viernes, 26 febrero, 2021
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El fútbol americano es uno de los deportes más exigentes del mundo si tenemos en cuenta las duras rutinas de entrenamiento, los cuidados físicos y mentales, las dietas que siguen sus jugadores y los viajes que realizan durante 16 semanas seguidas, que pueden extenderse dependiendo de la llegada o no a la postemporada. El béisbol, por su parte, tiene el aliciente de que cada equipo juega 162 partidos a lo largo de la temporada regular, sumados a las dos rondas de postemporada y la Serie Mundial que adicionan, como mínimo, 11 juegos más.

Ahora imagínense practicar ambos deportes en simultáneo, de forma profesional y llegar a disputar el Super Bowl y la Serie Mundial. Esa es la historia de Deion Sanders, el único que jugó por el campeonato de ambas disciplinas y el último en desempeñarse en la NFL y la MLB al mismo tiempo.

La polivalencia que lo caracterizó a lo largo de su carrera estuvo marcada desde que era un simple chico. En la escuela secundaria de North Fort Myers ya destacaba a nivel estatal en fútbol americano, béisbol y básquet y, tras varios años, fue elegido como uno de los mejores jugadores de fútbol americano que había pasado por el colegio. Tal era la atención que había llamado a tan temprana edad que en 1985 los Kansas City Royals lo eligieron en la sexta ronda del Draft de la MLB con la elección número 149 aunque, eventualmente, Sanders no firmaría ningún contrato con la franquicia de la American League para mantener su elegibilidad universitaria y poder ser parte de los torneos de la NCAA, el ente deportivo colegial en Estados Unidos.

Decidió seguir en su ciudad natal y aceptó una beca deportiva de Florida State, Universidad a la que representó en fútbol americano, béisbol y atletismo sin ninguna excusa. El ejemplo que mejor explica su responsabilidad tuvo lugar el 16 de mayo de 1987 cuando disputó las semifinales de la Conferencia Metro de béisbol, la semifinal de la posta de 4×100 y la final del torneo de béisbol de forma consecutiva. Ambos campeonatos se decidían el mismo día en Columbia y en ambos se retiró victorioso, no pudiendo participar de la final de relevos por el cansancio físico que acumulaba tras dos partidos en el diamante y una serie en la pista olímpica. En el fútbol americano, el anillo de campeón iba a tener que esperar dos años más. En su año senior (su último año como miembro del equipo), Florida llegó a disputar el Sugar Bowl y se impuso a Auburn por 13 a 7 con una intercepción de Sanders en la última jugada del partido.

Todo iba bien para el buen Deion, pero con el fin de su beca deportiva en 1989 llegaba el momento de tomar la decisión definitiva: ¿a qué deporte se iba a dedicar de manera profesional? Ni en ese momento ni en entrevistas posteriores contó cuáles fueron sus pensamientos en aquel entonces, pero lo cierto es que fue elegido en los Drafts de la MLB y de la NFL respectivamente. En 1988 los New York Yankees lo eligieron en la 30° ronda, mientras que en 1989 los Atlanta Falcons lo seleccionaron en el 5° lugar general.

Su debut en ambas ligas se terminaría dando el mismo año, ya que durante su temporada de novato con los Yankees solo vio acción en las ligas menores de AA y AAA. En 1989 recién pudo ser parte de un juego de la MLB con la franquicia neoyorquina aunque, con el correr de la temporada, la distancia entre las sedes de sus dos equipos se hizo sentir. Entre el Yankee Stadium y el actual Mercedes Benz Arena hay 1.400 kilómetros de distancia que, pese a que los calendarios no se superponían durante la totalidad del año, hacían difícil la coordinación simultánea para Sanders.

Esta fue una de las principales causas por las que en 1991 le exigió a los Yankees un salario extremadamente alto para las actuaciones que había tenido en sus dos años junto a la franquicia, que terminó por cimentar su salida del equipo. Fue puesto en la lista de waivers y los Braves de Atlanta capitalizaron la situación y se hicieron con los servicios de quien se desempeñaba como jardinero dentro del diamante. Esto lo convirtió en el primer jugador de toda la historia en jugar para dos franquicias de una misma ciudad: Atlanta Braves y Atlanta Falcons.

Al igual que en su carrera universitaria, el “éxito” iba a llegar primero en el béisbol. ¿Por qué entre comillas? Porque la llegada a los Braves vino acompañada de un incremento en sus estadísticas que le permitió al equipo acceder a la postemporada y, eventualmente, a la Serie Mundial de 1992. Allí Sanders brilló y dio una de las performances individuales más recordadas de la historia de la Serie con .533 de bateo, que no fue suficiente para conquistar el anillo de campeón ante los Toronto Blue Jays, que se terminaron imponiendo en seis juegos.

 

Jim Gund/Getty Images

 

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Esa fue la cresta de su carrera beisbolística. Nunca volvió a llegar a números remotamente cercanos a los de esa Serie Mundial, que de por sí eran astronómicos para los mejores jugadores del momento. Esto inclinó la balanza a favor del fútbol americano, en el cual era deportivamente más consistente; en 1992 lideró la NFL en yardas por retorno y, luego de su partida de Atlanta, se encontraba en un equipo conformado por las piezas justas como para pelear por cosas importantes.

Los San Francisco 49ers de los ´90 fueron una de las últimas dinastías de este deporte y en 1994 se hicieron con los servicios de Sanders con un contrato de un año. Fue más que suficiente: le alcanzó para llegar al Super Bowl y vencer a los Chargers, que en ese momento estaban en San Diego, por 49 a 26 con una intercepción en su propia zona de anotación en la que fue la mejor temporada de su carrera. Ganó el premio al Jugador Defensivo del Año y se convirtió en el primer deportista de la historia en jugar la Serie Mundial y el Super Bowl. Muy pocos se imaginaron que ese iba a ser el último título de la franquicia de San Francisco hasta el momento.

 

 

Al año siguiente se convirtió en el jugador defensivo mejor pago de la liga al firmar un contrato por 35 millones de dólares con los Dallas Cowboys, equipo que venía de ser campeón en 1993 y 1994 y al que Sanders ayudaría a volver a la cima. No tuvo acción hasta la novena semana de la temporada por un problema en una de sus rodillas pero, una vez que entró en ritmo, fue imparable en la defensiva de los Cowboys, al punto que el primer touchdown del Super Bowl XXX nació de una intercepción suya. Fue el primero de los que le anotarían a Pittsburgh para terminar imponiéndose 27 a 17 y conquistar el quinto título de la franquicia y el segundo en su cuenta personal de forma consecutiva.

El legado ya estaba cimentado: una final sin anillo en la Serie Mundial y dos trofeos en dos apariciones en el Super Bowl. Atrás quedaba la historia de Tom Brown como el único jugador en ganar el Super Bowl mientras jugaba al béisbol y al fútbol americano simultáneamente, ya que éste nunca había llegado a disputar la Serie Mundial. Incluso la leyenda de Bo Jackson se veía, en cierto modo, minimizada porque, pese a haber sido un buen jugador en ambas disciplinas, nunca había accedido a una instancia definitoria. La historia y las estadísticas se iban a encargar de recordarle a los aficionados que el único en aparecer en la instancia más importante del béisbol y del fútbol americano fue, es y sigue siendo Deion Sanders.

 

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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