copa Africana de Naciones y las necesidades del emperador

A principios de los años ´60 el emperador Haile Selassie, que ejercía el poder de forma autoritaria y rodeado de una corte corrupta y despreciada por el pueblo, necesitaba aumentar la popularidad de sus súbditos. Como muchos otros líderes mundiales que lo precedieron o sucedieron, advirtió que el futbol podía ser un buen camino para lograr ese objetivo. Por ello, postuló y consiguió que Etiopía fuera designada como sede de la tercera edición de la Copa Africana de Naciones.

No había dudas que, para incrementar el apoyo al mandatario, era necesario que el título quedara en casa. Sin embargo, la preparación del combinado local para el torneo estuvo lejos de ser tranquila, por las tensiones raciales y el nacionalismo que existía en el país. Por ejemplo, luego de un entrenamiento, Luciano Vassallo se tomó a golpes de puños con un compañero que lo llamó mestizo.

Además, las autoridades etíopes intentaron cambiarle la cara al equipo, en el que nueve de los once titulares eran eritreos. Primero, la federación de fútbol trató de africanizar el apellido de los Vassallo. Luciano los mandó al diablo.

Luego, el entrenador de la selección, el yugoslavo Slavko Milošević, fue intimado para que no nombrara capitán al mayor de los Vassallo, que era el jugador con más presencias en la escuadra nacional. Era claro que temían que un mestizo fuera el que recibiera la copa de las manos del mismísimo emperador. Sin embargo, los compañeros del Luciano, encabezados por Menghistu Worku, uno de los pocos etíopes de nacimiento en la selección, se rebelaron, y lograron mantenerlo en el puesto. Muchos años después, Luciano contaría que el mánager (y co-entrenador) del equipo nacional, Yidnekatchew Tessame, odiaba a los eritreos e intentaba excluirlos del equipo.

Pese a todos los maltratos sufridos, el delantero y capitán del seleccionado demostraría su valor y clase en la fase final del torneo continental de 1962, pues marcaría dos goles en el triunfo ante Túnez, por 4-2 en las semifinales, además de la anotación clave en la final.

También puedes leer:   Koita, el arco maliense bien cubierto

Luego del triunfo consagratorio Luciano, frente a una multitud, recibió la copa de las manos de Haile Selassie. Además, se consolidó como la estrella de la selección etíope y, según sostenía la opinión pública, era el favorito del emperador, aunque los opositores sostenían que esa versión sólo tenía por objeto calmar a la población mestiza que no comulgaba con el régimen vigente.

Con el equipo nacional, el mayor de los Vasallo participó en las Copa Africana de Naciones de 1963, 1965 y 1968 y en eliminatorias para los mundiales de la FIFA. Si bien las Walias no obtuvieron buenos resultados en esos torneos, el capitán siempre tuvo actuaciones destacadas. Ese rendimiento lo llevaría a ser elegido por la Confederación Africana de Fútbol, en el año 2016, como uno de los mejores 50 jugadores de la historia del fútbol africano.

El paso por la selección de Italo no sería tan fulgurante, sin embargo, no solo formó parte del equipo campeón del ´62, sino que jugó en el combinado nacional hasta 1971.

 

El pasado persigue a los hermanos

A nivel clubes, los Vassallo tuvieron un destacado paso por el Cotton F.C., con el que se alzaron con los campeonatos de primera división de Etiopía en los años 1960, 1962, 1963 y 1965. Sin embargo, la condición de mestizos seguiría pesando para las autoridades del futbol local, que presionarían al club para lograr que desistiera de los servicios de ambos jugadores. Cansado del hostigamiento, Italo dejó la actividad en 1973. Luciano haría un último intento en el poderoso y popular St. George, de Addis Abeba. Sin embargo, su paso por ese equipo sería efímero debido al permanente hostigamiento que sufría por parte de la hinchada del club, conocida por su nacionalismo y su antipatía por los italianos.

Finalmente, en 1974, Luciano se retira de la práctica activa del fútbol. Aún hoy ostenta el record de ser el jugador que más partidos con la selección etíope disputó (104) y el que más goles marcó para las Walias (99). Además, se daría el gusto de dirigir el equipo nacional en tres ocasiones.

Pero las penurias de los hermanos no terminarían. En 1974, el gobierno autocrático de Haile Selassie llegaría a su fin. La terrible hambruna en la región de Wollo, la escandalosa corrupción del gobierno y la asfixiante represión que ejercía sobre la población llevó al general Menguitsu Haile Mariam y un grupo de militares (conocido como el DERG) a detener al emperador y asumir el gobierno del país.

El DERG estableció un régimen marxista que intentó romper con el oscuro pasado imperial y buscar nuevos horizontes para la nación. En ese pasado estaban los Vasallo, en particular Luciano que no solo era conocido como el favorito del emperador sino que también era dueño de una concesionaria de automotores al que llevaban a reparar sus rodados los principales miembros del entorno imperial. Eso fue suficiente para señalarlo como colaboracionista del régimen derrocado y detenerlo.

En cautiverio fue sometido a duros interrogatorios y entregado a un capitán del ejército para que lo fusilara. El militar reconoció al capitán de la selección campeona de 1962 y, sin dudarlo, lo ayudó a huir del lugar de detención. Luciano, inmediatamente, ordenó a su esposa e hijos que dejaran el país. Él intentó continuar en tierra etíope. Sin embargo, en 1977 la situación era insostenible, con su negocio expropiado por las autoridades, sus propiedades demolidas como forma de escarmiento y ejemplo de lo que le ocurría a los colaboradores del emperador, Luciano decide abandonar Etiopía. En el periplo debió atravesar a pie las montañas del norte del país para llegar a Djibuti. En el puesto fronterizo fue detenido por los guardias etíopes. Sin embargo uno de ellos lo miró fijamente y le preguntó “¿Vos no sos Luciano?”. Se los presentó a los colegas y le franqueo el paso. Una vez más, el futbol le salvaba la vida y lo alejaba de la tragedia para la cual parecía estar marcado desde su nacimiento.

Cuatro días después de abandonar Etiopía voló a El Cairo, donde fue detenido por problemas de visa. Finalmente, y luego de muchas peripecias, logró llegar a Italia. Allí también paso un tiempo demorado por las autoridades hasta que finalmente consiguió el pasaporte italiano y se instala en Ostia.

No solo Luciano sufrió las consecuencias del cambio de régimen. El resto de los campeones del ´62 tampoco pudo disfrutar por demasiado tiempo el éxito deportivo pues el DERG consideraba a todo el equipo como imperialista, burgués y beneficiario del antiguo régimen. Los jugadores de la selección poco a poco desaparecieron de la vida pública y no pudieron seguir vinculados al futbol. Incluso, para borrar cualquier pasado italiano, en los registros locales se asignaban los 4 goles de la final a Menghistu Worku y se eliminó de los registros cualquier mención o referencia a los logros obtenidos por los Vassallo con la selección. Por ejemplo, el premio al Mejor Jugador Africano del Año recibido por Luciano en 1968.

También puedes leer:   Opeka, el guía inesperado

La suerte de Italo no sería mucho mejor que la de su hermano, ya que si bien siguió viviendo en Etiopia bajo el régimen del DERG, debió escapar de sus sucesores, el Frente Democrático Revolucionario Popular de Etiopía, que se hizo con el poder en el país en 1991. En 1998, estalló la guerra Etiope-Eritrea y la junta a cargo del gobierno le quitó a Italo la ciudadanía etíope y lo obligó a abandonar el país, como a muchos otros etíopes de origen eritreo. Ya asentado en Asmara, abriría un restaurant y denunciaría al gobierno de Meles Zenawi por haber realizado una campaña de limpieza étnica contra los etíopes de origen eritreo.

La denuncia no carecía de fundamentos, si se toma en cuenta las expulsiones dispuestas por el régimen y la agresiva política revisionista que encaró el Frente Democrático al asumir el gobierno. A partir de una reescritura caprichosa y tendenciosa de la historia etíope, entre otras medidas, se ordenó borrar de los registros los logros destacados de los eritreos en Etiopía e incluso de aquellos deportistas identificados con el DERG (como ocurrió con el maratonista Miruts Yifter, doble oro olímpico, que debió huir a Canadá).

A partir de un férreo control gubernamental de los medios de comunicación y de la industria editorial, fue desapareciendo de las publicaciones toda mención a eventos históricos y personas que las autoridades entendieran que no cuadraban con la identidad del Frente.

Así, a partir de 1991, la Federación Etíope de Futbol evitó organizar cualquier evento que recordara el momento más importante de su historia, la victoria en la Copa de 1962, porque la mayoría de los jugadores eran eritreos. Incluso en la casaca de la selección no se agregó la estrella que conmemora ese triunfo –el único de la selección local en su historia-, como sí lo hacen otros equipos africanos. Además, cuando en la prensa se recordaba el triunfo del ´62, los nombres de aquellos que lo lograron no eran mencionados. De esta forma, se buscaba borrarlos de la memoria colectiva. La cancelación llegó a tal nivel que los integrantes de ese histórico equipo eran desconocidos para las propias autoridades de los órganos que regían el fútbol en el país. Por ejemplo, en una ocasión el ex presidente de la Federación Etíope de Fútbol, Juneidi Basha, subió una foto de Luciano Vasallo a su cuenta de Twitter y lo confundió con Mengitsu Worku.

Como consecuencia de ese proceso de cancelación, hoy en Etiopía Luciano e Italo Vasallo son casi desconocidos para el público en general. Incluso, hasta 2018, sus nombres no aparecían mencionados en la web oficial de la Federación Etíope de Futbol.

Triste, solitario y final

Hace unos pocos meses, el 30 de julio de 2021, falleció Italo, Su muerte apenas fue mencionada en la prensa italiana, etíope o eritrea. Luciano, por su parte, vive humildemente en Ostia, alejado del mundo del futbol y aun recordando con dolor el trato sufrido en el país al que dio uno de sus triunfos deportivos más importantes.

Los hermanos jamás obtuvieron el reconocimiento merecido entre sus connacionales. Como señalara el periodista francés, Phillipe Brunel, los Vassallo fueron extranjeros en su propia patria. Desde niños debieron cargar con las culpas de un pasado imperial italiano del que eran totalmente ajenos y, ya de adultos, fueron chivos expiatorios de los vaivenes políticos de la convulsionada historia contemporánea del cuerno de África. Etiopía, el desprecio y la segregación marcaron su vida. A pesar de ello, siempre enfrentaron con coraje a la adversidad e hicieron del fútbol un instrumento de lucha y resistencia contra las injusticias que los persiguieron desde el momento mismo de su nacimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Visited 72 times, 72 visits today)
Tags: , , , ,

Related Article

The BreakerLetter

Archivos

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Mis Marcadores